Brújula/ Más vale tarde...

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
mayo 11 de 2015
2015-05-11 02:03 a.m.

A veces los gobiernos toman las decisiones correctas, pero sin elegir la vía más corta. Así podría resumirse el pronunciamiento que hizo el sábado pasado el presidente Juan Manual Santos, al instruir a sus ministros para que le pidan al Consejo Nacional de Estupefacientes, que se reúne a finales de mayo, que se suspenda el uso del glifosato en las fumigaciones propias de la lucha antidrogas.

El fundamento de la determinación del mandatario es un reporte de la Organización Mundial de la Salud, que catalogó al herbicida como dañino para la salud humana. Aunque, tanto la multinacional que lo produce, como el propio gobierno de Estados Unidos, rechazaron el informe de la entidad multilateral, este fue respaldado por el Ministerio de Salud.

En un principio, la opinión creyó que había un clima de consenso en el Ejecutivo, acerca de proscribir el glifosato. Pero otra vez la falta de coordinación al interior del gabinete quedó en evidencia, cuando el titular de la cartera de Defensa insinuó que no habría ningún cambio de rumbo. Esa discrepancia fue utilizada por el Procurador General para decir que existía el peligro de que el país quedara nadando en cocaína.

Afortunadamente, Santos cortó por lo sano, a pesar de la demora. Para comenzar, quedó claro que no habrá descanso en la política de erradicar los cultivos ilícitos. Simplemente se trata de buscar alternativas que van desde identificar otros compuestos que puedan ser usados en las aspersiones, hasta intensificar la práctica de arrancar las matas de coca o amapola de forma manual.

Aunque seguramente la polémica continuará, son numerosas las denuncias en torno al herbicida. Es cierto que las fumigaciones lograron en algún momento contener la avalancha de zonas sembradas con cultivos ilegales, pero después de haber pasado el punto de inflexión, las cosas son ahora diferentes.

Y un elemento indispensable es que cualquier política represiva necesita un mínimo de legitimidad. Esta, en lo que atañe en particular al glifosato, se había perdido hace rato e incluso le generó al país una demanda ante la Corte Internacional de La Haya.

Ahora, ha llegado el momento de pasar la página y escribir un nuevo capítulo en la guerra contra el narcotráfico. En conclusión, de lo que se trata es de usar armas que no solo funcionen, sino que también sean aceptadas por la ciudadanía.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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