Crecimiento económico y equidad: el foco del debate

No son solo los políticos quienes desempeñan un papel trascendente en la forma como se reparte la riqueza de un país; según el profesor Thomas Piketty, los empresarios vienen cumpliendo un rol cada vez más preponderante en hacer que dicha repartición sea más desigual.

Redacción Portafolio
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marzo 30 de 2014
2014-03-30 10:48 p.m.

La inercia adquirida en los años recientes por la desigual repartición de la riqueza en el mundo está ganando relevancia.

Múltiples análisis publicados recientemente han puesto la creciente inequidad económica en el centro del debate.

Uno de los casos más sonados fue el informe que Oxfam develó a finales de enero como antesala a la reunión del Foro Económico Mundial en Davos.

En dicho documento se consigna que la desigualdad económica está creciendo aceleradamente en la mayoría de países: se establece que la mitad de la riqueza del mundo va al 1 por ciento más rico y se asegura que la riqueza conjunta de las 85 personas más pudientes del globo es mayor que la sumada por la mitad de los habitantes de menores ingresos alrededor del planeta.

Aunado a esto, a finales de febrero, vio la luz la evidencia reunida por Gregory Clark, profesor de la Universidad de California en Davis, quien en su libro The Sun Also Rises muestra un desesperanzador panorama de la movilidad social de largo plazo en el planeta.

En febrero, también salió un estudio publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual, basado en datos macroeconómicos históricos, encuentra que no se puede asumir que haya un gran trade-off entre redistribución y crecimiento.

De hecho, el FMI concluye que: sociedades más desiguales tienden a redistribuir más; una menor desigualdad después de impuestos está asociada a un crecimiento mayor y más duradero; y la redistribución es generalmente benigna para el crecimiento.

Lamentablemente, Colombia ocupa el último lugar entre las 20 economías más grandes del mundo en desigualdad de ingresos después de impuestos, según ese estudio.

Es más, antes de gravámenes, Alemania y Bangladesh presentan una peor distribución de ingresos que Colombia, pero ambos países logran revertirla sustancialmente con políticas redistributivas, una trayectoria todavía esquiva en nuestro país.

Pero quizás el ruido más intenso sobre la materia lo esté ocasionando el libro “El capital en el siglo XXI”, del profesor del Paris School of Economics Thomas Piketty.

El autor muestra cómo la participación en el ingreso de los hogares más ricos de Estados Unidos continuó incrementándose durante la crisis financiera, llevando a que el 1 por ciento de los hogares más adinerados se hiciera con el 22,5 por ciento del ingreso total de ese país en el 2012, la participación más alta desde 1928, un año antes del estallido de la Gran Depresión.

Lo novedoso de su análisis es que retoma conceptos de economistas clásicos como David Ricardo, Karl Marx y John Stuart Mill en la definición de acumulación de capital, que habían sido dejados de lado por los economistas contemporáneos interesados en la materia.

Piketty afirma que la desigualdad no puede ser entendida independientemente de consideraciones políticas.

No piensa que el capitalismo sea malo o que una creciente desigualdad sea inevitable, sino todo lo contrario, que la voluntad política es, en últimas, lo más importante para atacar la desigualdad, como lo muestra la evidencia histórica de Estados Unidos y otros países europeos entre 1945 y 1973.

Pero no son solo los políticos quienes juegan un papel trascendente en cómo se reparte la riqueza de un país. Sgún Piketty los empresarios vienen cumpliendo un rol cada vez más preponderante para hacer que dicha repartición sea más desigual.

El autor no se limita a tesis elaboradas por numerosos científicos sociales y economistas, entre quienes se destacan los premios nóbeles de economía Paul Krugman y Joseph Stiglitz -este último estudió el fenómeno extensamente en su libro “El precio de la desigualdad”- en el sentido de que los empresarios son quienes moldean los intereses de los políticos a través de su influencia sobre estos últimos, pues para Piketty este comportamiento forma parte de la esfera política.

A lo que aduce Piketty es a la forma en la que se retribuye el trabajo dentro de las empresas hoy día.

Según él, mientras a mediados del siglo pasado el presidente de una compañía ganaba en promedio 20 veces el salario promedio de sus empleados, hoy esa proporción es de 200 a 1. Peor aún, existen casos tan dispares como el de Apple, en el que su presidente recibe más de 6.200 veces lo que devenga el trabajador promedio de dicha firma.

Si este panorama suena desalentador a pesar de que en principio se muestra lejano, es imperativo resaltar que esta realidad no es exclusiva de Estados Unidos. Ni siquiera es un malestar propio de los países más desarrollados.

Desafortunadamente, algunas economías emergentes siguen tendencias similares. Por desgracia, según el análisis de Piketty, el único país con una distribución de la riqueza tan desigual como la de Estados Unidos, nación a la que el autor señala con un nivel de desigualdad “probablemente mayor que el que haya tenido cualquier otra sociedad en cualquier momento del pasado, en cualquier otro lugar del mundo”, es Colombia.

Álvaro Moreno

Profesor de Entorno Económico, Inalde.

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