Tan brillantes y tan ‘copietas’

Queda un largo camino para lograr el crecimiento verde y, por ello, este concepto en el nuevo Plan de Desarrollo es claramente un saludo a la bandera, una de esas fórmulas prestadas que se copian sin ninguna reflexión, solo para estar a la moda y poder entrar a la fiesta de los países ricos.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
abril 13 de 2015
2015-04-13 12:22 a.m.

Desde hace largo rato los ministros de Hacienda de Colombia son reconocidos como los mejores de América Latina, y el Ministro Cárdenas acaba de ser distinguido con tal honor. Pero en su momento Echeverry, hoy presidente de Ecopetrol, también lo fue y, si no estoy mal, muchos otros de los que anteriormente ocuparon esa cartera. También, el gerente del Banco de la República, José Darío Uribe, recibió el reconocimiento como el mejor banquero central de la región. Pero hay más: Fedesarrollo, con toda la influencia posible en el país, figura entre los 10 centros de pensamiento más importantes de nuestro continente, y Ana María Ibáñez, decana de la mejor Facultad de Economía del país ha sido nombrada asesora del Secretario General de Naciones Unidas.

Sin embargo, lo que sorprende es que tantos economistas brillantes, que nos llenan de orgullo a los colombianos, sean tan ‘copietas’. Cuando en la década de los años 90 la moda era el Consenso de Washington, impulsado por todos los organismos multilaterales, incluyendo al BID, nuestros economistas de vanguardia lo copiaron al pie de la letra sin mirar las especificidades de este país, como por ejemplo, tener un sector rural destrozado por el conflicto armado. Lo que no hicieron los grupos guerrilleros en el campo, lo completaron los paramilitares apoyados por sectores poderosos de algunas regiones. Claro que se logró la estabilidad económica, que para ser sinceros, nunca se había visto tan amenazada como en otros países de América Latina. Pero se perdió un millón de hectáreas de producción campesina que no se han recuperado, con las consecuencias previsibles sobre la calidad de vida de la población rural. Además, nadie ha medido realmente cuánta pequeña industria sucumbió con la apertura, porque parece que esos costos le importan a muy pocos.

Cuando todavía no acabamos de acomodarnos a la globalización y tenemos unas cuentas externas preocupantes y una desigualdad que poco cede, ahora resulta que estamos copiando al pie de la letra la receta de la Ocde. Y así como se hizo en los años 90, estas recomendaciones no han recibido ningún beneficio de inventario: son ley y no admiten discusión. Pero como no nos puede pasar lo mismo que en aquella década, es bueno reflexionar sobre la fórmula Ocde y mostrar, por lo menos, un ejemplo muy diciente.

Resulta que la moda en el mundo es el ‘crecimiento verde’ y esto sale de la última Cumbre de Río, celebrada en el 2012. De acuerdo a la Ocde, “Crecimiento verde significa fomentar el crecimiento y el desarrollo económicos y, al mismo tiempo, asegurar que los bienes naturales continúen proporcionando los recursos y los servicios ambientales de los cuales depende nuestro bienestar (…)”. Y como era de esperarse, inmediatamente este nuevo concepto se volvió el eje central del Plan de Desarrollo del Gobierno Santos 2015-2018. ¿Alguien de nuestros brillantes y premiados economistas se ha tomado la molestia de mirar qué tan listos estamos para que el crecimiento y la sostenibilidad vayan de la mano?

Primera reflexión. Alguien que haya escuchado a la Andi o a algunos de nuestros grandes empresarios, con demasiada influencia en el Gobierno, ¿cree que ellos entienden?, y, menos aún, aceptan que, como afirma el Presidente de la Ocde, “necesitamos el crecimiento verde porque los riesgos para el desarrollo van en aumento a medida que el crecimiento continúa erosionando el capital”. Máxime cuando lo que prevalece entre ellos es que la política ambiental es un freno al crecimiento de la economía, y de allí las licencias ambientales exprés consignadas en el PND.

Segunda reflexión. Cuando la reconocida institucionalidad ambiental –Minambiente y Sistema Nacional Ambiental (Sina)– deja que los particulares se roben bienes ambientales como la Ciénaga Grande del Magdalena, ¿creen que existe en el resto de ministerios el interés y la autoridad para asumir su compromiso con el ‘crecimiento verde’? Pregúntenle a Minminas, y verán.

Tercera reflexión. Como lo mencionó Manuel Rodríguez, ¿no será que el ‘crecimiento verde’ es una nueva etapa del desarrollo que supone que el manejo ambiental, el reconocimiento de la importancia de los servicios ambientales y la equidad intergeneracional, ya son parte de la nueva concepción de desarrollo y que esto ha generado la institucionalidad necesaria para que crecimiento y sostenibilidad vayan de la mano?

Pero, sinceramente, en Colombia, donde la obsesión es el crecimiento económico a todo precio, lo que se traduce en una institucionalidad ambiental ineficiente –cuando existe–, o contaminada por la politiquería, ¿hay alguna posibilidad de que el crecimiento y lo verde, vayan de la mano? Definitivamente no. Por consiguiente, queda un largo camino para lograr el crecimiento verde y por ello este concepto en el nuevo Plan de Desarrollo es claramente un saludo a la bandera, una de esas fórmulas prestadas que se copian sin ninguna reflexión, simplemente para estar a la moda y poder entrar a la fiesta de los países ricos.

Por favor, Colombia y su talento humano tienen toda la capacidad posible para dejar de ser ‘copietas’ y simplemente analizar seriamente qué pasos tendríamos que dar para estar a la última moda, la que se supone vende la Ocde. Pero copiar por copiar ya nos ha pasado la cuenta de cobro. Una cuenta que terminan pagando los que menos han intervenido en la decisión. Señores brillantes economistas, dejen ser simplemente ‘copietas’ y demuéstrenle al país que sus distinciones son muy merecidas, ajustando a nuestras realidades la posibilidad de tener un crecimiento verde.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

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