¿Cómo crecer?: el verdadero reto

El jefe para América Latina del Banco Mundial, Augusto de la Torre, afirma que la región está viviendo el fin del gran ciclo de crecimiento.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
abril 28 de 2015
2015-04-28 02:55 a.m.

En Colombia, la mayoría de los economistas siempre están viendo la situación de la economía del país bajo la perspectiva del vaso medio lleno y no medio vacío. Esto es, hasta cierto punto, entendible por varias razones: si se compara nuestro comportamiento con el de muchos de nuestros vecinos, Colombia se destaca por la estabilidad relativa de sus indicadores, sin gravísimas crisis, sin hiperinflaciones y sin inmensos déficits fiscales. Además, en nuestra sociedad se reconoce, de alguna manera, que las expectativas son una variable clave para la inversión nacional, pero sobre todo para la extranjera, que tanto se desea. Expectativas negativas, máxime si vienen del Gobierno, podrían causar un daño enorme.

Sin embargo, una cosa es ser realista y otra ser triunfalista. Al escuchar en vivo la conferencia del economista jefe para América Latina del Banco Mundial, Augusto de la Torre, muchos hemos quedado sorprendidos, por no decir preocupados. El solo título de su presentación –‘América Latina en busca del crecimiento perdido’– ya deja un sentimiento muy distinto al que nos venden en este país no solo el Gobierno, sino instituciones cercanas a él. Lejos de ser Colombia una excepción, como nos dicen aquí, nuestro país se encuentra entre los que deben preocuparse seriamente.

De la Torre fue claro al afirmar que la región está viviendo el fin del gran ciclo de crecimiento, y que, además, este proceso de desaceleración profunda empezó desde el 2012. El segundo elemento sorprendente es que no se trata de una situación transitoria, como se interpretó en América Latina y en Colombia, sino de carácter más permanente, porque entramos a un nuevo patrón de crecimiento bajo. Además, por ser una región de poco nivel de ahorro se tiene “(…) un espacio de maniobra reducido”. Y resulta que solo Chile, Perú y Bolivia ahorraron. Pero lo más interesante de este diagnóstico es que, según el Banco Mundial, no todo se le puede atribuir a factores externos, afirmación totalmente contraria a la que se nos presenta actualmente. Es tan seria la situación que ni el financiamiento externo, ni el endeudamiento, en general, son soluciones, y tampoco hay espacio para las políticas contracíclicas.

Como era de esperarse, hay una gran diferencia entre ser un país exportador de materias primas y ser un importador de las mismas. La situación de los primeros es complicada y la de los segundos es positiva: Colombia pertenece a los primeros. Como si fuera poco, esta vez nos caben muchos pecados que aquí ni se mencionan. Por ejemplo, Colombia, Ecuador y Venezuela ajustaron hacia arriba el gasto público y lo asignaron a consumo con el alza de los precios del petróleo. Además, tampoco hicimos las grandes reformas que esta sociedad necesita cuando estábamos en la bonanza. Una sorpresa interesante, porque viene precisamente del Banco Mundial, es que el mercado interno es lo que salva la situación de muchos países, entre ellos Colombia. ¿Se acuerdan de la famosa frase de “exportar o morir”, que repitieron hasta el cansancio nuestros economistas ortodoxos? Pero como nadie dice “me equivoqué”…

En lo que sí coincidimos es en que no será el momento de las grandes crisis. El tema será, ¿cómo crecer en una región que, según de la Torre, no sabe de crecimiento? Lo primero que preocupa es qué pasará con los ‘grandes avances sociales’, más centrados en reducción de pobreza que en dejar de ser la región más desigual del planeta. No se revertirán, pero sí se van a desacelerar. Mala noticia para Colombia, que está lejos de tener la sociedad competitiva, incluyente y moderna que sí han logrado, en alguna medida, otros países de ingreso medio.

¿Por dónde se debería empezar? Por cuatro reformas que Colombia ha venido postergando a través del tiempo: reforma fiscal, pero con equidad; reforma en comunicaciones, en la cual, probablemente, se incluye infraestructura, gran reforma energética y reforma educativa. Es decir, le llegó la hora a América Latina de la segunda ola de reformas.

Esta es una luz roja para Colombia. Como no se ha hecho una evaluación seria de las reformas de los años noventa y de las pocas que siguieron y, además, como son los mismos economistas –o, mejor, los mismos seguidores de un determinado modelo económico– los que siguen tomando las decisiones del Gobierno, es hora de abrir un debate serio que ha sido, hasta hoy, imposible de dar. Ni las universidades de vanguardia –porque a la Nacional no le dan chance–, ni los centros de pensamiento están dispuestos a estos balances.

Pero simplemente para dejar una constancia histórica: no todas las reformas fueron exitosas, para decirlo suavemente. Miren cómo está el campo con la apertura, situación que se ha agravado con algunos TLC que se están evaluando al margen de quienes los propusieron e impusieron. ¿Fue bueno el resultado de la Ley 100 en pensiones, para no hablar de salud, que por más que el Ministro haga esfuerzos, algunos positivos, el centro del problema –las EPS y sus negocios– sigue ahí sin que nadie se atreva a plantear el gran cambio? Esto es, entender la salud realmente como un derecho y no como un negocio. La lista puede ser interminable, pero que quede claro: otra generación de reformas, sin identificar claramente los costos y beneficios de las que ya se hicieron, es un suicidio económico, político y social. Y después no digan que no se les advirtió.

Cecilia López Montaño

Exministra - Exsenadora

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