Brújula / El cruel castigo de Madoff

Redacción Portafolio
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diciembre 14 de 2010
2010-12-14 01:35 a.m.

‘Dios no castiga ni con palo ni con rejo’, era un dicho que preferían las abuelas. Ese viejo refrán parece haber sido reeditado por la providencia debido al suicidio de Mark Madoff, el hijo mayor del conocido estafador neoyorquino Bernard Madoff, quien hoy purga una condena de 150 años de prisión en una cárcel estadounidense.

 

Según informó la Policía, el primogénito del ex gestor de fondos de inversión prefirió la muerte a la posibilidad de ser investigado por su responsabilidad en la sofisticada ‘pirámide’ que su padre mantuvo durante algo más de una década y que les dejó a sus clientes pérdidas por 64.000 millones de dólares.

 

La gran ironía de lo sucedido es que Mark fue especialmente duro con el patriarca del clan, después de que este lo reunió junto con su hermano y confesó que el gran emporio financiero que parecía haber construido no era más que una patraña. De hecho, en los meses que siguieron al arresto y condena de Bernard Madoff el distanciamiento entre los dos fue evidente.

 

Todo lo anterior, lamentablemente, no evitó la tragedia. La mezcla del escarnio público junto con la guerra de rumores empezaron a afectar el equilibrio emocional del desaparecido Mark. Situaciones como las de tener que ordenar un pedido a domicilio con un nombre ficticio o exponerse a la posibilidad de una detención, por más remota que fuera, acabaron deteriorando su salud mental.

 

En un comunicado salido de la prisión que ocupa, en el estado de Carolina del Norte, Bernard Madoff afirmó que no asistirá a los servicios funerarios y que en cambio se hará presente en una ceremonia que tendrá lugar en el penal. Pero más allá de la privacidad que ha preferido el condenado, es indudable que la pena debe ser inmensa. Y que la lección es que la avaricia no sólo rompe el saco, sino que acaba con la vida de muchos inocentes.

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