Costa Rica y Colombia, a pocos pasos del libre comercio

Es claro que el rumbo de nuestro país, sobre la base de un modelo aperturista, sigue adelante. La tarea para el empresariado nacional tiene que seguir su marcha y el aprovechamiento de las oportunidades será para quienes se sigan preparando sobre la base de una mayor competitividad.

Redacción Portafolio
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mayo 07 de 2014
2014-05-07 12:59 a.m.

En relación con las dinámicas comerciales latinoamericanas, siguen dándose algunos avances importantes para afianzar las relaciones entre algunos de los Estados de la región.

Nuevos e importantes pasos se han dado entre Colombia y Costa Rica en las últimas semanas. Justo el pasado jueves, 24 de abril, se aprobó en el Legislativo del país centroamericano el acuerdo comercial bilateral con Colombia, dando así camino para que solo con la firma de la presidenta Laura Chinchilla, quede superado el proceso, por parte de la nación costarricense.

El otro lado, es decir Colombia, ha avanzado a un ritmo menor, pero realmente satisfactorio.

Ya se superó el primer debate en la Comisión Segunda (encargada de tratar estos temas) del Senado, y se espera que, en no mucho tiempo, la misma comisión, pero de la Cámara de Representantes, haga lo propio, dejando el camino expedito para la firma presidencial y, entonces, poner en marcha el acuerdo negociado durante los dos años anteriores.

El significado de la negociación, firma, ratificación y puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Costa Rica debe leerse desde variadas perspectivas.

No obstante, hay tres de ellas que debieran considerarse esenciales para los intereses de la región y de los actores involucrados.

En primer lugar, es preciso analizar el significado del acuerdo para las dos naciones implicadas. Se hace referencia a la posibilidad de un intercambio comercial que, de acuerdo con el Ministerio de Comercio colombiano, es superior a los US$350 millones, presentándose mayores beneficios para Colombia, pues en el 2013 el flujo de ventas al mercado tico fue de U$277, contra U$79 de compras por parte de Colombia.

Esto es, la balanza comercial es altamente favorable al país. En esta relación comercial se beneficia el sector productivo colombiano en lo que se relaciona con la industria básica y liviana, agroindustria, editoriales, detergentes, materiales decorativos de construcción, derivados del petróleo, eléctricos y una variada manufactura básica.

Costa Rica, por su parte, puede recibir beneficios en áreas puntuales tales como las de la industria agropecuaria, maquinaria y equipos, sector farmacéutico, alimentos, llantas, prótesis, aceite de palma, envases y empaques procesados.

A muy groso modo, se hace referencia al grado de complementariedad, dado que las estructuras económicas de las dos naciones son diferentes, además de su magnitud e impacto en la economía latinoamericana.

Importante anotar, además, que la negociación descansó sobre un laborioso estudio de cinco categorías propicias al desarrollo económico del país, a saber: la consolidación y protección del mercado, afianzar el potencial exportador nacional, atracción y protección de la inversión foránea, factibilidad política, y amplia disposición al libre comercio.

En segundo lugar, la conexión y diálogo entre Suramérica y Centroamérica es de importancia superior.

Durante años se ha evidenciado una fractura entre lo que sucede en Suramérica, sea con las naciones andinas o con las del Cono Sur, y lo que se desarrolla en Centroamérica y el Caribe.

El proceso de acercamiento dado entre Costa Rica y Colombia reduce esas distancias y, sumado a otras estrategias como el Proyecto Mesoamérica, facilita caminos de diálogo entre dos subregiones latinoamericanas que tradicionalmente han estado distantes por múltiples factores.

Por eso es plausible también lo que se ha querido adelantar con Panamá, y los logros alcanzados con el Triángulo Norte, posterior a la puesta en marcha del TLC con los países de la zona (Guatemala, Honduras El Salvador).

Por último, está el significado del TLC para el novedoso esquema de la Alianza del Pacífico.

Este proceso debe considerarse clave entre los avances de maduración del proyecto de acercamiento económico. Si bien Colombia y Costa Rica traen una relación comercial de muchos años, el hecho de tener solo acuerdos parciales entre ellos, en lugar de libre comercio, estaba impidiendo el ingreso de los ticos en el mecanismo de diálogo con los actores del Océano Pacífico. Costa Rica tiene TLC vigentes con México (1994), Chile (1999) y Perú (2011). Ahora, se suma el acuerdo con Colombia que, ya aprobado por el Congreso costarricense, abre plenamente las puertas a su ingreso a la Alianza.

En nuestro país, como se ha dicho, se superó la votación en el Senado. Será, entonces, la Cámara la que dé luz verde a la firma del Presidente y posterior puesta en vigencia.

No obstante la cantidad de críticas que a diario recibe la liberalización comercial, es claro que el rumbo del país, sobre la base de un modelo aperturista, sigue adelante.

La tarea para el empresariado nacional tiene que seguir su marcha y el aprovechamiento de las oportunidades será solo para quienes se sigan preparando sobre la base de una mayor competitividad.

Luis Fernando Vargas-Alzate

Profesor Asistente de Relaciones Internacionales, Universidad Eafit.

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