Coyuntura/La bancarización es un compromiso colectivo

Es urgente desmontar, en vez de extender en tiempo, la vigencia del 4 x mil (Gravamen a los movimientos financieros), así como las retenciones de IVA, renta e ICA que discriminan a los pagos electrónicos frente al efectivo.

Redacción Portafolio
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diciembre 11 de 2014
2014-12-11 04:26 a.m.

Desde 2003 con la ley 795 que regula los sistemas de pago de bajo valor existentes en el territorio nacional, la percepción sobre la banca en Colombia ha cambiado sustancialmente.

De acuerdo con un informe de Asobancaria, publicado en 2013, el sistema financiero cuenta con 1,8 millones de nuevos clientes y cerca del 70 por ciento de los colombianos tiene al menos un producto de la banca, entre los cuales se destaca la cuenta de ahorros con 25 millones de usuarios.

La industria de Sistemas de Pago pertenece a lo que se denomina un mercado de dos puntas. En una, los bancos emisores entregan los productos a los consumidores para que hagan sus transacciones a través de mecanismos electrónicos habilitantes y en la otra, los bancos adquirentes afilian los comercios para que vendan sus productos a través de pagos electrónicos.

En la mitad de estos dos mercados están las redes de pago, las cuales interrelacionan las dos puntas y permiten eficiencias en el sistema, actuando como un esquema de red y evitando que cada banco emisor tenga que interactuar a través de relaciones bilaterales con cada comercio.

En el mercado colombiano, estas redes han triplicado el número de puntos de venta (comercios) en los últimos 10 años, duplicando así las transacciones en igual periodo.

A diferencia de lo que suele pensarse, en Colombia el 75 por ciento de la red de comercios está conformada por pequeños comerciantes de todos los estratos económicos, que ya producen más del 20 por ciento de las transacciones de la red. Por su parte, los grandes formatos son apenas el 2 por ciento del total de los comercios y las cadenas medianas son el 23 por ciento restante.

Mientras los bancos emisores van logrando que todo colombiano cuente con un mecanismo para realizar transacciones, el reto fundamental de las redes es continuar aumentando la capilaridad de la red de aceptación en todos los lugares posibles donde haya un intercambio económico, red que ya llega hoy a más de 769 municipios.

La red de comercios ya supera los 340 mil puntos de venta si tenemos en cuenta la red tradicional de datáfonos, y las nuevas redes que se han interconectado habilitándose para ofrecer servicios financieros, así como las nuevas aplicaciones de taxis.

En la actualidad, es normal encontrar pagos electrónicos en muchos formatos que antes solo aceptaban pagos en efectivo.

Segmentos como los salones de belleza y barberías, salsamentarías y ventas de carne, talleres de mecánica y hasta las tiendas de barrio se vienen alineando a la realidad del nuevo consumidor proclive al formato digital y electrónico, y la realidad competitiva que implica igualar las condiciones para competir y ganar en el mercado.

Este importante crecimiento se da como un efecto de la inversión que las redes de pago han realizado en nuevas y mejores tecnologías, así como en el conocimiento de las características poblacionales y el compromiso de generar mayores oportunidades a los colombianos.

Paralelo al crecimiento de la red de aceptación, la banca inició la creación de otra iniciativa a través del formato de corresponsales bancarios, lo que le ha permitido ampliar su capacidad de prestación de servicios y atención a clientes y llegar a zonas de la periferia de las ciudades y municipios, donde las droguerías, tiendas de barrio, misceláneas y supermercados se convierten en facilitadores, permitiendo que los clientes puedan acceder a servicios bancarios.

Los resultados de esta iniciativa han sido muy positivos, en 2014 se ha visto reflejado un crecimiento en el número de corresponsales del 176 por ciento versus 2013. La evolución en las soluciones para ofrecer servicios financieros es producto del desarrollo tecnológico que ha tenido esta industria a nivel mundial y que ya está presente en Colombia.

Sin lugar a dudas, la adopción natural de los pagos electrónicos, tanto por las personas menores de 50 años, que corresponden al 70 por ciento de la población bancarizada del país, así como las nuevas generaciones, acelerará la penetración de los pagos electrónicos en la economía en los próximos años y hará factible que cada vez más colombianos puedan efectuar sus pagos bajo el concepto de la “omnicanalidad”, disminuyendo las fricciones existentes y mejorando radicalmente la experiencia del consumidor.

En estos momentos en que se debate la reforma tributaria, vale la pena plantear que en vez de eliminar los pocos beneficios que tienen los consumidores como la devolución de los dos puntos del IVA por el uso de las tarjetas débito y crédito, y postergar una sana medida como la entrada en vigencia del artículo 771-5 del Estatuto Tributario que da estímulos a los pagos que hacen los contribuyentes con mecanismos diferentes al efectivo, se diseñe todo un marco institucional que los promueva e incentive. Lo anterior, sobre la base de que estos, además de los beneficios enunciados, contribuyen a la transparencia, la seguridad y la disminución de los costos de transar en la economía.

Es urgente desmontar, en vez de extender en tiempo, la vigencia del 4 x mil (Gravamen a los movimientos financieros), así como las retenciones de IVA, renta e ICA que discriminan a los pagos electrónicos frente al efectivo.

Gustavo Leaño

Presidente de Credibanco


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