¿Tenemos capital humano pertinente para actuar diferente?

Nuestro sistema educativo debe perseguir la pertinencia educativa, entendida esta como aprender en el momento adecuado para las exigencias que corresponden a nuestra sociedad.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
julio 17 de 2014
2014-07-17 03:47 a.m.

Cuando ya se estaba apagando el ruido causado por el revuelo que originó la publicación de los resultados de la prueba Pisa (Program for International Student Assessment, por sus siglas en inglés), en la cual hace unos meses ocupamos el deshonroso último puesto en matemáticas y lectura, hoy el ruido se hace mayor por los recientes resultados del país en educación financiera, la cual aún no se imparte en la educación básica formal.

Para acelerar la transformación productiva del país es fundamental contar con gente que pueda aprovechar las oportunidades que la economía global ofrece y esto implica tener las competencias adecuadas para ir más allá de la simple lectura de textos y, dando el paso hacia adelante, no simplemente seguir instrucciones, sino además resolver nuevos problemas con soluciones desconocidas.

Nuestro sistema educativo, y esto incluye a estudiantes, educadores, rectores, familias y Gobiernos, debe perseguir con sincera obsesión la pertinencia educativa, entendida esta como aprender en el momento adecuado para las exigencias que corresponden a nuestra sociedad.

La pertinencia educativa es una ecuación con tres variables: anticipación, flexibilidad y oportunidad. Pertinencia es anticipación porque hoy debemos formar a los ciudadanos del mañana. El proceso educativo toma su tiempo, desde los diseños curriculares, la formación docente y la preparación de ambientes educativos hasta la ejecución de la formación, todo ello requiere una programación que se ejecuta en el mediano plazo. Nos quedamos entonces cortos si, por ejemplo, formamos nuestra gente como hoy la requiere el mercado laboral actual y no con las competencias que les exigirá el mañana. Su conocimiento ingresará muy rápido en la obsolescencia.

Pertinencia es también flexibilidad. Aprender es más divertido cuando se brinda al ritmo de cada estudiante, donde partimos del supuesto de que la educación es a lo largo de la vida. Debemos reconocer lo que el estudiante ya sabe antes de comenzar un nuevo ciclo y motivar el aprendizaje en todo momento. Qué bueno, entonces, la llegada de las tecnologías de información y las comunicaciones, las cuales repotencian los ambientes de aprendizaje gracias a la internet, las apps, los negocios a partir de las TIC, las tabletas, el software de simulación, entre otros.

Y pertinencia es también oportunidad. Debemos, como sociedad, entregar los cupos que tanto los estudiantes como la sociedad requieren. Hoy, como pocas veces en nuestra historia, tenemos más oportunidades de empleo especializado que gente formada y es por esto que requerimos personas talentosas que, con su conocimiento, jalonen la competitividad de las empresas para que compitan y crezcan.

Solo uno de cada dos jóvenes latinoamericanos culmina su educación secundaria antes de los 19 años de edad, mientras que únicamente dos de cada cinco terminan su secundaria antes de los 24 años de edad, según el Banco Mundial. Esto quiere decir que tan solo 50 millones de jóvenes culminan su educación secundaria en América Latina. Muchos de ellos deben optar por su ingreso al mundo del trabajo en condiciones poco competitivas, la mayoría ingresa a la informalidad laboral o enriquece las estadísticas de desempleados.

Ya no son los recursos naturales la clave de la riqueza. Ahora la mayor riqueza de un país es su conocimiento, es decir, su capital humano. La educación enfrenta, entonces, grandes desafíos: debe preparar a sus estudiantes a aprender a lo largo de toda la vida, aprender a convivir, a innovar, a emprender, a pertenecer; debe también incentivar la apropiación de los parámetros y los valores para asumir su responsabilidad social con sus comunidades, regiones y grandes propósitos nacionales.

El reto es inmenso y la educación superior no solo debe satisfacer contenidos, competencias y capacidades, también debe formar, pero a la vez, exigir a los estudiantes que se planteen las grandes reflexiones que nos conduzcan hacia la transformación productiva, a luz de la innovación, la investigación y la ciencia.

Estoy convencido de que una mayor pertinencia educativa permitirá que nuestra gente proponga respuestas creativas a los retos y las oportunidades que la sociedad le impone. En últimas, la educación pertinente debe hacernos seres más felices y capaces de enfrentar las situaciones de la vida real. Menos teoría y más aprendizaje.

Camilo Montes Pineda

Gerente del Programa de Transformación productiva.

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