Coyuntura/ Enfermedades globales

La diseminación de afecciones infecciosas como el Ébola -o el H1N1 o el Chicungunya-, tienen todo que ver con el comportamiento humano, no solo de la sociedad sino de los individuos.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
octubre 08 de 2014
2014-10-08 11:05 p.m.

Hasta hace algunas décadas, muchos fenómenos de ocurrencia local estaban confinados a sus sitios de origen, y el resto de los mortales a veces nos enterábamos de ellos solo con bastante tiempo de diferencia.

Eso ya no es más así, pues con la globalización de las comunicaciones y la interconexión permanente que brindan los viajes internacionales, no sólo podemos conocer e interactuar en tiempo real con lo que pasa al otro lado del globo, sino que un problema, por ejemplo de salud pública, puede afectarnos de manera inmediata e irreversible. Lo que ha venido sucediendo con el virus del Ébola es un buen ejemplo de ello.

En el Congo en 1976 fue descrita por primera vez una fiebre hemorrágica aguda que mataba hasta 90 de cada 100 personas que la contraían, y desde esa época han aparecido brotes periódicos en África, los que con gran esfuerzo han sido controlados.

El último de ellos este año tiene a países como Liberia, Guinea y Sierra Leona, literalmente sitiados, y además de sus vecinos africanos, muchos otros países en el mundo están en alerta máxima por enfermos utilizan los aeropuertos, como Estados Unidos y España, país este dónde se ha dado el primer caso de Ébola originario fuera de África Occidental.

Se calcula que desde marzo de este año cuando fueron reportados los primeros casos, han habido cerca de 7.300 personas infectadas y 3.500 muertos. Debido a los viajes en avión y al constante movimiento poblacional, el riesgo de dispersión del mortal virus se incrementa considerablemente y las acciones de los Sistemas de Salud por contenerlo se vuelven críticas.

Además, las personas a veces poco o nada entienden sobre los riesgos a los que someten con su actuar individual a grandes grupos poblacionales. Ha sido notorio el caso de un ciudadano libero-americano que viajó a Nigeria ignorando las advertencias sanitarias, causando así, además de su propia muerte, la infección de 21 ciudadanos de aquel país; negaba a los médicos que lo atendían por una supuesta malaria que no respondía al tratamiento, que hubiera estado en contacto con algún enfermo de Ébola, aunque luego se comprobó que días antes había estado con su hermana menor fallecida por esta enfermedad.

En otro caso, los servicios de Emigración de Liberia señalan que un ciudadano de ese país mintió para salir hacia Estados Unidos, y ahora se encuentra hospitalizado, aislado por Enfermedad por el Virus del Ébola (EVE) en un hospital en Dallas, Texas, a quien, si se salva, le esperan severas acciones judiciales anunciadas por los gobiernos de esos dos países. Existen también los casos de funcionarios o personal humanitario que fueron llevados a sus países de origen para un adecuado tratamiento.

La Enfermedad por el Virus del Ébola es de altísima letalidad, y hasta ahora el tratamiento es solo de carácter sintomático y de soporte sistémico. Es transmitida por el contacto directo con pacientes enfermos, secreciones corporales u objetos de uso personal infectados.

Desde hace años se buscan alternativas terapéuticas, y hay en este momento dos desarrollos experimentales bastante adelantados de vacunas anti-Ébola que buscan ofrecer una solución al problema. La primer vacuna, denominada simplemente ‘cAd3-ZEBOVEl’ proviene de una importante compañía farmacéutica de Innovación en asocio con el Instituto del Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, y la otra vacuna denominada ‘VEVr-ZEBOV’ proviene del esfuerzo del gobierno canadiense en asocio con otra farmacéutica.

Ante el drama humano que significa el Ébola en comunidades de países pobres en África, debido a su gravedad y para prevenir una mayor diseminación, la Organización Mundial de la Salud, después de no pocos debates, autorizó a mediados de este año el uso de tratamientos experimentales como el antiviral ‘CMX001’ y el suero monoclonal ‘ZMapp’.

Tanto vacunas como antivirales se están utilizando sin haber terminado todos sus estudios, con resultados muy preliminares y solo por razones de tipo humanitario.

¿Qué enseñanza nos deja este caso? En realidad deja varias. Una, que la diseminación de enfermedades infecciosas ‘emergentes’ como el Ébola -o el H1N1 o el Chicungunya, mucho menos graves por cierto-, tienen todo que ver con el comportamiento humano, no solo de la sociedad sino de los individuos, y que intensivos procesos de educación e información son necesarios para prevenirlas y enfrentarlas.

Dos, que los sistemas de salud y los gobiernos deben resolver este tipo de enfermedades -y fenómenos sociales- de manera decidida y agresiva, pues es la única manera de evitar que estos nuevos males se comporten como lo hacía en la edad media la peste bubónica, que diezmaba países enteros; parece que Nigeria y Senegal han dado ejemplo en su esfuerzo por contener el Ébola.

Tres, que las alianzas público-privadas son necesarias, y que los gobiernos pueden trabajar perfectamente con la industria farmacéutica para buscar soluciones a los problemas de salud. Cuatro, que este tipo de enfermedades son una realidad y hay que hacerles frente sin dilaciones.

Francisco De Paula Gómez. MD.
Presidente Afidro.


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