Análisis/‘Vivir para crear, crear para vivir’

La cosa es simple: si queremos generar el crecimiento económico sostenido que se requiere para erradicar la pobreza, consolidar la paz y cerrarle las puertas a la ilegalidad, los colombianos tenemos que hacer una profunda transformación.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
noviembre 29 de 2013
2013-11-29 03:43 a.m.

Fragmento de la introducción del libro de Mauricio Reina y Amira Abultaif:

A mucha gente le gusta escudriñar las vidas de otros, pero eso es mucho más interesante si se trata de unos colombianos que han logrado sobresalir a punta de creatividad e ingenio. ¿Quién no querría saber, por ejemplo, cómo se desarrolló la capacidad analítica de Rodolfo Llinás, el científico más prestigioso del país? ¿O cómo empezó a cultivar su alquimia Leonor Espinosa, la chef que logró ubicar su restaurante entre los 100 más importantes del mundo?

¿Y qué tal descubrir los entretelones de la candidatura de la epidemióloga valluna Nubia Muñoz al Premio Nobel de Medicina, un logro tan desconocido para muchos como el nombre de su protagonista? ¿O la manera como Andrés Orozco Estrada pasó de ser un niñito que jugaba a dirigir una orquesta de muñecos en su casa en Medellín, a dirigir de verdad la legendaria Orquesta Filarmónica de Viena? Todas esas son vidas admirables, pero también llenas de obstáculos y dificultades como las de cualquier otro colombiano.

Y hay más. Por ejemplo, la vida de Simón Vélez, quien pasó de ser un estudiante rebelde, que echaron de varios colegios y casi no se puede graduar de la universidad, a convertirse en el arquitecto colombiano más reputado en el mundo por su trabajo con la guadua. O la de Vladimir Flórez, quien en su infancia en Armenia combinaba el oficio de vender periódicos con la asistencia a bibliotecas públicas para aprender de política y dibujo, mucho antes de convertirse en Vladdo, uno de los caricaturistas más importantes del país.

Y qué decir de la curiosidad que produce la vida de Carlos Bernardo Padilla, un hombre orquesta que pasó como si nada de crear una próspera empresa con presencia en varios países, a fundar el Centro de Investigaciones Paleontológicas de Villa de Leyva, a ser presidente en Colombia de la prestigiosa asociación gastronómica internacional Chaîne des Rôtisseurs… O la de Álvaro Restrepo, que por poco no sobrevive a la amarga experiencia en su colegio en Bogotá, y quien después floreció como bailarín, coreógrafo, escritor y, como si fuera poco, creador de creadores.

Esos personajes tienen en común, además del éxito que han alcanzado, el uso de un mismo elemento para lograrlo: la creatividad. Se trata del desarrollo de ideas o soluciones que son a la vez novedosas, útiles y relevantes. La capacidad de generar esa clase de ideas no solo es importante para lograr metas individuales, como las de nuestros creadores, sino que además es esencial para el avance de todo un país.

Sin embargo, es frustrante saber que ellos son la excepción y no la regla en Colombia, un país lleno de semillas de personas creativas desperdiciadas por entornos familiares adversos y prácticas educativas deficientes. Un país abrumado por su pasado de violencia y deslumbrado por el espejismo de una bonanza advenediza, que no se ha ocupado ni siquiera de cultivar el capital humano necesario para seguir creciendo y propiciando una vida mejor para toda la población.

La cosa es simple: si queremos generar el crecimiento económico sostenido que se requiere para erradicar la pobreza, consolidar la paz y cerrarle las puertas a la ilegalidad, los colombianos tenemos que hacer una profunda transformación. El dinamismo de mediano plazo no se alcanzará exportando petróleo –cuyas reservas actuales, de hecho, se agotarán en 2021– mientras el aparato productivo se marchita por sus altos costos y su baja productividad. Para superar esa encrucijada es necesario mejorar radicalmente la formación de nuestro capital humano y fomentar de manera decidida la creatividad y la innovación.

Mucha gente cree que la creatividad es patrimonio exclusivo de unos cuantos genios, pero no es así. La capacidad creativa de una persona tiene que ver con distintos elementos, como su capacidad cognitiva, su ámbito familiar, su entorno educativo, su potencial intelectual y su propia personalidad. La mayoría de esos elementos se pueden cultivar y modificar, lo que significa que la creatividad es una capacidad que se puede fomentar en cualquier individuo.

Conocer los retos que han enfrentado estos personajes, que son excepcionales, pero también corrientes como cualquier colombiano, puede servir para que todos avancemos un poco más en el desarrollo de algo tan natural para el ser humano como respirar, y que tanta falta nos está haciendo: crear.

Mauricio Reina

Investigador Asociado de Fedesarrollo

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