Brújula/ Cuentas alegres

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
febrero 11 de 2015
2015-02-11 03:27 a.m.

No fue poco el entusiasmo con el cual el presidente Juan Manuel Santos recibió este martes en la Casa de Nariño a su homólogo de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Quizás fue el hecho de que por primera vez en la historia un mandatario de ese país viene a Bogotá o que representa a una nación de 77 millones de habitantes, con una economía valorada en más de 800.000 millones de dólares anuales.

Tal vez por ello, no se dijo nada sobre el creciente poder de quien ha impuesto un estilo de liderazgo que ha sido muy criticado en buena parte de Europa y que ha implicado el congelamiento de cualquier pretensión de integrar el bloque comunitario en el Viejo Continente.

Más allá del enorme palacio de 600 habitaciones que se hizo construir en Ankara, Erdogan ha dejado en claro que planea quedarse en su cargo durante mucho tiempo. No solo ha concentrado las decisiones importantes, sino que ha sido implacable con sus críticos, y en especial con la prensa independiente.

Sin embargo, Turquía quiere ampliar sus lazos con América Latina y Colombia es vista como un aliado, así las conversaciones sobre un tratado de libre comercio bilateral se encuentren en un punto muerto. Por tal motivo, ayer se firmaron varios convenios sobre temas que van desde la agricultura hasta el turismo, pasando por la industria militar.

En la declaración que hizo, Santos afirmó que el intercambio entre las dos naciones debería subir “hasta un punto mínimo de 5.000 millones de dólares de aquí al año 2023”. Pero tal vez peca de exceso de optimismo, pues eso implicaría quintuplicar el monto actual.

Y teniendo en cuenta que lo que vendemos es, ante todo, carbón y petróleo, resulta difícil saber cómo vamos a hacer para exportar o comprarles a los turcos mucho más que ahora.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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