De bonanza en bonanza

Muchos de los que se consideraron serían los motores de crecimiento, no solo no lo han sido en este periodo, sino que tienen claras señales de estancamiento o están abiertamente en crisis.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
octubre 04 de 2014
2014-10-04 10:04 p.m.

Hace algunos años, se le preguntó al expresidente Alfonso López Michelsen por qué Colombia tenía un buen comportamiento de su economía, y dio una respuesta absolutamente pertinente para el momento actual: “A Colombia le va bien porque ha sabido manejar sus bonanzas”.

De esta respuesta es fácil deducir que el comportamiento positivo de la economía no era precisamente fruto de tener una base productiva adecuada: es decir, un sector agropecuario y una industria realmente dinámicos. Y eso es precisamente lo que está pasando cuando el Gobierno se ufana de tener el crecimiento más alto de América Latina y de otros países en desarrollo.

De nuevo, ha sido la bonanza minero-energética la que ha generado tasas de crecimiento que, en el trimestre anterior, llegaron a superar el 6 por ciento y ocasionaron esa euforia que, incluso, ahora, cuando el último trimestre se redujo el crecimiento a 4,3 por ciento, se mantiene. Con esa habilidad que siempre ha caracterizado a nuestro país, en donde los éxitos son atribuidos a la sabiduría de los distintos gobiernos y los fracasos al contexto internacional, ahora cuando el crecimiento se explica fundamentalmente por el periodo de precios altos de los commodities, el equipo económico del Gobierno y el presidente Santos, que se ha puesto a la cabeza de este, se atribuyen esos buenos resultados casi de forma exclusiva.

Para ser justos, es bueno entender la segunda parte de la frase del expresidente López: el manejo cuidadoso del país en temas económicos, y eso pude ser válido aun en estos momentos, aunque existen reservas con fundamento.

Es una realidad innegable, que muchos de los que se consideraron serían los motores de crecimiento, no solo no lo han sido en este periodo, sino que, por el contrario, tienen claras señales de estancamiento o se encuentran abiertamente en crisis. Además de lo que está sucediendo con el sector agropecuario y la industria, situación suficientemente analizada y reconocida, la verdad es que el frenazo en la bonanza actual no tiene reemplazo a la vista. Por consiguiente, es posible que se quiera tratar de mantenerla en lo posible, y eso pasa por seguir ‘consintiendo’ a la inversión extranjera en actividades petroleras y mineras.

Los primeros pasos ya son claros, quitarles peso a las licencias ambientales, visualizadas como freno al desarrollo, y bloquear las consultas previas que sufren de la misma percepción, es decir, son vistos como limitantes que impiden el avance de los proyectos que son los que supuestamente garantizan –aunque no se diga así de claro–, el crecimiento económico.

Es de mencionar que el senador Navarro Wolf ha empezado un debate muy interesante que cuestiona la forma en que el Gobierno maneja esta bonanza minero-energética. De acuerdo a sus palabras, en medio de las dificultades fiscales que el mismo Gobierno ha reconocido, lo que se debería hacer es mirar cuánto contribuyen realmente las empresas extranjeras al fisco nacional, y buscar en esas actividades nuevas fuentes de recursos fiscales. Las cifras que el senador aporta son bastante importantes y es hora de que las autoridades den mejores explicaciones: ¿cuántas empresas restan de sus utilidades lo que entregan al país por regalías?, y ¿por qué?, ¿lo hacen basadas en un decreto de la Dian? No se trata ni siquiera de una ley de la República, así que esto puede modificarse en caso de que, efectivamente, esté lesionando el fisco colombiano. ¿Por qué, entre otros temas, algunas compañías extranjeras en estos sectores muestran balances que dan pérdidas y, por consiguiente, no pagan los impuestos esperados? Y otra perla: ¿por qué el oro, que todavía le va bien en los mercados internacionales, tiene un porcentaje de regalías tan bajo?

La otra bonanza que se supone reemplazaría la minero-energética, en caso del desplome total de estos minerales y del por ciento, sería la construcción de las grandes vías. No obstante, aunque el país requiere estas inversiones, surge la duda de la disponibilidad de los recursos necesarios para que tomen el impulso que muchos, entre ellos, el Vicepresidente (con casco y todo), desean.

Lo que se debe hacer es dejar de vivir de bonanza en bonanza, y construir esa base productiva, tanto en el sector agropecuario como en el industrial. Por fortuna, y gracias a las conversaciones de La Habana, se espera que esto suceda en el campo rural. Precisamente, en eso consiste el esfuerzo que está haciendo la Misión de Transformación Rural, creada por el Gobierno, y que debe terminar en propuestas concretas en lo que sería una política de Estado para este sector durante los próximos 20 años. Sin embargo, en la industria no existe, hasta ahora, un proceso similar y la Andi debería ayudar en vez de limitarse a protestar por los impuestos.

Adicionalmente, sería bueno que se reconociera que se cumplió con lo que anunciamos sobre la inconveniencia de firmar ‘rapidito’ –como dijo el entonces presidente Uribe–, el TLC con EE. UU. Por lo menos deberían revisar los resultados de haber seguido firmando acuerdos en el primer periodo del presidente Santos. La verdad es que ese modelo exportador se convirtió en importador, generando serios problemas de balanza de pagos. Sin oferta exportable –que se genera en dichos sectores fundamentalmente–, es imposible que se cumplan las expectativas creadas.

Las palabras del expresidente López son ahora, como muchas de él, absolutamente vigentes. Qué lástima que nuestros expresidentes estén dedicados a cosas pequeñas en vez de convertirse en un norte para este país tan complejo.

Cecilia López Montaño
Exministra – Exsenadora
 

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