Consultorio/No todos bailan tango

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 29 de 2014
2014-01-29 11:32 p.m.

En los últimos días los activos financieros de mercados emergentes sufrieron importantes desvalorizaciones, impulsadas por fuertes presiones cambiarias en Argentina, Venezuela y Turquía, y por una renovada preocupación sobre el crecimiento económico en China. En nuestra opinión, la presión sobre otros mercados emergentes y sobre el colombiano podría prolongarse por algunas semanas más. No obstante, creemos que este episodio es transitorio, pues las situaciones que detonaron esta turbulencia son muy específicas de países con debilidades estructurales, en su mayoría, y no reflejan las enormes diferencias en el nivel de vulnerabilidad externa de cada una de las economías en el mundo emergente.

Argentina fue el principal foco de atención la semana pasada. El jueves, el Banco Central de ese país (el BCRA) permitió una fuerte devaluación del peso al suspender la intervención cambiaria que ha venido realizando (venta de dólares para mantener controlado el valor de la moneda). La decisión pudo estar motivada por la significativa disminución de las reservas internacionales, la cual se había intensificado en los últimos meses y ha aumentado la probabilidad de una crisis en las cuentas externas del país.

En efecto las reservas internacionales han caído constantemente desde un máximo de 53 mil millones de dólares a comienzos del 2011, hasta 29,7 mil millones en la actualidad; solamente en la primera mitad de enero la caída fue de mil millones. Simultáneamente, el Gobierno anunció la flexibilización parcial del mecanismo de control de capitales que restringe la compra de dólares. Así, el peso retrocedió 13 % en los últimos dos días de la semana pasada y ya acumula una pérdida de 20 % en lo corrido del año.

Lo que ocurre en Argentina es un clásico caso de políticas económicas inconsistentes e insostenibles. Para financiar su creciente déficit fiscal, el Gobierno ha recurrido a emisión monetaria por parte del BCRA, lo cual ha generado presiones inflacionarias y devaluacionistas. Para contener estas presiones, y en ausencia de disciplina fiscal o monetaria, el Gobierno ha impuesto estrictos controles de precios y cambiarios. Las medidas para evitar una devaluación nominal, entre ellas la venta de dólares, han ocasionado una sobrevaloración de la moneda, lo que se evidencia en el mercado paralelo donde el dólar se transa alrededor de 12 pesos, mientras que el nivel oficial es de 8 pesos. Adicionalmente, la elevada inflación (cercana a 28 %) ha impulsado una apreciación de la tasa de cambio en términos reales, ocasionando un deterioro de la cuenta corriente (deterioro de las exportaciones relativo a las importaciones) hasta el punto de que ya es deficitaria. Para cubrir los faltantes de la cuenta corriente y de la cuenta de capitales, el BCRA ha tenido que vender reservas internacionales.

Estos problemas estuvieron ocultos por mucho tiempo debido a la devaluación que sufrió el peso argentino luego del colapso económico en el 2002 y por los altos ingresos de las exportaciones gracias al auge los precios de los granos en los últimos 10 años. Estos eventos generaron un superávit en la cuenta corriente, lo cual era suficiente para hacer pagos de la deuda externa reestructurada y para acumular reservas internacionales. Sin embargo, según lo explicamos previamente, la apreciación real de la tasa de cambio y la ampliación del déficit fiscal financiado a través de emisión monetaria, deterioraron la cuenta corriente, erosionaron las reservas internacionales y ahora afectan la capacidad del Gobierno para seguir honrando su deuda externa.

No es claro si esta devaluación será de una sola vez y si el BCRA retomará su régimen de tasa de cambio semifija, o si es el inicio de un régimen cambiario más flexible. Si es lo primero, se corre el riesgo de que la caída de las reservas internacionales se acelere. Si es lo segundo, se requeriría un ajuste fiscal y una política monetaria menos expansiva, pero el Gobierno no parece dispuesto a hacer esos cambios, lo cual generaría mayores presiones inflacionarias.

La compleja situación en ese país podría tener un impacto en Brasil, ya que Argentina es su tercer socio comercial. Brasil es una de las economías más grandes en el mundo emergente, pero su crecimiento es débil, lo cual la hace más vulnerable a un deterioro en Argentina y aumenta el riesgo de contagio hacia el resto de los mercados emergentes. Tal vez por eso es que la reacción de los mercados ha sido tan negativa, especialmente a través de la devaluación generalizada de las monedas en países emergentes, que conducen a un menor atractivo y desvalorizaciones de activos denominados en monedas locales como los bonos y las acciones.

No obstante, creemos que la situación en Argentina (y en otros países que han estado en el epicentro de esta turbulencia de mercados emergentes) es diametralmente opuesta a la que se vive en otros países de la región como Chile, Perú, México o Colombia. La vulnerabilidad externa de estos últimos es significativamente menor, y creemos que el creciente optimismo frente a la evolución de las economías desarrolladas serán factores positivos para su fortalecimiento a lo largo de este año.

En nuestra opinión, luego de este pánico generalizado vendrá un episodio de diferenciación por parte de los inversionistas, y los países con fundamentales sólidos, incluido Colombia, saldrán beneficiados, al igual que sus activos financieros para los cuales anticipamos una recuperación. Sin embargo, el sentimiento del momento es negativo y creemos que los mercados emergentes seguirán registrando volatilidad y se mantendrán débiles en las próximas semanas.

Andrés Pardo Amézquita, gerente de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.

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