Coyuntura/De Gutenberg a Zuckerberg

La misma transición que el alemán Johannes Gutenberg inició con la democratización del conocimiento y la difusión de las letras hace 600 años, la reinventó Mark Zuckerberg cuando publicó en la web la primera actualización de estado en su perfil en Facebook.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
febrero 13 de 2014
2014-02-13 02:37 a.m.

Hacemos parte de un mundo hiperconectado en el que convive, por un lado, una generación de personas que desarrollaron sus actividades laborales sin correo electrónico ni acceso a las redes sociales, y por el otro, una generación de personas que no conciben su vida sin estar conectados con la pantalla de cualquier dispositivo mientras están enlazados en la red.

Los que tenemos entre 35 y 45 años vivimos, trabajamos, estudiamos y algunos nos enamoramos locamente sin Facebook, sin e-mail y aún más, sin celulares.

Eso nos permite descontextualizar la presente condición mediática global.

En el mismo sentido, nuestro mundo está mutando, como lo hizo Europa durante el Renacimiento.

Hoy vivimos el cambio del antropocentrismo al socialcentrismo, lo que ha hecho que las redes sociales tengan un lugar fundamental en la construcción de las relaciones, así como sucedió en Italia durante la época dorada del siglo XV.

El gran cambio que generó la aparición de la imprenta, además de valorizar el contenido por encima del medio -suena asombrosamente similar a lo que pasa hoy en la web- fue el de convertir la lectura en un ejercicio de privacidad e intimidad.

Hoy, la relación del sujeto con su intimidad cambió.

La intimidad se reinventa con Facebook, que se convirtió en un espacio que refleja el upgrade que ha hecho la humanidad: hoy somos personas sociales convertidas en medios de comunicación, gracias a la posibilidad de compartir nuestras ideas, pensamientos y sensaciones con un solo clic.

La misma transición que Gutenberg inició con la democratización del conocimiento y la difusión de las letras hace 600 años, la reinventó Mark Zuckerberg un 4 de febrero del 2004 cuando publicó en la web la primera actualización de estado en su perfil de Facebook.

El mundo cambió cuando nos convertimos en medios de comunicación gracias a la posibilidad de transformar nuestros gustos en contenido y conversaciones relevantes.

Así, se crearon grupos segmentados por los intereses y comportamientos de cada uno.

La verdadera revolución de las redes sociales se hizo cuando cambió la forma como las personas se relacionaron con su entorno en el aquí y el ahora, haciendo que el medio ya no sea el determinante del contenido.

De esta manera, nos convertimos en una sociedad volcada en los valores, intereses y preferencias individuales que se autorregula en las redes.

El contenido se convirtió entonces en el eje de la comunicación, que hoy es más democrática y más dinámica, gracias a la participación de todos los internautas, que construyen el conocimiento a partir de las inmensas conexiones que se propagan en Facebook y otras redes de contenido.

Esta situación actual trae responsabilidades como individuos y como generación, de la misma manera como creo firmemente que ciertos hombres del Renacimiento eran concientes de serlo y de lo que esto implicaba.

Nuestro criterio sagrado tiene que rendir frutos dentro de los próximos 10 años -si queremos de verdad empezarlos a recoger antes de los problemas de próstata- porque serán los años más productivos.

Tenemos que devorárnoslos como si el mundo se fuera a acabar en el 2021, porque esta será la última década realmente productiva para nosotros, que somos eslabón perdido de la comunicación digital.

Así como las marcas se construyen sobre el sentimiento y la movilización de las personas que las siguen, el escenario de las redes sociales también se construye en la interacción de los usuarios, que son la base de la comunicación y las relaciones del mundo digital. De la misma manera que sucede en la vida cotidiana.

Lo que pasa en Facebook es un reflejo de lo que pasa en las calles, del comportamiento de los nuevos renacentistas, que somos nosotros.

Sin embargo, pasarán muchas décadas para que se conjuguen las condiciones que hicieron posible la revolución que hoy vivimos y para que un joven universitario inicie otra aventura en las redes sociales como la que hoy impacta a tantas personas en un escenario que está en constante cambio. Ni nosotros, ni nuestros hijos, ni nuestros nietos vivirán un cambio como este, porque somos el eslabón perdido entre la generación analógica y la digital.

Felipe Londoño

Socio Director de Precise Engagement

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