Fin del conflicto colombiano: entre la guerra y el diálogo

Hay dos maneras de ponerle fin definitivo a la guerra colombiana: mediante el enfrentamiento armado, o a través de una negociación. Ninguno de los dos caminos es fácil de recorrer.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
junio 16 de 2014
2014-06-16 02:14 a.m.

El conflicto armado en Colombia se inició en 1948 con el asesinato en Bogotá del jefe liberal Jorge Eliécer Gaitán. El magnicidio no tuvo un móvil político partidista, pero creó un levantamiento popular violento.

Durante el gobierno de Guillermo León Valencia se crearon las llamadas ‘Repúblicas Independientes’, una fue la situada en Marquetalia, cuyos jefes eran de tendencia comunista, donde se encontraba alias ‘Manuel Marulanda’. A raíz de esto, en varias regiones se crearon diferentes tipos de bandas armadas irregulares, tanto por parte de sectores afines al Gobierno como de miembros del partido comunista.

Al día de hoy y tras 50 años de conflicto, ni el Estado colombiano ni los grupos armados han conseguido la paz.

Aunque en su versión actual el conflicto armado en Colombia se viene desarrollando desde hace más de 50 años, analistas nacionales e internacionales sostienen que sus antecedentes históricos están arraigados en la violencia partidista de la década de los cincuenta.

La gran pregunta es ¿Cuál es el mejor camino para lograr acabar con el conflicto político armado en Colombia?

LOS COSTOS DE LA GUERRA

Hay dos caminos, uno, lograr la paz con sangre, mediante el enfrentamiento de los actores armados, este modelo se llama enfrentamiento guerrero o pacificación.

¿Cuál sería el costo-beneficio de obtener la paz mediante este modelo? Colombia ha tenido un creciente gasto militar por parte del gobierno, al punto en que hoy en día invierte cerca de 3,7 por ciento de su PIB al presupuesto de sus fuerzas armadas (Yuber H. Rojas Ariza).

Pero, ¿cuánto cuesta la guerra? El gasto directo en el sector defensa en los últimos diez años ha sido de 220 billones de pesos. El conflicto cuesta 12 billones de pesos al año. Mientras que para financiar la paz, el país tendría que destinar cerca de 2 puntos de su PIB anual durante la siguiente década.

En el 2014 hay destinados 22,6 billones de pesos para Defensa, ese rubro equivale al 17,9 por ciento del presupuesto nacional (Juliana Castellanos). Por otro lado, Colombia en conflicto crece a casi el 5 por ciento, mientras que la paz permitiría un crecimiento de entre 1,5 y 2 puntos adicionales del PIB (Kalmanovitz). Los costos de la guerra resultan demasiado altos frente a los beneficios de la paz. Además, es que si se responde con la fuerza del Estado habrá muchas víctimas inocentes.

NEGOCIACIÓN POLÍTICA

La otra alternativa es realizar una negociación política.

Negociar para que el gobierno decida no pelear más y todo vuelva al estado inicial: la guerra se hace para eliminar los males que ella misma produce.

En Colombia se ha intentado en varias ocasiones alcanzar la paz mediante una negociación, con muy malos resultados por cuenta de llevar el modelo sin cumplir con los mecanismos fundamentales para el éxito.

El modelo de negociación de la Universidad de Harvard (PON), es el adecuado porque tiene un fundamento paradigmático de los procesos modernos de negociación y de los mecanismos para manejar los conflictos bélicos, laborales, legales u otros, cuyo enfoque principal debe ser el de los intereses de las partes (Ertel 1996).

Es decir, la variable importante del modelo son los intereses y no las posiciones. Las Farc y el Gobierno lograron un acuerdo marco que determinó los intereses de ambos y se constituyó en una hoja de ruta con las reglas que permiten el diálogo.

Los profesores Fisher y Ury crearon una alternativa que protege de aceptar, como de rechazar una propuesta, ella es el MAAN (Mejor Alternativa para un Acuerdo Negociado).

La razón para negociar es obtener algo mejor de lo que se obtendría sin negociar. El MAAN es el criterio con el que se debe juzgar cualquier propuesta.

El Gobierno señaló tres alternativas para escoger el acuerdo de paz juzgado por el MAAN: congelar los diálogos durante la época laboral; levantarse definitivamente de la mesa de negociación y seguir adelante el proceso hasta llegar al acuerdo final. El Gobierno Nacional no debe estar nunca dispuesto a aceptar un acuerdo negociado que no satisfaga sus intereses mejor que su MAAN.

Negociar con los enemigos no es una tarea fácil, esto señala la situación que enfrenta el Gobierno y las Farc. Es lo que el profesor Robert Mnookin Director del Programa de Negociación de Harvard publica en su libro “Negociando con el Diablo”, en donde establece la complejidad de una negociación cuando nos encontramos con negociadores que buscan dañarnos (en este caso las Farc). Entonces, aquí surge la pregunta: ¿Debe usted negociar con el diablo? ¿Qué hacer con grupos terroristas que tienen rehenes en su poder?

Cuando Mnookin se refiere al “diablo” quiere decir un enemigo que lo ha perjudicado intencionalmente en el pasado y aparece dispuesto a perjudicarlo en el futuro.

El Gobierno aceptó negociar con las Farc, no se puede esperar hacer la paz con el enemigo si no está dispuesto a negociar.

Si decide no negociar, ¿qué puede hacer unilateralmente sin los diálogos con las Farc? Una alternativa puede ser no hacer nada, salirse del trato e ignorar el conflicto, otra, puede ser encontrar otro negociador.

Fernando Llinás Toledo

Consultor privado

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