Brújula / Una ayuda inesperada

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 07 de 2012
2012-10-07 05:56 p.m.

Tras su mediocre presentación durante el primero de los tres debates que sostendrá con su contrincante, Mitt Romney, el presidente estadounidense Barack Obama tuvo motivos para sonreír a finales de la semana pasada. La razón no fue otra que la baja en la tasa de desempleo, pues según el Departamento del Trabajo cayó hasta un 7,8 por ciento en septiembre.

Dicha cifra es la más baja desde que el actual mandatario llegó a la Casa Blanca en enero del 2009. Además, por primera vez en 44 meses, el dato llega a estar por debajo del 8 por ciento, con lo cual se puede argumentar que la ansiada recuperación empieza a ser real.

Aunque ante lo sucedido algunos integrantes del Partido Republicano llegaron a afirmar que podría haber manipulación de los números, todo indica que la entidad que produce las estadísticas tiene un carácter eminentemente técnico. Incluso, desde hace unas semanas, algunas señales venían apuntando en la dirección correcta.

Así, las ventas de vehículos llegaron a su nivel más alto en cuatro años, al tiempo que la confianza del consumidor subió, los precios de las acciones se han recuperado y la finca raíz, al fin dejó de caer. Todo lo anterior ha hecho que el sector privado incremente el tamaño de la nómina, así sea de forma tímida.

En este caso, buena parte de la mejoría tuvo que ver con un recálculo de lo ocurrido en meses anteriores. Puesto de otra manera, ese ejercicio sugiere que la mayor oferta de puestos de trabajo viene al menos desde mediados del año.

Tales informaciones no podían llegar a un mejor momento para Obama. A un mes escaso de las elecciones, el descenso en la desocupación le da munición para decir que su plan está funcionando, y que, por lo tanto, no vale la pena cambiar el rumbo.

Aunque es verdad que en este asunto hay cierta volatilidad y que el reporte puede cambiar de signo unos pocos días antes de los comicios, para ese entonces buena parte de los ciudadanos habrán decidido con quién se van. Debido a ello, las apuestas vuelven a favorecer al Presidente, quien con este resultado enjuga su pobre presentación reciente.

Mientras tanto, Romney seguirá insistiendo en que el avance es menos bueno de lo que parece. Y aunque es verdad que todavía falta mucho antes de declarar sano al enfermo, comienzan a verse señales de mejoría.

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