Coyuntura/Empresas locales poco competitivas

Colombia se clasifica entre los países con costos laborales no salariales más altos, ubicándose en el puesto 110 entre 134, alcanzando un nivel del 58 por ciento del salario de 2009. Por el contrario, el ejemplo de la región es Chile que ocupa el puesto 12 en el escalafón del mismo indicador.

Redacción Portafolio
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noviembre 06 de 2014
2014-11-06 02:15 a.m.

Son varias las incoherencias encontradas en los Costos Laborales no Salariales (CLNS) en Colombia causantes, entre otros, de la baja competitividad de nuestros empresarios, aun cuando éstos tienden a ser los malos de la película, mientras los empleados son vistos como las víctimas.

Según el Indicador Global de Competitividad del WEF2, el país ocupa la posición 66 entre 144 y la 7ª en Latinoamérica. En 2005 fuimos 58, en 2008 llegamos al 74 y luego nos hemos logrado recuperar hasta la actual; pero como señala el CPC3, estamos lejos de las metas.

Esta situación aleja al país de cumplir con la visión 2032 de Colombia, que señala que el país sería uno de los tres más competitivos de América Latina.

Al estudiar las causas de esta baja competitividad, llama la atención cómo nuestro salario mínimo y las prestaciones sociales, son de los más altos a nivel mundial.

De acuerdo a un estudio elaborado por el Cede de la U. de los Andes, la poca flexibilidad del mercado laboral colombiano, debida principalmente a la rigidez del salario mínimo, aumenta la probabilidad de ingresar a la informalidad.

Esto no sorprende si consideramos que Colombia tiene el nivel más alto de salario mínimo como proporción del PIB per cápita comparado con países de referencia.

De acuerdo con el Reporte Global de Competitividad 2008-2009 del WEF, Colombia se clasifica entre los países con costos laborales no salariales más altos, ubicándose en el puesto 110 entre 134, alcanzando un nivel del 58% del salario de 2009. Por el contrario, un país como Chile se ubica en el puesto 12 en el escalafón del mismo indicador.

Colombia muestra síntomas de un mercado laboral con ineficiencias que impactan su competitividad, al tener una tasa de desempleo superior a 10% y una tasa de informalidad entre 50% y 70%.

El descenso al 45% del 2013 que obedeció a la Ley 1607/12 (impuesto CREE), mejoró ligeramente nuestra competitividad, pero seguimos siendo mucho más costosos. Aunque todavía no se tienen datos posteforma tributaria, muy seguramente sus efectos no alcanzarán para llegar a los bajos niveles de países como Chile (4%), Ecuador (14%) y Guatemala (14%).

El avance más importante en materia de formalización se dio precisamente a través de la Reforma Tributaria de 2012, la cual redujo de forma importante los costos laborales no salariales, más allá de las gradualidades en el pago de impuestos y parafiscales que había ofrecido la Ley 1429 de 2010. Esta reforma se enfocó en disminuir la carga de los parafiscales destinados a financiar el Icbf (3%), el Sena (2%) y de los aportes a salud (8,5%) para el caso de trabajadores que devengan menos de 10 salarios mínimos.

Sin embargo, la reforma no contempló la reducción de los costos laborales no salariales, como la contribución a las cajas de compensación familiar, uno de los impuestos más regresivos en el país (Fedesarrollo, 2013).

No obstante que la investigación que originó esta publicación aún está en desarrollo, mencionaremos algunas de las anomalías encontradas:

Cesantías. Creadas como indemnización para la manutención del trabajador despedido mientras estuviera cesante. 80 años después, presenta las siguientes distorsiones: “se paga incluso cuando el trabajador no queda cesante. Si hay despedido sin justa causa se paga indemnización. Se utilizan principalmente para Vivienda o Educación.

Intereses de cesantías.Creados en 1975 en 12%, la mitad de la inflación que promediaba el 24%. Siguen en 12%, no obstante que la inflación actual es del 3%11.

Prima de servicios. El Decreto 2474/48 la creó como participación de los trabajadores en las utilidades de las empresas. Se pretendió fallidamente establecer la excepción cuando la empresa produjera pérdidas, pues se prestaría para maquillar los balances por evadir este pago.

A cambio de obligar el pago cuando hay pérdidas, lo razonable es establecer controles para evitar el maquillaje de los balances.
Subsidio familiar. En la tabla se aprecian los ingresos consolidados de las 43 cajas de compensación en el país:

Los aportes de las empresas afiliadas (4% sobre la nómina), representan solo el 33% de los ingresos. El 67% proviene del mercadeo y de negocios diferentes al subsidio, establecidos gracias a los excedentes acumulados de estos aportes.
Daniel Arango Lischt

Consultor y docente universitario 


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