Análisis/ Vieja Europa vs. nueva Europa

Redacción Portafolio
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abril 04 de 2014
2014-04-04 03:21 a.m.

Esta expresión, desafortunada en el intento de Cheney de exigir total servilismo en la catastrófica aventura bélica en Irak, pretendiendo que en el apoyo a Estados Unidos de las nuevas democracias del este, está el destino de Europa y no en la tradición socialdemócrata de sus grandes democracias, resulta afortunada para describir las opciones que enfrenta en su prolongada crisis económica. En efecto, sus países pueden seguir tres vías en el esfuerzo por salir de esta, incrementando su competitividad a los niveles exigidos por la competencia global: la neoliberal (Reino Unido), la socialdemócrata responsable (Alemania), y la socialdemócrata obsoleta (Francia).

Una breve digresión sobre competitividad: omitiendo la tasa de cambio (y otros costos como los financieros, prohibitivitos en nuestros países), esta depende de la dinámica de los costos laborales vs. la dinámica de la productividad; de que el crecimiento de esta última en relación con los salarios, permita mantener un margen de ganancia a ser reinvertido en la acumulación de capacidades a la raíz de la competitividad: salarios altos/crecientes no erosionan la competitividad, siempre y cuando la gestión de la acumulación de capacidades tecnoproductivas genere un crecimiento de la productividad que los compense.

Concretamente, en Europa vemos en productividad cuatro clubes: alta (Francia, Irlanda, Italia, Alemania), media alta (Holanda, Suecia, Reino Unido), media baja (España, Grecia) y baja (nueva Europa de Cheney). Y en materia de salarios, los clubes son: Alemania, Francia y Suecia, altos; Reino Unido e Italia, medios altos; España, medio bajo, y Grecia y nueva Europa de Cheney, bajos.

Observamos una correlación importante entre productividad y salarios, y unas cifras que muestran que, contra la sermoneadera de los neoliberales británicos en el continente, la productividad de Francia e Italia es bastante más alta que la del Reino Unido. Tenemos, pues, que introducir una consideración adicional a la dinámica relativa de los salarios y la productividad.

El enorme esfuerzo hecho por Hollande para convencer a los inversionistas americanos en su reciente visita a EE. UU. señala el problema. Claro que Francia tiene niveles de capital humano, tecnológico, institucional y organizacional que se manifiestan en sus altos niveles de productividad laboral. Pero esto ya no es suficiente en la era de la competencia global. Para verlo, introduzcamos dicha consideración adicional en la dinámica de la competitividad: los márgenes no solo deben ser suficientes para financiar la acumulación empresarial de capacidades, sino también para financiar otros costos como los financieros, además de impuestos que financian inversión en capital social/institucional y formas de salario social de bienestar. Por ello, de no reformar una economía como la francesa se hunde progresivamente en un nivel de deuda pública insostenible, tal como sucedió en Europa Mediterránea, enfrentando costos crecientes para refinanciar una deuda que es, cada vez, más riesgosa, lo que gravita sobre los márgenes del sector productivo.

El punto es que ya la competencia global genera una presión sobre los márgenes, que hacen insostenible financiar los niveles de salario social de bienestar de la socialdemocracia tradicional. De eso, los sindicalistas franceses no se han enterado (así como, entre nosotros, la aristocracia sindical del sector público nos decomisó al resto de los colombianos nuestros activos más valiosos por la vía de unos salarios de bienestar y unas prestaciones que requerirían productividades que tampoco gestionaban).

De esta manera, surgen dos tipos de nueva Europa (en contraste con la vieja tipificada por Francia): la neoliberal del Reino Unido, que ejemplifica la típica desindustrialización por enfermedad holandesa y el crecimiento excluyente basado en la ciudad y la burbuja inmobiliaria; y la socialdemócrata incluyente de Alemana, basada en el fortalecimiento de la competitividad por el esfuerzo de mantener un margen posibilitado por la producción diferenciada de calidad. Como lo planteé (16-8-12), la actual crisis fiscal del Estado de bienestar europeo muestra cómo, con excepción de Alemania, la socialdemocracia europea no se ajusta a las realidades de la competencia mundial.

La capacidad del sistema corporativista alemán (la cooperación, agenciada por el Estado, de un capital paciente y una fuerza de trabajo altamente cualificada hacia la competitividad tecnológica de la producción diferenciada de calidad) de generar una cooperación empresarios-trabajadores para moderar el crecimiento de los salarios a lo permitido por el crecimiento de la productividad, muestra la habilidad de las compensaciones institucionales de falla de mercado, características del capitalismo de mercados organizados para resolver problemas de coordinación cruciales para el crecimiento incluyente.

¿Y por que es tan pertinente esta discusión para Colombia? Porque estamos tomando la otra vía, la del Reino Unido, la excluyente, basada, como ellos, en exportación de hidrocarburos, solo que no tenemos un sector de servicios de sus niveles de competitividad.

Ricardo Chica

Director Centro de Estudios Asiáticos, U. Autónoma de Manizales.

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