Brújula/ Caído en desgracia

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
septiembre 24 de 2015
2015-09-24 01:47 a.m.

Martin Winterkorn, quien renunció este miércoles como presidente de Volkswagen, no tenía salida. Tanto por acción como por omisión, la cabeza del conglomerado era considerado culpable de la debacle que se generó cuando se supo que la multinacional había manipulado el software de sus vehículos con motores diésel, con el fin de engañar a las autoridades de Estados Unidos sobre la contaminación causada.

Aunque en sus palabras de despedida el ejecutivo dejó entrever que desconocía el complot para defraudar los controles ambientales, no hay duda de que su responsabilidad era indelegable. Así terminó la carrera profesional de alguien que había logrado llevar al fabricante alemán a la cabeza de las clasificaciones a nivel global.

No obstante, las consecuencias de lo ocurrido apenas empiezan a verse. La reserva contable de 6.500 millones de euros hecha por la firma germana puede acabar siendo insuficiente para pagar las multas y demandas que vienen en camino, no solo en Norteamérica.

El capítulo final, sin embargo, demorará años en escribirse. Aparte de las penalidades que se determinen en diversas latitudes -como lo hacen prever diferentes investigaciones anunciadas- hay que incluir el daño reputacional para una empresa que reconoce haberles mentido a los consumidores, no solo a los entes gubernamentales.

Falta esperar, por lo tanto, si las ventas sufren en aquellos mercados distintos al estadounidense en donde la participación de Volkswagen era relativamente menor, apenas del 3,5 por ciento. Además queda por verse el impacto sobre otras marcas europeas, ante la impresión de que los resultados de las pruebas que se anuncien no necesariamente corresponden con la verdad. Y aquí, la verdad, es el asunto clave.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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