Consultorio/ Permanentemente temporal

Preocupa la permanencia de un impuesto sobre el patrimonio, por considerarlo anti-técnico. Una empresa con un patrimonio alto no necesariamente es ‘más rica’ que una con menor patrimonio, especialmente si sus utilidades son bajas.

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
octubre 09 de 2014
2014-10-09 11:50 p.m.

La propuesta de reforma tributaria es relativamente balanceada, aunque con cierto sesgo bajista en lo que concierne a sus efectos sobre el crecimiento económico en el 2015. Lamentamos que se esté dejando pasar la oportunidad de hacer una reforma estructural y que se mantengan impuestos anti-técnicos.

Creemos que las necesidades de gasto que han surgido requerirán mayores ingresos fiscales después del 2015 y anticipamos una nueva reforma en los próximos dos años.

¿Sorpresa? No. Desde antes del 2014 se sabía que el desmonte del 4 por mil comenzaría en el 2015, y que el impuesto al patrimonio desaparecería al finalizar este año, lo que significaba 8 billones de pesos menos de ingresos el próximo año. Incluso, era claro que las proyecciones fiscales del Gobierno en junio eran inalcanzables si se vencían estos impuestos y si no había reforma.

La principal propuesta es la creación de otro impuesto sobre el patrimonio hasta el 2018, que sustituirá el actual por uno llamado ‘impuesto a la riqueza’. Los patrimonios menores a mil millones de pesos serán exentos y la tarifa aumentará en la medida que sean más altos: 0,2 % de mil a 2 mil millones; 0,35 % de 2 a 3 mil millones; 0,75 % de 3 a 5 mil millones; y 1,5 % de 5 mil millones para arriba. Los rangos y tarifas son los mismos del impuesto al patrimonio vigente (excepto la tarifa del rango más bajo que pasará de 0,25 % a 0,2 %), pero la aplicación de estas últimas será marginal.

Esto significa que el impuesto se calculará por tramos y no sobre el total del patrimonio. Por ejemplo, con el impuesto al patrimonio vigente, un patrimonio de 2,5 mil millones paga 0,35 % anual, u 8,8 millones. Con el nuevo impuesto a la riqueza pagará 0,2 % para los primeros 2 mil millones, y 0,35 % para los restantes 0,5 mil millones, para un total de 5,8 millones. En consecuencia, la tarifa efectiva del impuesto a la riqueza es menor que la del impuesto al patrimonio cuando se calculan sobre un mismo valor.

Esto no necesariamente genera un alivio en la carga impositiva, como dijo el Gobierno, porque el impuesto al patrimonio se calculaba sobre el patrimonio existente en el 2011, mientras que el impuesto a la riqueza se calculará sobre el del 2015.

El promedio de los patrimonios ha aumentado desde el 2011, así que la tarifa efectiva del impuesto al patrimonio ha venido cayendo y al comparar la del 2014 con la del 2015, se observa que aumentará en muchos casos. Por ejemplo, un patrimonio de 2,5 mil millones de pesos en el 2011 debía pagar 0,35% de ese valor cada año, u 8,8 millones, del 2011 al 2014.

Si asumimos una valorización de 40 % en el patrimonio desde el 2011, ascendiendo a 3,5 mil millones actualmente, entonces los 8,8 millones que se pagan en el 2014 corresponden a una tarifa efectiva de 0,25% y no de 0,35 %. Con el nuevo impuesto a la riqueza, que se calcula sobre el patrimonio actual, el pago será de 11,3 millones (tarifa efectiva de 0,32%) (más ejemplos en el cuadro adjunto).

En efecto, el recaudo del impuesto a la riqueza sería de 6,2 billones de pesos en el 2015, frente a 4,5 billones del impuesto al patrimonio este año, así que no hay un alivio generalizado. Tampoco es un aumento excesivo con respecto a las condiciones vigentes como para que produzca un fuerte impacto en el crecimiento económico del 2015 (incluso la carga sería relativamente similar a la del 2011), especialmente porque solamente 0,2 billones provendrán de personas naturales, y porque únicamente afectará al 0,2 % de la población ocupada y al 12 % de las empresas.

Nos preocupa la permanencia de un impuesto sobre el patrimonio, por considerarlo anti-técnico. No nos gusta que se presente como equitativo y progresivo. Una empresa con un patrimonio alto no necesariamente es ‘más rica’ que una con menor patrimonio, especialmente si sus utilidades son bajas.

‘Los ricos son los dueños de las empresas; no las empresas’, dice Fedesarrollo, pero los dividendos que reciben esos ‘dueños’ son exentos de impuestos. Por esta razón, resulta más atractivo para una empresa repartir sus utilidades a los accionistas en vez de reinvertirlas, lo que genera una traba permanente sobre la inversión. En parte por esto preferimos un impuesto sobre los dividendos y no sobre el patrimonio.

Otro aspecto de la reforma es la adopción de una sobretasa al impuesto sobre la renta para la equidad, conocido como CREE, hasta el 2018. La mayor tarifa solo aplicará sobre la porción de las utilidades que exceda los mil millones de pesos, o sea que es de tipo marginal. Esto compensa ligeramente uno de los problemas del impuesto a la riqueza, pues la sobretasa no afectará a empresas con patrimonios altos y utilidades bajas.

Esta medida también tendrá algún impacto negativo sobre la inversión en el 2015, aunque moderado, considerando que solamente afectará al 2,5% de las empresas y que las tarifas son marginales.

Finalmente, se propone prorrogar la tarifa del 4 por mil hasta el 2018, en vez de que caiga a la mitad el próximo año. Su impacto sobre el crecimiento económico en el 2015 será neutral, pues se mantendrían las condiciones vigentes de este impuesto.

No somos partidarios de mantener el 4 por mil por considerarlo anti-técnico, pero desde el año pasado anticipamos que se incluiría en la reforma tributaria. Nos preocupa la supuesta transitoriedad de este impuesto, del de la riqueza y de la sobretasa al CREE hasta 2018; no nos extrañaría que permanezcan después de ese año.
 

Andrés Pardo Amézquita
Gerente de Investigaciones
Económicas de Corficolombiana


Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado