Brújula / Merkel en Atenas

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
octubre 10 de 2012
2012-10-10 01:27 a.m.

No es fácil ir de visita a un país ajeno, a sabiendas de que la bienvenida no va a ser cálida.

Pero eso fue precisamente lo que hizo ayer la canciller alemana Angela Merkel, al pisar territorio griego con un mensaje claro.

Según la líder germana, todos en Europa entienden el sufrimiento que han causado las medidas de austeridad nacidas de la necesidad de rebajar el enorme peso de la deuda pública contraída por Atenas. Al mismo tiempo, los recortes deben seguir, porque el único rumbo posible es el escogido.

Sin embargo, cerca de 40.000 ciudadanos que se manifestaron en contra de la presencia de Merkel dejaron en claro su opinión sobre la receta.

Y es que para el griego promedio, buena parte de la culpa de la situación, que se expresa en una tasa de desempleo del 24 por ciento y la pérdida de beneficios sociales, es responsabilidad de la dureza alemana.

Al fin de cuentas, Berlín es la capital de la economía más poderosa de la Unión Europea y ha exigido disciplina por parte de los integrantes del bloque comunitario.

Así lo han comprobado también Irlanda y Portugal, al igual que España e Italia en épocas más recientes.

No obstante, el viaje de Merkel tuvo un propósito que fue registrado por los observadores.

En su charla con el primer ministro Antonis Samaras, señaló el deseo de los otros 16 socios de la Zona Euro de que Grecia continúe como integrante del club que tiene la misma moneda.

De tal manera, en la medida en que se mantenga el rumbo, todo indica que el desembolso de los próximos tramos del paquete de apoyo aprobado a mediados del 2012 seguirá.

Falta otra ronda de apretones –o quizás varias más–, pero el mensaje alemán es que puede haber más flexibilidad. Como reza el conocido refrán, se trata de aplicar eso de ‘ayúdate que yo te ayudaré’.

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