Análisis/Turismo en Colombia: luces y sombras

Hay consenso entre los analistas en el sentido de que el país tiene más atractivos con potencial turístico que los que efectivamente aprovecha.

Redacción Portafolio
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octubre 14 de 2013
2013-10-14 06:00 p.m.

La encuesta de Gasto en Turismo Interno (EGIT) que el Dane acaba de publicar revela tendencias que motivarán un análisis de los agentes del sector, brinda un valioso material para estudio académico, y podrá incidir en estrategias empresariales y en la reorientación de las políticas públicas.

Al comparar estos resultados con los que aportó el trabajo ‘Análisis del comportamiento de la demanda turística urbana en Colombia’, publicado por Rosa Cerda y Manuel Leguizamón en la revista 'Sciences Research Network' en el 2003, se encuentra que el porcentaje de hogares colombianos que se desplazaba en territorio nacional por turismo era inferior al 25 por ciento, mientras en el 2013 la medición lo estimó en 26,4 por ciento, lo cual permite concluir que la demanda turística interna no ha crecido en proporción con la oferta en la última década.

Según la proyección del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el número de nuevas unidades habitacionales se proyecta en 22 mil para el 2014, debido a los incentivos para inversión y renovación hotelera con exenciones tributarias establecidas en la Ley 788, y ello puede plantear un desfase entre la oferta y la demanda.

En relación con la estadía media durante los viajes, hace una década la pernoctación promedia era cercana a las 9 noches, y ahora se ha reducido a 4,4; tampoco se evidencia un aumento significativo en el número de viajes al año, que estaba en el 2003 en un promedio levemente superior a un viaje anual.

En lo que hace referencia al gasto promedio per cápita por viaje, hace una década era de 183,5 dólares, en tanto que el reciente estudio del Dane lo estima en 133,4 dólares, con una clara disminución.

En lo atinente a los destinos preferidos, los viajeros nacionales muestran una marcada preferencia por las ciudades capitales como Bogotá y Medellín, por encima de los destinos de sol y playa, y, por ejemplo, Bogotá, que era preferida en el 2003 por el 8,8 por ciento de los viajeros, hoy recibe al 18,9 por ciento.

Es posible pensar que este aumento en la preferencia por las áreas metropolitanas sea explicado por la celebración de megaeventos, el turismo de negocios y la mejor conectividad que ofrecen las capitales.

Al mismo tiempo, se observa un aumento de los viajeros colombianos a destinos internacionales. Este turismo en el 2013 supera el 5 por ciento, advirtiendo que si en el 2003 la tasa de cambio estaba en 2.808 pesos, resulta probable que la revaluación, unida a las mejores facilidades migratorias, explique dicha tendencia.

 

ASÍ SE MUEVEN

Respecto a la estructura del consumo turístico, el transporte tenía en el 2003 un mayor peso, y aunque en la actualidad sigue siendo importante, es inferior al de hace una década.

En el último decenio se ha consolidado la preferencia de los turistas por el uso del avión (10 por ciento) y el ascenso en el uso del automóvil particular (47,2 por ciento), ambas tendencias explicables por la aparición de aerolíneas de bajo costo, en el primer caso, y por el ascenso social que ha aumentado el acceso al carro particular.

Lo preocupante es que lo que ha ocurrido es un desplazamiento de la demanda, con lo cual han perdido las empresas de transporte terrestre y no ha habido un incremento sustancial del total de viajeros.

Si se analiza el tipo de alojamiento turístico, el uso de vivienda de amigos o familiares ocupa el primer lugar de la demanda interna, con el 65,1 por ciento, y como han mostrado otros estudios, los ejecutivos y funcionarios se alojan en hoteles cuando realizan un viaje de trabajo, aunque optan por alojamiento informal en viajes de descanso.

Por último, solamente el 2,8 por ciento de los hogares colombianos viaja usando paquete de servicios, lo cual constituye un reto para los operadores si aspiran a aumentar la oferta integrada con todos los componentes, y más grave resulta el hecho de que el 36 por ciento argumentó razones económicas para no viajar, y el 17 por ciento declaró al Dane no tener interés en los viajes.

Hay, pues, grandes retos para mejorar el disfrute del turismo para la mayor parte de la población que aún no lo hace, pero para ello no será suficiente observar pasivamente el desarrollo espontáneo de las tendencias mencionadas.

Hay consenso entre los analistas en el sentido de que el país tiene más atractivos con potencial turístico que los que efectivamente aprovecha, y en el caso de avistamiento de aves y turismo ecológico, pareciera haber más interés de los extranjeros que de los propios nacionales por su práctica.

Es reconocida la necesidad de superar el rezago en infraestructura para recibir y atender a los cuatro millones de turistas, que es la meta establecida por el Gobierno Nacional.

Fue tardía e insuficiente la remodelación del aeropuerto El Dorado –el Sistema de Transporte Público Integrado no llega hasta allí, ni está prevista esta conexión hasta el momento– y faltan mayores ofertas en turismo social para sectores de bajo ingreso, y hay perspectivas de trabajo en ese sentido.

Cabe reconocer que el mejoramiento de las condiciones de seguridad ha creado un espacio para nuevas iniciativas de desarrollo turístico, las cuales deberán proponerse respetando el medio ambiente, preservando el patrimonio histórico y en consulta con las comunidades locales.
Beethoven Herrera Valencia*

Profesor de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras U. Externado

*En colaboración con Manuel Leguizamón, profesor, Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras, U. Externado.

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