Ay Carimagua, vida mía...

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 18 de 2008
2008-05-18 08:44 p.m.

Al parecer, las tierras de Carimagua no son tan malas como dijo hace un tiempo el Ministro de Agricultura y los empresarios interesados siguen detrás de la misma presa. Ahora informan que "una comisión de expertos, convocada por el propio Gobierno, acaba de dictaminar que en el predio Carimagua en Puerto Gaitán (Meta), sí se pueden adelantar proyectos agroindustriales entre pequeños productores, familias de desplazados y privados (sic)".

Para llegar a esa conclusión no se necesitaban tantos expertos.
Hubieran podido ir a ver lo que ha organizado Carlos Murgas en Maríalabaja y en el Cesar, la organización del complejo agroindustrial que desde hace muchos años creó Lloreda al lado del río Magdalena para producir palma africana y aceite, o lo que ha hecho Indupalma. Es lo que se le dijo a Arias cuando quería entregarles esa tierra a unos ricos avispados con el argumento, palabras más, palabras menos, de que no iba a perjudicar a unos pobres desplazados entregándoles una tierra y exponiéndolos a que se quebraran; que mejor dársela a unos ricos para que algún empleo les darían a esos desplazados. Pero eso es cosa del pasado.

Ahora se abrió la puerta para que se desarrolle un proyecto agroindustrial de una dimensión importante que ofrece la oportunidad de crear un modelo de producción campesina que puede adaptarse para la explotación de las tierras que se les incautan a los narcotraficantes y a los usufructuarios del clientelismo.

Esa reforma que está en curso en el Congreso, que destinaría esas tierras y esos recursos a reparar el daño que se le ha hecho a la población, particularmente a los desplazados y a las familias de las víctimas, puede ser un escenario para reglamentar como se va a llevar esto a cabo, y Carimagua puede convertirse en el experimento piloto.

Se vislumbra la posibilidad de que en Colombia se emprenda con seriedad una repartición de tierras que promueva el acceso de la población rural a la propiedad o por lo menos a su usufructo. El primer paso será vigilar que detrás del cambio de opinión no haya una agenda oculta y que la tierra de Carimagua, que aparentemente ya no es ni ácida, ni improductiva, quede prioritaria y mayoritariamente en manos de pequeños campesinos y no de los empresarios que se querían quedar con ella cuando la iban a dar por nada.

En un proyecto de las dimensiones que tiene Carimagua, de aproximadamente 17.000 hectáreas, menos de la tercera parte debe quedar en manos de empresarios y el resto debería destinarse a las familias. Está bien que el Gobierno conserve el derecho a la propiedad por un número de años, pero eventualmente tiene que transferirse la propiedad a las familias que las trabajan en un horizonte de tiempo que les permita recobrar el esfuerzo invertido. También es importante que la labor del Gobierno no se limite a organizar una subasta y dejar eso en manos de unos empresarios a la topa tolondra. Esta es la oportunidad para llevar a cabo una planeación previa con el concurso de la Universidad Nacional, ojalá en consorcio con una de las grandes universidades agrícolas de E.U. y/o Brasil para establecer qué cultivos son deseables y la mejor forma de producción y para dejar bien montados esquemas efectivos de extensión, asistencia técnica y financiera a los campesinos.

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