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El sesgo de la política monetaria en la Eurozona se dirige a un mayor relajamiento, lo que confirma que las preocupaciones de un retiro prematuro del estímulo monetario en los países avanzados son infundadas. Europa debe evitar caer en la deflación.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 23 de 2014
2014-01-23 04:10 a.m.

La inflación en la Eurozona sigue desacelerándose y se acerca a sus mínimos históricos. Este comportamiento ha aumentado la probabilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) adopte medidas adicionales de estímulo.

De esta forma, el sesgo de la política monetaria en Europa se ha tornado aún más bajista, reforzando nuestra expectativa de que el fin de la amplia liquidez global es lejano. En esta columna explicamos los peligros de una inflación muy baja y las posibles medidas que podría tomar el BCE.

La inflación en la Eurozona se redujo a 0,8 % en diciembre, uno de los niveles más bajos en 4 años, y alejándose de la meta de 2 % del BCE.

Más preocupante es el comportamiento de la inflación núcleo (excluye alimentos y energía), la cual se desaceleró a 0,7%, el registro más bajo histórico.

Estas cifras son el reflejo de una economía que está saliendo de su segunda recesión, pero cuya recuperación es anémica y cuya demanda sigue deprimida, afectada por un alto desempleo.

Recientemente, el BCE fortaleció su compromiso de mantener una política monetaria altamente expansiva por un tiempo prolongado, al mencionar que tomaría medidas adicionales en caso de que se deterioraran las perspectivas de inflación.

Las últimas cifras confirman el ambiente desinflacionario que presenta la Eurozona y aumentan la probabilidad de medidas adicionales por parte del BCE.

Un reto que enfrenta el BCE con este debilitamiento de los precios es evitar que la región se suma en la deflación, es decir, evitar que el nivel general de precios descienda o, lo que es lo mismo, que la inflación sea negativa. ¿Por qué es tan peligrosa la deflación?

A nivel macroeconómico, cuando los precios de una economía disminuyen, el gasto se pospone.

La deflación genera una expectativa de que los precios pueden descender aún más, así que la gente decide no consumir hoy, a la espera de precios más bajos en el futuro.

La menor demanda afectará las utilidades de las empresas distribuidoras y productoras de bienes, lo cual afecta su gasto en inversión y conduce a recortes de salarios o de personal para reducir sus costos. Esto aumenta el desempleo y reduce la capacidad de gasto de los hogares, deteriorando aún más el consumo.

A nivel financiero, dado que las deudas de las empresas y de los hogares son fijas en términos nominales, mientras que la deflación reduce las utilidades y los salarios, entonces la capacidad para honrar esas obligaciones se deteriora.

De esta forma, la deflación es una ‘bola de nieve’ que afecta la actividad económica y puede causar una recesión, la cual traería consigo presiones deflacionarias adicionales.

Una vez una economía se sume en la deflación, es difícil escapar de ella. Por ejemplo, la crisis de Japón en los 90 empujó la economía hacia la deflación y solamente hasta hace unos meses hubo señales de que la inflación podría estar retornando a terreno positivo, luego de que el Banco Central anunciara un agresivo plan de estímulo a comienzos del 2013.

Japón ha sufrido casi 15 años de deflación, acompañados de un pobre crecimiento económico promedio anual de 0,8%.

Ahora, la inflación en la Eurozona aún no es negativa, pero el BCE debe evitar los bajos niveles actuales.

Los bancos centrales, principales responsables de cuidar la inflación, necesitan margen de maniobra, y por eso manejan una meta de inflación baja, pero positiva (en Colombia es del 3 %). La meta sirve de ‘colchón’ ante posibles choques de oferta o de demanda que puedan impactar el comportamiento de los precios temporalmente a la baja.

Por ejemplo, un aumento inesperado en la cosecha de alimentos o una crisis económica que deprima la demanda pueden generar presiones a la baja sobre la inflación y esta podría descender temporalmente, sin dejar de ser positiva; pero si la meta fuera el 0 %, estos choques se traducirían inmediatamente en deflación.

Además, sería deseable que la inflación fuera más alta en caso de que la Eurozona sufriera una nueva recaída, lo cual puede ocurrir debido a la fragilidad de la recuperación.

Si la inflación llegara a estar cerca al 0 % durante una nueva recesión, la economía entraría fácilmente en deflación y la capacidad de reacción del BCE sería limitada.

Finalmente, la heterogeneidad de la Eurozona genera mayor urgencia por subir la inflación. Por ejemplo, Alemania está creciendo, aunque a un ritmo moderado, mientras que Grecia atraviesa una profunda recesión económica. De ahí que la inflación del 1,2 % en Alemania sea baja, pero positiva, mientras que la de Grecia es -1,8 %.

Una forma para que Grecia reduzca su brecha de competitividad frente a Alemania es que los precios y salarios aumenten a un menor ritmo al que lo hacen en Alemania.

Eso está ocurriendo, pero como lo inflación en la Eurozona y Alemania es tan baja, entonces Grecia debe hacer el ajuste con inflaciones negativas y recortando salarios, lo cual magnifica la recesión y genera descontento social. Si la inflación fuera más alta en Alemania, Grecia podría hacer el ajuste con una inflación más baja que la alemana, pero al menos sería positiva. Esto se lograría con una mayor inflación en la Eurozona, impulsada por medidas adicionales de estímulo por parte del BCE.

De esta forma, vemos altamente probable que el BCE recorte su tasa de interés de referencia (o la de depósito) en sus más próximas reuniones.

Sin embargo, no descartaríamos que a mitad de año anunciara un programa de inyección de liquidez, similar al de la Reserva Federal en EE. UU. Claramente, el sesgo de la política monetaria en la Eurozona se dirige a un mayor relajamiento, lo que confirma nuestro argumento de que las preocupaciones de un retiro prematuro del estímulo monetario en los países avanzados son infundadas.

Andrés Pardo Amézquita

Gerente de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.

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