Crecimiento e inclusión: el fracaso de las naciones

La actual crisis fiscal del estado de bienestar europeo muestra cómo, con la excepción de Alemania, la socialdemocracia europea no se ha logrado ajustar a las realidades de la competencia global.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 17 de 2012
2012-08-17 01:41 a.m.

¿Es la inclusión funcional al crecimiento? Un reciente libro, Why Nations Fail de Acemoglu & Robinson: A&R, muestra a través de numerosos ejemplos históricos que la inclusión política y la equidad económica van juntas y favorecen el desarrollo, el cual depende de instituciones políticas incluyentes.

Es un planteamiento que va más allá del nexo establecido por los economistas entre inclusión y crecimiento por razones de oferta (vínculo capital humano-productividad) y de demanda (importancia del consumo para el mercado interno), ya que introduce el nexo adicional con el carácter (incluyente vs. extractivo) de las instituciones políticas.

Voy a complementar ese planteamiento con ideas introducidas en columnas anteriores, proponiendo a la socialdemocracia europea y al milagro asiático como alternativas al neoliberalismo anglosajón que genera, con su desconocimiento de fallas cruciales de mercado, la disyuntiva entre crecimiento e inclusión.

Con lo cual señalaré aspectos desconocidos por el argumento de A&R que son de gran importancia para el debate actual sobre estrategias de desarrollo, los cuales serían excluidos, bien por consistencia del argumento (todo depende de las instituciones políticas) o bien por la dificultad de este de dar cuenta de fenómenos como el contraste entre capitalismo neoliberal anglosajón y capitalismo europeo organizado cooperativamente, que genera sociedades radicalmente más igualitarias, así como el milagro asiático (incluyendo, claro, el chino).

Que el mercado falla para poner en operación mecanismos claves de crecimiento y que es incapaz de generar un patrón incluyente, están a la base de formas de capitalismo no liberal como el alemán y el japonés, y de sus similares en Francia y los países escandinavos y seguidores en Asia, caracterizadas por su control político del mercado.

Se trata de modalidades de capitalismo que resuelven, mediante sus instituciones complementarias al mercado (y compensatorias de sus fallas), problemas fundamentales del crecimiento y generan patrones incluyentes porque producen formas de coordinación y cooperación que aceleran el primero, y lo hacen mediante la inclusión en él de sectores amplios de la población.

En el caso europeo, ¿puede esto considerarse el resultado de un sistema político menos elitista que el americano (en el cual las corporaciones controlan al legislativo y a las agencias regulatorias, cooptando para sus intereses a las instituciones políticas) o el británico (donde los miembros de un cuerpo legislativo, que hasta hace poco era también la última instancia judicial, son nombrados a dedo por el monarca)?

El hecho es que las estadísticas de pobreza y equidad de EE. UU. y UK son contundentemente menos avanzadas que las de los países del norte de Europa (Ej. El bienestar de los niños, en el cual, según Unicef, figuran de últimos entre los Estados desarrollados, encabezados por Holanda y los países escandinavos) y que lo que en una nación europea se da por sentado (el acceso de los pobres a los servicios de salud y educación), en EE. UU. es criticado como comunista.

Claro, la actual crisis fiscal del estado de bienestar europeo muestra cómo, con la excepción de Alemania, la socialdemocracia europea no se ha logrado ajustar a las realidades de la competencia global.

Pero, nuevamente, la capacidad del sistema corporativista alemán (que como el japonés está caracterizado por la cooperación, agenciada por el estado, de un capital paciente y una fuerza de trabajo altamente cualificada hacia la competitividad tecnológica de la producción diferenciada de calidad) de generar una cooperación empresarios-trabajadores para moderar el crecimiento de los salarios a lo permitido por el crecimiento de la productividad, muestra la habilidad de las mencionadas compensaciones institucionales de falla de mercado, características de ese capitalismo de mercados organizados de resolver problemas de coordinación, cruciales para el crecimiento incluyente.

¿Es, según el marco de A&R, el control democrático de los mercados que caracteriza a la socialdemocracia europea un caso de instituciones políticas más incluyentes que las del capitalismo neoliberal anglosajón (que parecen idealizar)?

Esto se manifiesta en el contraste entre inclusión exante en el proceso de crecimiento, mediante una variedad de mecanismos (distribución de los activos productivos, principalmente de las capacidades mediante la educación, y otros sistemas para el acceso al crédito y la tecnología, e inclusión de pequeños productores en las redes productivas) vs. compensación asistencialista expost de la exclusión de este del Compassionate Conservatism en EE. UU. y su evolución hacia el desmonte del estado de bienestar de la Big Society de Cameron en UK (en que el Estado, incluso, delega en la sociedad civil de las localidades esa compensación asistencialista de dicha exclusión).

Similarmente, el milagro asiático, otro caso de instituciones políticas que logran combinar el crecimiento con la inclusión gracias al control político de los mercados, en este caso la capacidad de una buro/tecno/cracia de cooptar al empresariado en un proyecto de desarrollo nacional (y de disciplinarlo en esa dirección), no resulta tampoco fácil de subsumir en las categorías de A&R.

Ello genera residuos empíricos inexplicados del tamaño del contraste entre la capacidad del autoritarismo chino de sacar de la pobreza a masas de población sin precedentes en la historia y la incapacidad de la democracia india de logros similares.

Ricardo Chica Coordinador.

Grupo de Desarrollo   Económico y Globalización, UAM.

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