Coyuntura / Nuevos y mejores tratamientos, ¡chao!

En la reforma a la salud, la suma de un artículo aquí y un parágrafo allá termina por tender un cerco infranqueable a nuevas y mejores tecnologías médicas.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
diciembre 04 de 2013
2013-12-04 04:03 a.m.

Aunque importantes cambios de la reforma de salud parecen necesarios, algunos artículos generan profundas preocupaciones, pues pacientes y médicos tendrán severas restricciones para acceder a nuevas tecnologías en salud, nuevos medicamentos, procedimientos y exámenes médicos.

El artículo 21º de la reforma dice: “El Ministerio de Salud evaluará la incorporación gradual de los servicios y tecnologías en salud del universo de lo recobrado, contados tres (3) años después de la entrada en vigencia de la presente ley”.

El texto se explica solo, y dice desde ya que el retraso tecnológico de ‘Mi Plan’ (el nuevo POS) será notorio, que nuevas terapias solo podrán ingresar hasta dentro de varios años. Sorprende que deba esperarse hasta el 2017 para ‘apenas empezar a pensar’ si se incluyen mejores tratamientos.

De acuerdo con el enunciado sobre “Vigilancia de las tecnologías de salud”, en adelante las autoridades tendrán que evaluar solamente la efectividad de medicamentos y tecnologías médicas, no su eficacia.

El cambio parece nimio, pero no lo es, pues antes de autorizar la comercialización de un producto médico en cualquier parte, lo primero que se pide es que demuestre que sí sirve (su eficacia); pero con el cambio de la palabrita, se terminará sometiendo a la población inerme a que utilice primero los productos, para medir después si tuvieron el efecto esperado, que es lo que evalúa la efectividad.

No conozco país del mundo en donde se exponga a la población a semejante riesgo de salud pública. ‘Úselo, que después miramos…’

Esta propuesta de la reforma recuerda un proyecto de decreto sobre medicamentos biotecnológicos que obstinadamente el Minsalud insiste en expedir desde hace tres años para abaratar costos -y que algunos medios de comunicación promueven por desconocimiento-, a pesar de que la academia, los pacientes, los médicos, la industria, el Invima, y hasta la FDA norteamericana y la Unión Europea les hayan señalado muchas veces los peligros de autorizar esos productos sin que demuestren con estudios clínicos propios que son eficaces y seguros.

Se proponen también extendidos controles al mercado privado y se le entregan competencias al Minsalud mucho más allá del sistema: “Los precios de las nuevas tecnologías serán establecidos antes de su entrada al mercado, de conformidad con la regulación de precios de medicamentos”.

Así que además de eliminar la Comisión de Precios, se condicionará el libre ejercicio económico de todo el sector salud, pues toda empresa que quiera ofrecer nuevas tecnologías médicas deberá primero hacerle fila al Ministerio para que le fijen precio y le den permiso de vender en el mercado, desde básicos insumos y de salud, medicamentos, hasta equipos de última generación para tratamiento o diagnóstico, incluso si pretenden comercializarlos por fuera del Sistema de Salud en el mercado privado.

¿Cómo debe interpretarse esta iniciativa?

Es típica de economías intervenidas, y las empresas enfrentarán un cuello de botella tipo Cadivi que a cuenta-gotas establecerá precios y les negará o concederá aprobaciones para ingresar al mercado de acuerdo con su exclusivo criterio, producto por producto. Imaginemos el retraso tecnológico derivado y los serios riesgos morales que se instaurarían con el tiempo en el establecimiento público.

Finalmente, y de acuerdo con la reforma, el Ministerio promoverá el uso de medicamentos genéricos, baratos, lo que me parece muy bien; pero en tanto, cualquier medicina o tecnología médica innovadora difícilmente podrá ofrecerse a pacientes y profesionales de la salud, lo que, como se ve, ya no parece tan bueno.

La suma de un artículo aquí y un parágrafo allá termina por tender un cerco infranqueable a nuevas y mejores tecnologías médicas.

Lograr bajos costos es necesario, no hay duda, pero el excesivo celo por impedir el ingreso de todo lo nuevo y restringir su precio promoverá un profundo atraso tecnológico y la falta de acceso de los pacientes a innovadoras y mejores terapias de salud, tanto dentro del Sistema como fuera de él. ¿Qué paciente, con cáncer por ejemplo, no aspira a ser tratado con la mejor y más eficaz terapia?, y ¿por qué habríamos de quitárselas de su alcance?

Hay razones para que médicos, pacientes, centros de alta complejidad e industria tengan preocupaciones comunes frente a las restricciones que el proyecto de salud impone al acceso de nuevas y mejores terapias y tecnologías de salud.

No existe ningún acuerdo diferente, tal como algunos han sugerido, a que todos ven las mismas restricciones que les preocupan, pues al final del día todos somos o seremos pacientes.

De otro lado, el sector privado entiende que deba ponerse en cintura aquello que se desbordó en el Sistema de Salud, pero teniendo cuidado de no llevar tan lejos los controles que se constituyan en una intervención al modelo económico o a la libre competencia.

Ello no solo sería contrario a la Constitución, sino que ahuyentaría toda iniciativa privada o de inversión en el sector.

Hemos creído, como muchos, que la reforma de salud es necesaria y acompañamos la iniciativa, pero, como queda visto, antes de aprobarla deben enderezarse varios aspectos que la animan.

Francisco de Paula Gómez

Presidente de Afidro.

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