Complacencia con la inflación

Es temerario creer que la cuestión es simplemente esperar a que durante el segundo semestre de este año el crecimiento económico se estanque para que se ‘corrija’ el rumbo inflacionario. Se está desatando un brusco ajuste de precios que obliga al Banco de la República a actuar de inmediato.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
marzo 19 de 2015
2015-03-19 02:15 a.m.

Es sorprendente, pero entre el cuarto trimestre del 2014 y el primer trimestre del 2015, las perspectivas de la economía colombiana han cambiado radicalmente.

La caída del precio del petróleo y la abrupta devaluación del peso colombiano, dos eventos separados, pero relacionados, han tenido toda una serie de repercusiones, algunas insospechadas, cuya manifestación será crecientemente evidente.

Por ejemplo, la balanza comercial, y la balanza de pagos, pasaron casi inmediatamente de un déficit tolerable a uno catastrófico, con un déficit en cuenta corriente que este año puede llegar al 6 por ciento del Producto Interno Bruto. Y la inflación, que ya iba al alza, cocluyendo el 2014 en 3,7 por ciento, se disparó, cerrando febrero, en 4,4 por ciento. La tasa de intervención del Banco de la República, de 4,5 por ciento, ha dejado el costo del dinero en un valor real cercano a cero.

Esta es una ‘situación’ de política monetaria más propia de las economías desarrolladas que llevan varios años postradas y que poseen monedas aún fuertes, con las cuáles se han podido dar el lujo de llevar a cabo una política monetaria ultraexpansiva.

Las presiones inflacionarias han estado presentes durante varios años, pero habían sido neutralizadas por un ancla muy efectiva en la gran fortaleza cambiaria del peso colombiano. La junta directiva del Banco de la República ha mantenido una posición relativamente laxa frente a la inflación, dando un amplísimo rango al objetivo de inflación, ‘tan amplio que sea imposible errar’ (2 a 4 por ciento).

Si las cifras de inflación hubiesen sido mejores en los últimos años, las tasas de interés hubiesen podido bajar más, dando mayor estabilidad al desarrollo económico. Como quiera, esa oportunidad quedó por ahora en el pasado.

Desafortunadamente, el ancla se soltó, el peso colombiano quedó a la deriva y la inflación se elevó a niveles que perjudican seriamente el futuro crecimiento económico del país. Algunos miembros de la junta directiva del Emisor, ante los datos de inflación de febrero, salieron rápidamente a minimizar la gravedad de la situación, aduciéndola a un fenómeno ‘temporal’. Los mercados cambiarios durante marzo no han compartido esta opinión. La devaluación suma ya 40 por ciento en menos de un año.

Las expectativas sobre la tasa de cambio futura están desbordadas, con muchos agentes preparándose para tasas por encima de 3.000 (pesos por dólar) en pocos meses. Es inevitable que esta situación incida muy negativamente sobre el incremento de los precios internos, la economía colombiana no constituye un gran mercado, ni es autosuficiente, ni esta aislada.

De hecho, durante los últimos 10 años, la participación del comercio exterior dentro del PIB se ha más que triplicado. Aún los sectores ‘no transables’ como la construcción, aunque intensivos en mano de obra local, tienen ahora altos componentes de insumos importados. Los importados también participan hoy en día en el consumo habitual de hasta los más humildes, vía prendas de vestir, productos para el hogar y gadgets.

Todavía más, la inflación, aun sin la devaluación, estaba ya en aumento, pues del 2013 al 2014 saltó de menos del 2 por ciento al 3,7 por ciento. Toda la gama de activos inmobiliarios completa una década con sus precios creciendo a tasas superiores al 10 por ciento anual. La cartera de los bancos llegando a tasas de entre el 10 y 20 por ciento. Y el desempleo, en franca disminución, cerró el año en 7,7 por ciento, un mínimo decembrino en la historia reciente del país.

Es temerario, por lo tanto, creer que la cuestión es simplemente esperar a que durante el segundo semestre de este año el crecimiento económico se estanque para que se ‘corrija’ el rumbo inflacionario. Se está desatando un brusco ajuste de precios que obliga al Banco de la República a actuar de inmediato, subiendo la tasa de intervención. Este solo movimiento neutralizará parcialmente las expectativas inflacionarias desbordadas y, adicionalmente, ayudará a controlar la excesiva devaluación, mejorando el atractivo de Colombia para los capitales extranjeros.

Louis Kleyn

Consultor empresarial

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