Becas: ¿solamente para los mejores?

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
julio 06 de 2008
2008-07-06 09:55 p.m.

Un programa de becas, que ofrece apoyo financiero a jóvenes de barrios de muy bajos ingresos, que son admitidos a las universidades de buena calidad, se inició hace varios años con el criterio de romper una barrera de entrada, impuesta por la carencia de recursos para financiar los estudios superiores de estos jóvenes, que cumplen cabalmente con los requisitos de entrada de las universidades.

Inicialmente, algunas de ellas colaboraron con entusiasmo con el programa y ofrecieron descuentos en la matrícula para estos jóvenes con el fin de facilitar el financiamiento, que proviene de donaciones de personas e instituciones privadas, y apoyo institucional. 

Sin embargo, el desempeño académico de muchos de estos estudiantes ha sido mediocre, con notables excepciones, y la deserción ha sido superior al promedio. Esto ha llevado a que las universidades se desencanten con el proyecto, y favorecen ahora programas que también financian a jóvenes de bajos ingresos, pero exclusivamente a los 'mejores'. 

Este cambio de posición ha dado lugar a una controversia privada sobre cuál de los dos criterios antes descritos es el que debe primar, y ha hecho más difícil financiar el programa de becas que es menos exigente.

Los que defienden la idea de que la financiación debe proporcionarse solamente para los mejores, aducen en primer lugar, que los recursos son limitados y que es más eficiente o más productivo emplearlos en quienes tienen la mayor probabilidad de éxito. Para ellos, el éxito consiste en que los jóvenes se gradúen con notas satisfactorias. Otro argumento que esgrimen a favor de esta idea, es que se debe premiar a los estudiantes académicamente más destacados, en preferencia a los mediocres.

Implícitamente, detrás de ambos argumentos, puede estar presente la concepción de una élite estudiantil compuesta por los que provienen de los mejores colegios y los más brillantes, o más capaces del resto de la población. No hay nada de malo en esta manera de mirar el mundo, que es muy común en el medio de las universidades de élite, excepto si se tienen en cuenta dos consideraciones importantes: la primera es que muchas de esas universidades, al tiempo que elevaron sus matrículas para poder mejorar la calidad de su oferta, se comprometieron formal o implícitamente a que cualquier alumno que admiten, no se vea privado de estudiar en ellas por carecer de recursos. Este principio también es muy común en las universidades privadas más destacadas de los Estados Unidos, que garantizan la financiación de todos los estudiantes que admiten. La otra consideración es de diversidad: los más capaces van a ser más parecidos al estudiante promedio, o tienen mayores aptitudes para imitarlo, con lo que se sacrifica la diversidad del cuerpo estudiantil, uno de los pilares fundamentales de una buena universidad.

También hay argumentos a favor de extender la financiación para beneficiar no solamente a los mejores, sino a un nivel más bajo. El primero de ellos es que proveer financiación para los jóvenes que se esfuercen, soliciten admisión y sean seleccionados por universidades de buena calidad es un estímulo para que persigan la excelencia, y para que los colegios de donde provienen se esmeren en mejorar sus estándares. 

Esto promueve una demanda más diversificada de cupos en las universidades privadas y permite que cohortes sucesivas de jóvenes pobres no crezcan con la percepción de que no pueden estudiar en Eafit, en la Universidad del Norte, en el Icesi o en los Andes, por ejemplo, o de que solamente los mejores del curso pueden hacerlo. 

El valor de mantener abierta esta puerta y de que los estudiantes posean esa expectativa, es muy elevado.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado