Coyuntura / Zonas de frontera: ¿la tierra del olvido?

Si este es el Gobierno de la ‘prosperidad para todos’, en el que se quieren mejorar las condiciones internas de mercado e insertar a nuestro país en la economía mundial, se les debe prestar principal atención a las zonas fronterizas, para que superen sus rezagos.

Redacción Portafolio
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octubre 03 de 2013
2013-10-03 03:39 a.m.

 “(…) Porque ellos no habían fundado un pueblo para que el primer advenedizo les fuera a decir lo que debían hacer”. Esto explicó José Arcadio Buendía a don Apolinar Moscote cuando este se le presentó como el corregidor de Macondo, impuesto por el Gobierno.

Esta es una hermosa reflexión que expone nuestro nobel García Márquez en un fragmento de Cien Años de Soledad sobre cómo, muchas veces, por parte del Gobierno Central no se respeta ni reconoce el derecho de cada pueblo a gobernarse según sus propias costumbres y valores.

Colombia es un país diverso en cultura, etnias y geografía. Estas diferencias necesitan ser administradas por un marco institucional que permita a las entidades territoriales desarrollarse de acuerdo con su contexto.

Sin embargo, históricamente, este país ha desconocido su pluralidad, y desde los gobiernos centrales se ha olvidado y menospreciado a vastas zonas de su territorio; este es el ejemplo de las regiones de frontera.

En el país, 77 municipios que se encuentran en 12 departamentos colindan o tienen influencia directa de países de la región latinoamericana con los que limita Colombia.

Pese a contar con ventajas comparativas, como acceso a mares en el Pacífico y el Caribe, y a poseer abundantes recursos naturales, estas regiones, de acuerdo con datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, solo aportan el 10,97 por ciento del PIB nacional.

También, según estadísticas del Dane, la mayoría de estas entidades territoriales están entre las más pobres.

Por ejemplo, La Guajira, Nariño y Chocó están entre los últimos puestos en ingreso per cápita. A su vez, muchos de estos departamentos y municipios poseen grandes retrasos en materia de infraestructura y altos indicadores en necesidades básicas insatisfechas.

En los últimos años, el conflicto y la delincuencia se han ido trasladando a las regiones fronterizas, principalmente a los límites con Venezuela y Ecuador, que se han convertido en rutas claves para el contrabando y el narcotráfico.

Esto ha agravado los problemas sociales en muchas de estas regiones. Según informes de la Dirección de Refugio del Ecuador, estudiados por la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, para septiembre del 2011 se encontraban en ese país 54.965 refugiados y 21.075 solicitantes de asilo, la mayoría de nacionalidad colombiana.

De la misma manera, de acuerdo con esta agencia de la ONU, cerca de 200.000 colombianos están en busca de refugio o asilo en Venezuela.

Ante esta situación, hemos decidido liderar en el Congreso de la República un proyecto de ley que tiene por objeto incentivar la integración, y el desarrollo económico, social y cultural de los municipios y departamentos limítrofes. Para esto, es imperativo modificar la Ley 191 del 2005, que se quedó corta en sus aspiraciones, y darle un enfoque diferenciado que permita a las regiones de frontera progresar conforme a sus necesidades.

Algunos beneficios de este proyecto son: exenciones al impuesto de renta para medianas y grandes empresas que se instalen en los departamentos fronterizos, el desarrollo de programas de integración y cooperación en materia de salud con los países vecinos, inversiones y acciones del Ministerio de Educación y Colciencias para aumentar la cobertura y calidad en el nivel de educación superior, y dinamizar la investigación científica y la innovación.

Se busca también que la política pública del Gobierno Nacional les dé prioridad a las zonas de frontera para ejecutar grandes obras de infraestructura que permitan interconectar estas áreas con el centro del país, y a su vez con los Estados vecinos, realizar grandes inversiones del Ministerio de la Información y las Comunicaciones para superar la brecha tecnológica existente en estos municipios y departamentos, y garantizar soluciones energéticas por parte del Ministerio de Minas y Energía en dichas regiones.

Entre los planes del Gobierno, las zonas fronterizas no solo deben ser tenidas en cuenta en materia de seguridad y para el resguardo de los límites en términos del concepto clásico de soberanía. No se puede hablar de soberanía si el Estado no cumple sus fines esenciales, por eso se ha venido insistiendo, desde la academia, en que las instituciones del Gobierno deben tener en cuenta el concepto de soberanía social.

Las lógicas de la globalización indican que los procesos económicos y políticos deben ser más locales y descentralizados para garantizar la eficiencia de los mismos.

Si este es el Gobierno de la ‘prosperidad para todos’, en el que quieren mejorar las condiciones de mercado e insertar al país en la economía mundial, se les debe prestar atención a las zonas de frontera, para que superen sus rezagos, ya que son las puertas para estrechar las relaciones y profundizar la integración con nuestros países vecinos.

Jorge Eliécer Ballesteros Bernier

Senador de la República

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