Los clubes de fútbol son un negocio más personal

El modelo con el que opera la mayoría de los equipos en Colombia no está diseñado como una gran estrategia empresarial. Por el contrario, el fútbol profesional está estructurado de tal manera que solo sirve para buscar rentabilidad comprando jugadores baratos y vendiéndolos costosos.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
septiembre 05 de 2014
2014-09-05 01:40 a.m.

En Colombia, la expedición de la Ley 1445 de 2011 no permitió la transformación de los clubes de fútbol. Lo que aprobó fue la conversión de los derechos, aportes o donaciones de las corporaciones sin ánimo de lucro, en acciones o títulos valores.

En consecuencia, tal decisión facilitó a los antiguos propietarios de los derechos adquirir el manejo de las nuevas sociedades sin aporte económico alguno. Ha servido como instrumento para realizar inversiones de papel.

El Superintendente de Sociedades, en un artículo de opinión de El Tiempo (27 de marzo del 2013), nos recuerda “El éxito de la Ley de Fútbol” y, ahora, en otro artículo de opinión de Portafolio (27 de agosto del 2014), nos pregunta “¿Los clubes de fútbol son empresas o democracias populistas?”.

Una de nuestras grandes discrepancias en la Comisión Tercera del Senado era que, mientras usted apoyaba la conversión de los derechos, aportes o donaciones en acciones o títulos valores, yo abogaba por la transformación o liquidación de estas corporaciones para convertirlas en sociedades anónimas de acuerdo al Código Civil. El gran lobby que se vio en el Congreso y en la Presidencia de la República fue precisamente por estas dos palabritas.

Al consagrarse en la Ley la conversión, ustedes le metieron un gol a la legislación colombiana. Pasaron de ser asociados de unas corporaciones sin ánimo de lucro a mayores accionistas de estas nuevas sociedades anónimas, sin aportar un solo peso. Fue un movimiento de papel y no de inversión. Lo que permitió que en estas corporaciones el control y las decisiones administrativas se limitaran a unas cuantas personas fue el Decreto 1057 de 1985 (declarado nulo por el Consejo de Estado), que autorizó que el asociado podía “tener tantos votos como títulos de aportación posea el afiliado”. Luego, la Ley 181 de 1995 dispuso “que ninguna persona natural o jurídica podría tener más del 20 por ciento de los títulos de afiliación, acciones o aportes de tales clubes”.

Cuando inversionistas quisieron comprar derechos en estos clubes, para tener una mayor participación en su control y manejo, sus comités ejecutivos cerraron la emisión de estos, para así no perder el control en sus asambleas. Prefirieron llevar a sus clubes a la quiebra antes de permitir la participación a terceros.

La dirigencia del fútbol no quiso que la ley consagrara la transformación porque, de acuerdo con el Código Civil, tenían que mandar a estos clubes a liquidación y a subasta pública. ¿Se imagina lo que habría sucedido si al fútbol colombiano le hubieran llegado inversionistas estratégicos con capital fresco? Que muchos de los actuales dueños de esos clubes y dirigentes como los señores Luis Bedoya y Ramón Yesurum no estarían en sus cargos porque los nuevos comités de la Fedefútbol y la Dimayor estarían conformados por gente distinta.

En la estructura actual del fútbol colombiano, el Estado les da a los clubes de fútbol los estadios, con sus debidos mantenimientos y remodelaciones, los socios e hinchas compran sus boletas, los patrocinadores públicos como privados les dan el dinero para que funcionen, el Grupo Empresarial Ardila Lulle les regala los dineros para que paguen los parafiscales y financia el torneo, la transmisión de los partidos de fútbol es gratis, los derechos de televisión los recauda la Dimayor y a todos sus participantes les gira una suma determinada, los uniformes y balones se los regalan, etc.

Señor Superintendente, ¿dónde está la inversión y transparencia de la que usted tanto habla, si todo es regalado? ¿Usted cree que por el hecho de tener una contabilidad formalmente correcta y que sus libros estén debidamente empastados y registrados, ya nos adelantamos a Uefa y tenemos el control sobre las finanzas de estas nuevas sociedades anónimas? ¡Por Dios!

¿Sabe por qué en el fútbol colombiano no hay inversión privada? Porque, como es un negocio más personal que empresarial, no hay seguridad jurídica ni rentabilidad.

Para invertir en un club de fútbol colombiano hay que comprarles las acciones a los antiguos dueños de las corporaciones a un precio escandaloso, hay que pagarles el préstamo que Findeter les dio a estas nuevas sociedades anónimas para que pagaran las deudas que ellos adquirieron en sus respectivas corporaciones y, por último, toca sacar un billete largo para capitalizar la sociedad. Como comprenderá, no hay una tasa interna de retorno que justifique su inversión.

Este es un negocio muy riesgoso. Los clubes de fútbol solo son pasamanos entre el empresario, el jugador y su junta directiva. El fútbol en Colombia está estructurado de tal manera que solo sirve para comprar y vender jugadores a un peso, reportarlo por cincuenta centavos y venderlo por mil.

Germán Casas Torres
Socio Club Los Millonarios
 

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