Coyuntura/ El apoyo a los TLC y el problema agrario

Ha calado la falacia de echarle la culpa de los problemas agropecuarios a los tratados de libre comercio. El problema agrario requiere soluciones de fondo que van más allá del impacto de las importaciones en la producción nacional.

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
octubre 09 de 2013
2013-10-09 12:49 a.m.

Es plausible el apoyo civilizado de los ciudadanos urbanos a los problemas acumulados del campo, al igual que son bienvenidas las voces que claman por el pago de la deuda social que tiene el Estado con nuestros campesinos.

Sin embargo, la euforia y la desinformación no pueden conducir a un diagnóstico equivocado, pues las soluciones podrían ser peores que la propia problemática, menos a presionar con violencia y bloqueos las soluciones.

Achacar los problemas agrarios al proceso de internacionalización de la economía a través de los acuerdos de libre comercio es un planteamiento que se cae fácilmente cuando se confrontan las cifras de la producción nacional frente al volumen de las importaciones y el peso que ellas tienen en el consumo nacional.

Lo grave del asunto es que estos argumentos se van difundiendo a grandes velocidades sin digerirlos y repitiéndolos sin tener conciencia de lo que dicen. Por esto, es necesario un análisis juicioso.

Esto es lo que ha ocurrido con los resultados que arroja la encuesta de percepción reciente de Gallup sobre el apoyo de la ciudadanía a los acuerdos de libre comercio.

Frente a la pregunta está usted de acuerdo/desacuerdo con firmar tratados de libre comercio con muchos países? La respuesta de quienes estaban de acuerdo era de 70 por ciento en octubre del 2012, mientras que bajo el entorno del paro agrario llega a 35 por ciento.

Esto solo lo explica que ha calado la falacia de echarle la culpa de los problemas agropecuarios a un factor que en este momento no tiene una alta correlación como son los acuerdos comerciales.

Ahora, esa misma pregunta habría que formularla acorde a la realidad planteada en la agenda de negociaciones que se trazó el país desde el 8 de noviembre del 2004 en la cual se identificaron factores claves como buscar mejor acceso a nuestras exportaciones, integrarnos con nuestros socios naturales, evitar que las exportaciones colombianas sean desplazadas en terceros mercados y penetrar mercados altamente protegidos, entre otros criterios. Así las cosas, ésta es una política de Estado que trasciende los gobiernos.

Tal vez algunos de los gestores de esta política, olvidan hoy este proceso y apoyan la tesis del problema agrario como resultado de los TLC firmados.

En la práctica, son apenas 9 los acuerdos vigentes en el 2013 y 14 para el 2014 que nos darían acceso a un mercado de más de 1.500 habitantes con alta capacidad de compra.

Hoy, países como Chile tiene 25, Perú tiene vigentes 15 tratados y México ha consolidado 13, todos ellos superan ampliamente el proceso de Colombia.

Pero miremos un momento que ha pasado con el crecimiento del sector agropecuario desde 1990 para ver si su dinámica corresponde a la firma de acuerdos comerciales.

Según las cifras del Dane, el promedio de crecimiento del sector en las últimas cuatro décadas ha estado por debajo del crecimiento de la economía en su conjunto. Solamente en los primeros años de la década del 2000 - 2010, es decir, en los años 2000-2002 el crecimiento agropecuario fue superior al total.

Estoy seguro que la política agropecuaria y rural impulsada en este período explica este cambio en la tendencia, máxime si recordamos la intensidad de la violencia que se vivía en el campo. En cambio, desde el 2003 hasta el 2012 el PIB agropecuario ha sido inferior al PIB total, siendo críticos los años 2008 y 2009 donde el PIB agropecuario cayó -0,4 por ciento y -0,7 por ciento respectivamente. A partir del 2010, comienza un proceso de recuperación pero todavía sin superar al total nacional.

Entonces, si tenemos en cuenta el peso de las importaciones agropecuarias sobre la producción nacional y la fecha de entrada en vigencia de los acuerdos comerciales, es fácil concluir que este proceso de inserción de la economía en los flujos mundiales de comercio y de inversión, no es el factor causante de los problemas agropecuarios que han salido a luz pública.

Así las cosas, los factores que explican la crisis del agro son estructurales y vienen de muchos años atrás. Del adecuado diagnóstico dependen las acertadas soluciones. El problema agrario requiere soluciones de fondo que van más allá del impacto de las importaciones en la producción nacional.

Superar la violencia en el campo que ha sacrificado la fuerza laboral rural, implementar una política rural con enfoque regional que se oriente a desarrollar las potencialidades específicas y a promover las actividades rurales más allá de lo netamente agropecuario.

Estrategias como el mejoramiento sostenido del uso del suelo en actividades de alta productividad que aproveche las demandas mundiales crecientes de alimentos, programas integrales para los pequeños y medianos productores que se orienten a mejorar de manera sostenida su productividad, competitividad y su calidad de vida son prioritarios de emprender.

También se hace necesario desarrollar una educación técnica agropecuaria y agroindustrial de talla mundial, que motive a los jóvenes rurales a ver en el campo una opción de progreso, y que sea una de las vías para la modernización del campo. Igualmente, es urgente desarrollar programas para el mejoramiento de la infraestructura de salud, educativa y de comunicaciones, entre otros muchos aspectos.

Jesús Antonio Vargas Orozco

Economista y Administrador Público

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado