Colciencias y el desarrollo de Colombia

El lento avance de la ciencia en el país se refleja en el bajo nivel de desarrollo económico y social.

Redacción Portafolio
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octubre 05 de 2012
2012-10-05 12:36 a.m.

Esta entidad fue creada en 1968 para impulsar el desarrollo científico, tecnológico y de innovación de Colombia. Inició su actividad en febrero de 1969 con un presupuesto de $7 millones. Sobrevivió y avanzó gracias a la cooperación internacional, y a no pocas macrodosis de trabajo y austeridad de su gente y sus directores.

En sus 43 años de operación es mucho lo que ha logrado, pero es aún más lo que falta. Y esa falta, al prolongarse en el tiempo, le hace daño al país.

El lento avance de la ciencia en el país se refleja en el bajo nivel de desarrollo económico y social.

Porque el progreso técnico, fruto del avance científico-tecnológico, y la innovación, resultado de las aplicaciones del conocimiento a la producción de bienes y servicios competitivos, son las verdaderas locomotoras de la prosperidad y el desarrollo.

Si hay duda, basta con mirar a Suiza, Alemania, Finlandia o los países del sureste asiático.

Para la naciente entidad, en la segunda mitad del siglo pasado, cuando fue fundada, el primer desafío era sobrevivir y, al mismo tiempo, impulsar actividades científicas generadoras de conocimiento, principalmente las de creación de capital intelectual, fomento de la educación para la ciencia e impulso a la capacidad de investigación.

En estos campos, Colciencias y el país han logrado recorrer un trecho considerable.

Por fortuna, ha contado con el apoyo honesto y continuo de los diversos gobiernos a lo largo de su existencia y se ha mantenido a salvo de escándalos de corrupción o intervenciones políticas nocivas.

El proceso de avance en el desarrollo científico y tecnológico, sin embargo, es lento.

Para un progreso acelerado se requieren la orientación y el apoyo firme del Estado.

La primera la dan las prioridades, las políticas públicas y las estrategias que sean establecidas para su ejecución; el segundo está en los recursos institucionales y económicos, destinados a volver realidad los planes y programas resultantes de la acción estratégica. Pero, ante los problemas socioeconómicos y de seguridad que hoy demandan la atención del Gobierno, el desarrollo científico-tecnológico, el progreso técnico y el impulso a la cultura de innovación parecería que van teniendo cada vez menos prioridad en sus políticas y planes de acción; esto, sin percatarse de que es en estos donde comenzarían las soluciones.

Produce gran pena que nuestra clase política parece no tener claridad sobre las prioridades que convienen al país, ya que la inversión en desarrollo científico-tecnológico es cada vez menor.

El progreso técnico, ya lo dijo Robert Solow, premio Nobel de Economía y profesor del MIT, es el factor de producción predominante, por encima de la mano de obra, el capital financiero y los recursos de la tierra, es decir, es el que da al país la capacidad de producir bienes y servicios generadores de riqueza y bienestar.

Nacen así la economía y la sociedad del conocimiento; y Colombia no puede aislarse, dar la espalda o tratar de existir fuera de ellas.

Por el contrario, tiene que integrarse y ser un actor sobresaliente ante este nuevo paradigma del desarrollo económico. Colciencias fue creado con ese propósito.

En la reciente convención científica de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia se escucharon estos conceptos.

El conocimiento y la información “son las armas termonucleares de nuestro tiempo”, afirmaba Thomas Steward, en su obra ‘Capital intelectual, la nueva riqueza de las organizaciones’ (Doubleday, 1999). Otro intelectual, Juan Henríquez Cabot, un profesor de la Universidad de Harvard, en conferencia que dictó a principios de este siglo, decía que “cuando nos ponemos de espaldas al avance del conocimiento parece que nos creyéramos inmunes, aunque nadie lo es, al atraso en la innovación, la ciencia y la tecnología”.

Decía también que los países cuyos gobiernos solo se preocupan por los asuntos fiscales, controlar su inflación y presupuesto, explotar recursos naturales, pero no imponen políticas para generar, transferir y adoptar nuevos conocimientos, se pueden volver irrelevantes y desaparecer, o en el mejor de los casos ser cada vez más pobres. “Porque si esta es una economía del conocimiento, y un país no lo genera, o no está en capacidad de aplicarlo y convertirlo en bienes y servicios, no tiene futuro”.

Esta es la filosofía que han entendido y aplicado los países desarrollados, como Estados Unidos., Alemania, Francia, Gran Bretaña, Suiza, Japón, así como otros en proceso de desarrollo, pero con altas tasas de crecimiento socioeconómico, como Finlandia, Corea, Singapur, Taiwán, China e India.

No solo han comprendido el concepto y promulgado políticas certeras para el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación, sino que han tenido la voluntad política de apoyarlas con recursos y mantenerlas en el tiempo.

Celebramos la reciente designación por el Gobierno de un nuevo Director de Colciencias. Saludamos al doctor Carlos Fonseca y le deseamos el mejor de los éxitos en su gestión.

Alberto Ospina T.

Exdirector de Colciencias

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