Brújula / Después del crimen

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 09 de 2014
2014-01-09 04:31 a.m.

Sigue la conmoción en Venezuela tras el asesinato de la actriz Mónica Spear y su esposo Thomas Berry, quienes resultaron abaleados en una autopista del vecino país, después de que el vehículo en el que se movilizaban sufriera una avería.

Las autoridades han acusado a una banda de asaltantes de caminos y aseguran que todos sus integrantes están identificados y serán atrapados pronto.

El hecho trágico puso otra vez de presente una situación de inseguridad que es una de las más inquietantes de América Latina, que es, a su vez, la región más violenta del mundo.

Si bien en las páginas de los diarios abundan historias similares a la referida, la muerte de la Miss Venezuela del 2004 parece haber tocado una fibra sensible y desatado la indignación popular.

El punto central es la sensación de que la situación sigue deteriorándose.

La discusión no es fácil de dar ante la falta de estadísticas oficiales, sumada a los argumentos de la administración de Nicolás Maduro, quien afirma que hay un interés mediático en presentar la realidad como más grave de lo que es.

Por su parte, organizaciones como el Observatorio Venezolano de la Violencia muestran un panorama inquietante.

Según este los homicidios pasaron de 11.342 a 24.763 entre el 2003 y el 2013, cifras que contrastan con las 5.000 muertes que se contabilizaron en 1999, año en el que Hugo Chávez llegó al poder.

Las explicaciones sobre las causas de ese deterioro abundan y van desde la falta de efectividad de la justicia, hasta la corrupción policial, pasando por la crisis económica.

Pero sea cual sea el determinante, lo cierto es que junto con la carestía, la escasez y la falta de oportunidades, el crimen se ha ensañado en contra de Venezuela. Y ese azote ha dejado un saldo sangriento que no parece que vaya a dejar de crecer.

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