Análisis/ No todo vale

El tema de cómo lograr la paz no solo está llevándonos a inquietudes con respecto a la seguridad, al futuro del país y al desempeño empresarial y social, sino que además está tocando aspectos como el manejo de los delitos y la exoneración de sanciones para los mayores delincuentes de este país.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
diciembre 23 de 2014
2014-12-23 09:04 p.m.

Estamos viviendo unos momentos realmente difíciles y confusos, se presentan contradicciones y dilemas que nos están llenando de interrogantes y de fuertes inquietudes.

No sobra repetir que todos estamos de acuerdo con la paz, qué más quisiéramos que tener un país en el cual no ocurran más atrocidades, como las que durante 50 años nos han traído las Farc, principalmente, además de los otros movimientos guerrilleros y paramilitares.

Qué mejor deseo para Navidad y esperanza para el 2015 que un país donde no hayan los horrendos secuestros, que han llegado a durar hasta 12 y 13 años y han sometido a muchas personas, especialmente a humildes soldados y policías, a torturas y tratos violatorios del derecho humanitario y de las condiciones mínimas de dignidad de un ser humano.

Un país donde los niños puedan estudiar, jugar y vivir, sin el riesgo de que sean reclutados desde los 11 años por una guerrilla despiadada, que dice representar al pueblo, pero lo esclaviza, ataca y mutila con minas antipersona.

Pero todo eso no puede alcanzarse a costa de pasar por encima de nuestros principios, de desconocer el respeto a las instituciones, de no dar el justo reconocimiento a nuestras fuerzas militares, de transar con delincuentes que violan sistemáticamente todos los derechos que hemos adquirido los colombianos a través del trabajo honesto de muchos años.

El tema de cómo lograr firmar un acuerdo de paz no solo está llevándonos a inquietudes con respecto a la seguridad, al futuro del país en su estabilidad política, jurídica y económica, a su desarrollo y desempeño empresarial y social, a la atracción de la inversión extranjera, sino que además está tocando aspectos tan delicados como el manejo de los delitos y la exoneración de sanciones para los mayores delincuentes de este país.

Si hechos tan graves como la mutilación de militares, civiles y especialmente niños, cuyas vidas han sido brutalmente arruinadas por las terribles minas antipersona, mediante actos tan demenciales como rodear una escuela rural con este tipo de minas, o rematar a un soldado de manera tan cruel e inhumana, como lo relataron dos soldados recientemente, u otros muchos asesinados de diferentes formas no ameritan ningún pronunciamiento, y, por el contrario, se sigue planteando la posibilidad de la exoneración de penas y el establecimiento del derecho de hacer política, por parte los responsables, no podemos menos que manifestar desconcierto y preocupación por los precedentes que se plantean hacia el futuro, para una juventud que tendrá la percepción de que el delito si paga, pues entre más grave sea este, el tratamiento será más benigno.

Ahora, también estamos enfrentando la propuesta de que el narcotráfico sea delito conexo con el delito político, violando normas, como el Estatuto de Roma sobre el delito de narcotráfico, sin considerar que en materia penal las normas favorables se aplican retroactivamente y nos podrían llevar a un verdadero caos jurídico frente a muchas condenas relacionadas con el apoyo del narcotráfico a actividades políticas desde la época de Pablo Escobar.

La paz SÍ, pero no a cualquier costo. Entramos a negociar con unas Farc muy debilitadas y por eso se habló de una negociación corta, de un año o un poco más, ya llevamos más de 3 años y seguimos sufriendo los mismos ataques, y aún mayores, pretenden imponernos sus condiciones y nos enrostran sus pronunciamientos cínicos, como decir que no han cometido delitos de lesa humanidad, o no reconocer a algunas de las víctimas, especialmente a militares como el general Mendieta o a Clara Rojas.

El país necesita el perdón y la reconciliación, pero no la impunidad, y menos la posibilidad de que nuestros dirigentes lleguen a ser quienes han dado los peores ejemplos y no tienen ninguna autoridad moral para legislar o gobernar.

María Sol Navia V.
Exministra de Trabajo
 

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