Análisis/Unasur y el reto de la desecuritización regional

Las dinámicas inherentes a una región en constante cambio reconocen un entorno complejo y divergente en materia de política exterior y seguridad. De ahí que Unasur deba sentar posiciones que denoten liderazgo y un norte claro sobre los temas de seguridad.

Redacción Portafolio
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mayo 23 de 2014
2014-05-23 02:27 a.m.

A lo largo de la historia, los organismos internacionales se han erigido como pilares fundamentales para el fortalecimiento de la estabilidad regional. Ejemplo de ello fue la creación de la Comunidad del Acero y el Carbón, impulsada luego de la segunda posguerra, y base primordial para la constitución de la Unión Europea. Esta organización fue concebida en su esencia primigenia como organismo de integración garante de paz, alrededor del tema económico y comercial.

En Suramérica, a diferencia de Europa, los conflictos bélicos han sido pocos. En el transcurso del siglo XX, cuatro guerras se produjeron en el contexto regional: la del Chaco, el conflicto colombo-peruano, el peruano-ecuatoriano y, la única que involucró a una potencia extracontinental, la guerra de las Malvinas. Las dos últimas se desarrollaron durante la Guerra Fría, periodo en el cual Estados Unidos como potencia hegemónica continental, alineaba irrestrictamente a los países de la región bajo su resorte político, económico y militar.

El escenario actual es muy distinto y diverso. Los proyectos políticos fluctúan entre las derechas tradicionales, estructuradas en consonancia con el neoliberalismo, como es el caso colombiano, hasta las izquierdas fundamentadas en el socialismo del siglo XXI, implementado por Venezuela, e irradiado a varios países de la región. Una tercería la ofrecen las denominadas ‘centro izquierdas’, que propugnan por un equilibrio del librecambismo capitalista con salvaguardas a la economía, conducente a garantizar la estabilidad económica. Este proyecto tiene su principal exponente en Brasil, a partir del Gobierno de ‘Lula’ da Silva.

Esa variada trilogía de ideologías y modelos de gobierno ha incidido en la seguridad regional. Los casos colombiano y venezolano son claro ejemplo, al optar por abrir las puertas a potencias extra regionales para su presencia militar, con lo cual se ha generado una mayor securitización del entorno. Es decir, alrededor de su política exterior, han construido estrategias encaminadas a concebir sus relaciones internacionales bajo la óptica del riesgo constante, a causa de acciones tanto endógenas como exógenas, que ponen en ‘emergencia’ o peligro la estabilidad económica, política y, por ende, social de América Latina.

En una región securitizada, es prioritaria la implementación de mecanismos desecuritizantes, es decir, una estrategia que revierta el proceso y garantice estabilidad y seguridad. Por ello Unasur, diseñada como un acuerdo de cooperación transversal, se constituye en una herramienta con la capacidad institucional, a través de su Consejo de Defensa Suramericano, para distensionar un ambiente caracterizado por fuertes divergencias. Así, la organización debe estar fortalecida con instrumentos político-jurídicos que le permitan ejercer los buenos oficios y la mediación como mecanismos fundamentales en la resolución de los conflictos.

No obstante, las dinámicas inherentes a una región en constante cambio reconocen un entorno complejo y divergente en materia de política exterior y seguridad. De ahí que Unasur deba sentar posiciones que denoten liderazgo y un norte claro sobre los temas de seguridad. En tal sentido, se pueden definir tres aspectos fundamentales para el futuro suramericano.

En primera instancia, está la sostenibilidad de las democracias, entendiendo con ello, no solo el ejercicio electoral, sino además el acceso y garantía a todas las libertades civiles conquistadas desde la Revolución Francesa y consagradas en la Constitución Política de Estados Unidos de 1787, referente de las democracias occidentales.

En segundo término, una postura cohesionada que rechace las intervenciones de potencias extra-regionales que ponen en riesgo la estabilidad suramericana. La vehemencia con la que se rechazó el acuerdo militar (2009) entre Colombia y Estados Unidos debe ser común denominador en situaciones homólogas. Paradójicamente, no se escucharon voces de protesta ante las maniobras conjuntas de Rusia y Venezuela en el 2008, que propiciaron el movimiento del buque nuclear ‘Pedro el Grande’, o el ilegal sobrevuelo de los bombarderos rusos Tupolev 160, que partieron desde Venezuela con destino a Nicaragua, en espacio aéreo colombiano.

Por último, la prioridad que representa para Suramérica el tema amazónico debe abordarse como un asunto regional y no solo del resorte de los ocho países que colindan la selva o de la Otca, como acuerdo de cooperación.

La internacionalización del Amazonas es un riesgo latente planteado en diversos escenarios. La importancia geopolítica y geoeconómica que reviste la zona es claramente comprendida por las potencias que observan en la internacionalización, el mecanismo para ‘compartir’ la riqueza material e inmaterial que sus suelos y subsuelos poseen.

Los tres aspectos se convierten en las variables que, en su conjunto, podrán acrecentar los niveles de securitización o desecuritización de Suramérica, por lo que requieren pronunciamientos urgentes de la Unasur.

Héctor Galeano
Miembro de Redintercol

 

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