Brasil, se agita el tablero

Argentina ha establecido ciertas barreras a algunos bienes brasileños.

Redacción Portafolio
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mayo 22 de 2011
2011-05-22 08:23 p.m.

En desarrollo de las relaciones económicas chino-brasileñas, 66 empresarios y cinco altos funcionarios chinos llegan a Brasil con interés de invertir en infraestructura y energía: el Gobierno brasileño tiene interés en aumentar el valor agregado de sus exportaciones a China. 

Brasil, nuestro distante vecino, vive una ebullición económica que es el preludio de grandes cambios en un futuro próximo. En desarrollo de las relaciones económicas chino-brasileñas, 66 empresarios y cinco altos funcionarios chinos llegan a Brasil con interés de invertir en infraestructura y energía: el Gobierno brasileño tiene interés en aumentar el valor agregado de sus exportaciones a China para superar la actual primarización, y quiere atraer inversión de ese país para proyectos de cooperación en tecnologías verdes y producción de automóviles de alta gama movidos por biocombustible. 

Afectados por la ausencia de capital a largo plazo y las altas tasas de interés reinantes en Brasil, se presentarán a los chinos obras de saneamiento, al igual que el aeropuerto y el Metro de Belo Horizonte, que se propone sean entregados en concesión; además de obras el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos.

En el segundo semestre la Comisión de Alto Nivel Brasil-China diseñará una alianza estratégica, decidida durante la visita de Dilma Rouseff a China, buscan concretar la oferta china de abrir la importación de carne de cerdo desde tres frigoríficos brasileños y esperan propuestas chinas en proyectos de innovación.

Respecto al papel de China en el escenario mundial, el ex presidente del Banco Nacional de Desarrollo (Bandes), Claudio Frischtak, ha destacado como fortalezas de Brasil su régimen democrático con equilibrio de poderes, su dinamismo económico con reducción de la pobreza y sus recursos naturales y energéticos, biodiversidad y ecosistemas. Además, considera como debilidades brasileñas la escasez de recursos del Estado, y propone la creación de un sistema de planeación a largo plazo, movilizar recursos fiscales para apoyar a las empresas en el extranjero y adoptar medidas para reducir la pérdida progresiva de competitividad derivada de la calidad de la infraestructura, los servicios públicos y la presión tributaria. 

El tema que concentra la atención es la revaluación, calculada en 30%, y hay temor de que pueda agravar la desindustrialización del país. No hay consenso acerca de cómo enfrentarla, pues hasta ahora el tipo de cambio se ha utilizado como instrumento antiinflacionario y hay quienes sugieren una devaluación administrativa, y creen que podría hacerse de modo gradual a lo largo de varios meses, utilizando una banda cambiaria con medidas para evitar la indexación que tuvo en el pasado efectos nefastos en la hiperinflación. Pero en el bando contrario están quienes consideran que una devaluación, por ejemplo del 30%, generaría una caída de los salarios (6,5% en el caso seleccionado), y ello sería políticamente inviable.

Los economistas José Luis Oreiro, de la Universidad de Brasilia, y Nelson Marconi calculan una elasticidad del salario real respecto de la tasa de cambio entre -0,18 y -0,24, y advierten que entre enero del 2003 y febrero del 2011 las reservas de Brasil aumentaron en U$268 mil millones, al mismo tiempo que el saldo en cuenta corriente e inversión extranjera directa creció sólo en US$163 mil millones: De estas cifras los mencionados economistas concluyen que el 40% de las reservas son capitales de portafolio, de modo que una porción no despreciable de reservas es propiedad de extranjeros.

Una caída de la inversión extranjera podría generar una estampida de capitales, sostienen, causando la devaluación e inflación de ingrata recordación desde los tiempos del cruceiro y el cruzado. En otro bando están quienes consideran que debe dejarse dicho ajuste al mercado, y que una caída súbita del ingreso de capitales haría el ajuste sin que el Gobierno tenga que asumir el costo político de tal situación. 

El mejoramiento del ingreso de los brasileños y con ello el cambio en las preferencias, unido a la fortaleza del real, han generado tal aumento en las importaciones que, en el caso de los vehículos, en el primer trimestre del año el total de automóviles comprados al exterior representó el 23% de los carros registrados en Brasil; cuando en el caso de la industria la participación de las importaciones es sólo del 19,7%: los proveedores de esas importaciones se distribuyen entre el 36,2% de Argentina, Corea con 26,3; México 13,9, y China con 4,5%.

Beethoven Herrera Valencia

Profesor de las U. Nacional y Externado 

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