El concepto de calidad de la educación en Colombia

Está pendiente un debate académico sobre la calidad requerida en una sociedad de valores trastornados.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 26 de 2011
2011-10-26 12:50 a.m.

 

Para un observador cuidadoso de los procesos educativos, indagando por los orígenes, las macroorientaciones internacionales y los resultados de la educación en el país, es posible entrever, por lo menos, tres enfoques diferentes de la calidad.

Obviamente, dando por descontado a quienes confunden calidad con cobertura.

Una es la educación recomendada por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (Ocde) y con la cual, suponen sus orientadores, se elaboran las reformas del sector educativo con miras al desarrollo económico de los respectivos países; y que, incluso en Colombia, según la percepción de muchos, se aplica literalmente.

Para esta organización, una educación de calidad requiere considerar la formación en competencias en tres ejes:

El uso de herramientas para la interactividad, por la necesidad de estar al día con las tecnologías para adaptarlas a los requerimientos propios y para la conducción del diálogo activo con el mundo.

Estos procesos requieren competencias en el uso interactivo del lenguaje, los símbolos y los textos; uso interactivo de conocimiento e información, y de tecnologías de información.

Interacción en grupos heterogéneos, por la necesidad de relacionarse con la diversidad en sociedades plurales, la importancia de la empatía, y del ‘capital social’: competencias para relacionarse con los otros; para cooperar y trabajar en equipos.

Manejo y resolución de conflictos

Actuar autónomamente, porque es necesario realizar la propia identidad y establecer objetivos, en el mundo complejo. Como es necesario ejercer los derechos y asumir responsabilidades, así como entender su propio medio y su funcionamiento, se requieren competencias para actuar en amplios campos de la vida social y cultural; para formar y conducir planes de vida en proyectos personales; para defender y asegurar los derechos, límites y necesidades personales.

Otras, segunda y tercera concepciones de calidad, son las exigidas por el Estado colombiano. Una es la calidad buscada en los procesos de acreditación de las universidades y los procesos con los cuales se miden los logros en todo el sistema.

La calidad buscada con la acreditación voluntaria persigue fines amplios porque su objetivo general es la formación integral de los estudiantes ante la exigencia que el CNA (Consejo Nacional de Acreditación) les hace a las instituciones en lo relacionado con los niveles de formación, investigación y producción académica de los profesores; la integración y la flexibilidad de los currículos; el bienestar universitario, la extensión y la proyección social; la infraestructura informática, física, técnica y administrativa; incluso se considera el tratamiento y seguimiento que la universidad hace a sus egresados.

Ante estas demandas, no hay duda de los esfuerzos de las instituciones para que sus profesores publiquen, investiguen y formen semilleros de investigación con los estudiantes.

Así, necesariamente, los egresados deben tener la mejor calidad por su capacidad de andar solos en la búsqueda del conocimiento y aplicarlo en las mejores condiciones al ejercicio de su profesión.

Sin embargo, estos avances en el sistema de acreditación no son correspondidos con el sistema de pruebas del Estado porque, por los resultados, en el Icfes (el organismo encargado de practicar este tipo de pruebas en el sistema de educación), se tiene implícitamente una concepción de calidad de la educación diferente de la propiciada por el CNA, incluso en Conaces (Comisión Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior), que para otorgar los registros calificados a los programas de pregrado, maestrías y doctorados, también exigen el cumplimiento de condiciones para garantizar calidad similar a la exigida por el CNA.

Por el contrario, las pruebas de Estado fundamentan la calidad en la capacidad de repetir saberes, denominados competencias, que las instituciones universitarias les han transmitido por recomendaciones del mismo Estado, sobre todo en las capacitaciones docentes y las recomendaciones a las universidades.

Son diversas las pruebas aplicadas al ingreso a las universidades, las pruebas Saber, Ecaes. Sus resultados conllevan a clasificaciones y competencias entre las imágenes de las instituciones de los diferentes niveles. En general, son pruebas orientadas a recuperar en la memoria saberes considerados por sus diseñadores prioritarios en el aprendizaje de los estudiantes.

Se nota así la exclusión de la capacidad crítica, de interacción, de formación para la autonomía, incluso de la flexibilidad y la transdisciplinariedad de los saberes, tan recomendados por el CNA en acreditación, incluso por la Ocde.

A los anteriores enfoques de la calidad se puede comentar una cuarta como posibilidad: perspectiva de la educación centrada en la conversión del estudiante como agente interactivo con el maestro en su propia formación integral, de los aspectos cognitivos, sociales y de su propia personalidad.

Esta concepción es contraria a los intereses que mueven el concepto de calidad en dos de los primeros enfoques, hacer del estudiante un ser más productivo.

La formación integral, aunque se menciona frecuentemente, ha sido excluida de las pruebas en el país, aunque varias universidades por su propia concepción y por las exigencias para la acreditación la han mantenido con buenos resultados.

Está pendiente en el país un debate académico sobre la calidad de la educación requerida en una sociedad con muchos valores trastornados, como la transparencia y la honestidad, la justicia, la equidad y el respeto al otro. Por lo visto, los 5 últimos presidentes se han debido sentir muy frustrados al final de sus mandatos, porque, aunque han incluido en sus planes de desarrollo educativo una educación para la paz, los resultados no han mostrado ni interés ni cambios importantes con implicaciones para la creación de una cultura de la tolerancia, de diálogo, en fin de rechazo a toda forma de violencia.

Luis Alfonso Ramírez Peña 

Ex rector de la Universidad Distrital

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