Calibrar la Tercera Vía

Resulta difícil soñar con una paz duradera y una reconciliación verdadera si los pobladores de zonas rurales no encuentran nuevas y mejores oportunidades de trabajo y progreso. La evidencia indica que nuestra guerra está estrechamente vinculada con el atraso rural.

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
julio 16 de 2014
2014-07-16 04:54 a.m.

El presidente Santos le ha formulado al país el desafío de focalizar el diálogo nacional en la búsqueda de un modelo de Estado que nos permita tener mejores referentes para generar nuevas soluciones a los problemas que enfrenta Colombia. Calibrar la Tercera Vía no significa dejar atrás los valores imperecederos que la han moldeado, como la inclusión social, la solidaridad y la eficiencia en la gestión pública. Significa asimilar las experiencias de la década pasada en el mundo y encontrar así nuevas oportunidades para garantizar que esos valores sean el faro propicio para las transformaciones que el país necesita.

Una de las lecciones que nos depara la historia es que no puede haber desarrollo y prosperidad sin un delicado balance entre mercado y Estado. Ni la supremacía del libre mercado ni la planificación centralizada mejoran la vida de la gente, que es el fin último de la acción política y económica. Cada país que ha mantenido ese difícil balance –Reino Unido, Alemania o Chile– ha logrado indiscutibles avances en el bienestar y el progreso de sus ciudadanos. Cinco de los expresidentes más prestigiosos del mundo así lo atestiguaron en Cartagena.

Es indiscutible que la buena salud de los mercados y la economía es un pilar fundamental de la acción política eficaz. En Colombia, ha sido prioritario apostarle a la eficiencia económica porque, al garantizar mayor estabilidad y mejores condiciones para los empresarios, el país ha logrado reducir la pobreza y el desempleo.

Es posible que una mejor regulación de los mercados financieros en el mundo hubiera podido contribuir a prevenir con mayor celeridad la codicia y la falta de escrúpulos que causó la crisis del 2008, pero ello no implica que se haya desvirtuado la premisa fundamental de las posturas progresistas que muchos denominan como la Tercera Vía. Implica la lección de que es necesaria una mayor presencia estatal en las instituciones de Bretton Woods para evitar lo que muchos llaman el capitalismo de casino. Lo dijo Tony Blair: la función de los mercados debe ser complementada y mejorada por la acción política, pero no obstaculizada por ella.

La Tercera Vía impone también la necesidad de lograr acuerdos esenciales entre todos los sectores del país sobre una agenda común de reformas. Las inaplazables necesidades de convergencia exigen un trabajo de concertación que trascienda los intereses individuales. Es imperativo seguir la senda de países como Chile, en donde, bajo el liderazgo del expresidente Ricardo Lagos, se escogieron ocho sectores en los que el país podía ser competitivo gracias a gran un consenso entre académicos, sector público y sector privado. Se hizo así una apuesta selectiva en el marco de una estrategia nacional de productividad que debe ser emulada por Colombia. Una Tercera Vía para Colombia se fundamenta en abrir espacios de convergencia que rompan con la polarización vigente y se traduzcan en la suscripción de una hoja de ruta como base fundamental y vinculante de reformas específicas encaminadas a la resolución de los principales desafíos estructurales.

Resulta difícil soñar con una paz duradera y una reconciliación verdadera si los pobladores de zonas rurales no encuentran nuevas y mejores oportunidades de trabajo y progreso. La evidencia indica que nuestra guerra está estrechamente vinculada con el atraso rural. Es por eso que de la implementación efectiva de las vocaciones productivas regionales depende la evolución favorable del posconflicto. Múltiples expertos en economías emergentes advierten que las verdaderas oportunidades para el progreso están en sectores en los que las regiones de Colombia tienen grandes fortalezas ya diagnosticadas hasta la saciedad.

No obstante, solo podremos materializar esos objetivos si, fruto de consensos específicos entre todos los sectores involucrados, avanzamos en una estrategia nacional y regional de productividad e innovación. Con base en el proceso ya finalizado de identificación de las vocaciones estratégicas para impulsar la productividad regional, el desafío más importante ahora es el de trabajar en forma colectiva y articulada para fortalecer dichas apuestas .

De lo anterior se desprende que la materialización de la Tercera Vía no puede concebirse sin la necesidad de mayor eficiencia en la gestión pública. Se requiere de un Estado que ponga en el centro de su acción la lucha contra la pobreza y la desigualdad y que le apueste con mayor vehemencia al capital humano y a la innovación. Basta con mirar el modelo de la Educación Dual en Alemania, a partir del cual se promueve una gran convergencia entre los centros educativos, las empresas y los centros de investigación en torno a las vocaciones preferentes de cada región.

Hablamos de instituciones estatales eficientes y no de un Estado de paquidérmicas burocracias que menoscaban la confianza de los ciudadanos. De un Estado que sabe preservar otro delicado balance, el de los derechos y las responsabilidades, y que por eso abre los espacios para que todos puedan tener un mayor protagonismo en la resolución de los desafíos actuales. Por ende, la invitación para ‘calibrar’ la Tercera Vía en Colombia demanda compartir un amplio sentido de las posibilidades que podemos alcanzar cuando las ideologías no se atraviesen en el camino de la prosperidad colectiva.

Gustavo Mutis

Presidente del Centro de Liderazgo y Gestión.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado