¡No se pueden crear necesidades!

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
mayo 22 de 2015
2015-05-22 07:32 p.m.

Al marketing se le acusa de muchas cosas, quizá porque algunos han hecho muchas cosas, o pocas, o las incorrectas, o simplemente quizá porque es fácil señalar a un ente amorfo y sin voz de los pecados de otros o de las ignorancias que tenemos.

¿Qué el marketing ha contaminado al mundo?, ¡No!, no lo ha hecho, pero algunos marketeros han abusado de los empaques, de las líneas de producción y han causado una huella ambiental terrible. ¿Qué el marketing hace que la gente coma mal?, ¡No!, la gente decide que come y como come, pero es cierto que algunos marketeros han jugado con las emociones de las personas para que consuman cosas que no son buenas para el organismo, o han buscado un aumento de frecuencias de consumo de productos a niveles dañinos para el organismo. ¿Qué el marketing crea nuevas necesidades?, ¡No!, ¡No!, ¡No!, eso es simplemente imposible, la necesidades ya están creadas, lo que el marketing hace es satisfacerlas de mejor manera, y es en este punto donde está el nudo del problema.

El rol de las políticas públicas es reducir las necesidades básicas insatisfechas y el objetivo del marketing en satisfacer las necesidades del consumidor, no sólo las básicas, sino inclusive aquellas que parecen satisfechas. Es relativamente cubrir las necesidades básicas o vitales, porque se refieren a las cosas que son evidentes, y donde el problema es tener el presupuesto y la cobertura como en el caso de la salud y la educación; más las personas tienen necesidades mucho más complejas y abstractas que estas y es allí donde las empresas tomado un rol preponderante en la vida de las personas, logrando satisfacer desde el hambre y la nutrición, hasta crear momentos de satisfacción al comer que superan la simple frontera de alimentarnos, y nos lleva a una experiencia de pareja, de familia. Lo que evidencia que el bienestar o “estar bien”, no es simplemente tener satisfacciones en los mínimos esperados sino en los máximos posibles.

Por esto las empresas han buscado y siguen buscando mejores soluciones para aumentar la satisfacción de las necesidades. Es cierto que algunas han caído en el abuso y han gestado mercados a punta de “obsolescencia programada”, pero en la mayoría de los casos esto se percibe cuando una empresa lanza un nuevo producto que es mejor al anterior por del deber ético de poner el mercado una mejor opción para sus consumidores, debido a que continuamente investigan como hacer las cosas mejor y cosas mejores, porque simplemente no son mediocres.

Consumir no es eliminar, es transformar las soluciones que nos dan las empresas en satisfacción de necesidades, y por eso el vínculo emocional que tenemos a las empresas, sus productos y marcas es tan fuerte, porque no se han quedado en darnos lo mínimo requerido sino lo más cercano a lo que realmente necesitamos, y por eso no es que se creen necesidades, sino que a medida que comenzamos a satisfacer una de ella, nos damos cuenta que la satisfacción plena no se logra con soluciones simples, porque cada necesidad está conectada a muchas otras y de niveles que no comprendíamos.

Un buen ejemplo de esto es la ropa, que comenzó siendo simplemente un elemento para protegernos de los efectos de los elementos de la naturaleza y desemboco la comprensión del pudor, del romanticismo, de la identidad, de la expresión y hasta de la pertenencia a algo omnisciente, al punto que el consumo de moda termina siendo el consumo colectivo más grande del mundo, porque nos vestimos para nosotros, por ellos y para ellos, así sea en el caso en que no nos queremos parecer a nadie ni seguir ninguna tendencia.

Desafortunadamente pocos se han parado a defender al marketing, porque sienten que no es su rol, o quizá por temor a recibir ataques válidos de todos los errores que han cometido muchos en el pasado y que desafortunadamente siguen cometiendo. Espero que lleguemos al punto en que esos marketeros que hacen las cosas mal, dejen de ser llamados marketeros y se les diga por su nombre: manipuladores, contaminadores, inmorales, o simplemente irresponsables, porque le han mentido a los consumidores, prometiéndoles soluciones falsas a problemas profundamente reales, por la simple necesidad de vender más.

El marketing es maravilloso, y lo pueden ver en la cara de un niño que come Nutella, o una persona mayor que aún puede oír la música de su juventud y recordar mágicos momentos. Por eso cada día haremos un mejor chocolate, un jean nuevo y el “remake” de un Volkswagen porque el bienestar no es solo tener comida, ropa y techo, sino tener la comida que queremos, la ropa que nos presenta y el techo donde queremos estar.

Camilo Herrera Mora

Presidente de Raddar

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