Brújula / Una figura controvertida

Entre los políticos que marcaron la senda del mundo en la parte final del siglo XX, pocos generan opiniones tan divididas como Margaret Thatcher.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
abril 09 de 2013
2013-04-09 03:19 a.m.

Y es que la exprimera ministra británica, quien falleció ayer a los 87 años de edad, no llevaba el remoquete de ‘la dama de hierro’ sin merecerlo.

Tanto como representante de la oposición conservadora, pero especialmente como líder de un gobierno que transformó de manera fundamental el Reino Unido, la Baronesa de Kesteven –un título nobiliario que recibió tras abandonar la vida pública– se plantó firme a la hora de defender sus convicciones.

Así lo hizo desde comienzos de 1979, cuando llegó al número 10 de Downing Street. En forma despiadada combatió las bases del estado de bienestar que habían construido sus predecesores, tras finalizar la Segunda Guerra.

Sus instrumentos son conocidos: privatizaciones, enfrentamientos con los sindicatos -del carbón y los servicios públicos- y un gran esfuerzo por eliminar regulaciones que, en su concepto, obstaculizaban el avance de la economía. Como si eso fuera poco, miraba con desconfianza a la Unión Europea y era una ferviente enemiga del comunismo.

En un comienzo, sus políticas generaron un descontento inmenso.

A finales de 1980 el desempleo en Gran Bretaña era el más alto desde la época de la Gran Depresión, al tiempo que las tensiones raciales y sociales llegaron a su nivel máximo.

No obstante, la guerra con Argentina por el control de las islas Malvinas le dio un nuevo aire y la posibilidad de extender su mandato, con lo cual cambió a su país para siempre.

Prueba de ello es que los gobiernos que le siguieron preservaron muchas de sus decisiones, las mismas que fueron culpadas por la crisis financiera del 2008 y que también forman parte de su legado.

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