Brújula/ El Nobel de los pobres

Redacción Portafolio
Opinión
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octubre 12 de 2015
2015-10-12 11:44 p.m.

El profesor Angus Deaton es uno de esos académicos que toca temas espinosos, pero cuya seriedad profesional es tal, que propios y extraños se alegraron ayer cuando le fue concedido el Premio Nobal de Economía. El motivo es que su análisis del comportamiento de los individuos es definitivo para entender cómo se resuelve uno de los enigmas más complejos de la humanidad: el de la lucha contra la pobreza.

Y no se trata de que este británico de 69 años tenga fórmulas mágicas. Más bien su trabajo se ha concentrado en identificar lo que funciona y lo que no, dejando en claro que detrás de los promedios y las cifras globales, se esconden las realidads individuales, que son las que, en último término, definen si una estrategia funciona o no.

Tal vez la refinación de su pensamiento se expresa en su libro más reciente, publicado en inglés en el 2013, pero todavía no traducido al español. Con el título de El gran escape, el texto reconoce el llamativo mejoramiento que ha vivido la humanidad en años recientes, como lo atestigua, por ejemplo, el que la brecha de la esperanza de vida entre países en desarrollo y ricos es la más pequeña de la historia, o que la talla de las personas es mayor.

Aun así, Deaton no duda en señalar los grandes fracasos que han llevado a que un grupo considerable de naciones, especialmente en Asia y África, no consiga consolidar los avances vistos en otras latitudes. Puesto de otra forma, los rezagados siguen ahí. Tampoco destaca como algo positivo que las diferencias entre los que tienen poco y mucho se mantienen, e incluso se vuelven más vistosas en las sociedades prósperas.

Tal vez su afirmación más controversial es que cierto tipo de programas asistencialistas hacen más daño que beneficio, con la única excepción de la salud. Un esquema de ayudas internacionales excesivas conduce, por ejemplo, a que se pospongan reformas tributarias indispensables, o a que las autoridades locales sientan la presión de que es indispensable enmendar la plana.

Por tal razón, su punto fundamental es que la pobreza tiene que ver más con los malos gobiernos que con otra cosa. Es la calidad de la administración pública la que determina que los programas funcionen y les lleguen a quienes realmente los necesitan. Colombia, en donde la disparidad regional es inmensa, sería un buen laboratorio para comprobar esa tesis.

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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