Crecimiento: la paz con energía

Hemos escuchado reiterativamente la controversia sobre el nivel de las tarifas eléctricas en el país en los últimos años y cómo estas potencialmente impactan en la competitividad de la industria, pero el análisis está cojo.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
septiembre 23 de 2014
2014-09-23 11:37 p.m.

En Colombia, tradicionalmente el crecimiento económico se mide y relaciona con el crecimiento de la demanda de energía eléctrica y, en periodos pasados de alta correlación entre estas variables, así se censaba el crecimiento industrial como motor del crecimiento. Sin embargo, la correlación ha disminuido a través de los años y la intensidad eléctrica que representa cuánta energía eléctrica se consume por dólar de PIB generado en la economía, también ha disminuido dramáticamente en los últimos diez años, pasando de 0,388 kilovatio/hora por dólar en el 2003 a un valor que en Colombia, con los datos de cierre del 2013, es cerca de 0,137 kilovatio/hora por dólar, (la intensidad eléctrica industrial es aun menor: 0,112 kilovatio/hora por dólar), tendencia que coincide a nivel mundial.

Solo al ver esta disminución en la intensidad eléctrica podemos entender por qué este cambio en la correlación entre crecimiento de demanda de energía y crecimiento del PIB. Hace diez años, para generar un dólar de crecimiento del PIB requeríamos 0,338 kilovatios/hora, hoy lo hacemos como país con cerca de 0,137 kilovatios/hora. Esto quiere decir que somos más eficientes, que la tecnología e innovación se aplican en el consumo, pero también quiere decir que tenemos menos industria intensiva en energía. Por esto, si el PIB creció en esta última década de aproximadamente 94.650 MUSD en el 2003 a 378.125 MUSD en el 2013, esto implica que se incrementó la producción del país cerca de cuatro veces, mientras la intensidad eléctrica bajó casi 70 por ciento, y se requirieron en promedio cerca de 39,146 gigavatio/hora al año, para este incremento en la producción.

La eficiencia es deseable y debe ser acogida, pero si consideramos que el consumo de electricidad de Colombia es la tercera parte del promedio mundial, 1.009 kwh/persona en Colombia contra 3.066 kwh/persona promedio mundo, entenderemos que aún nos falta desarrollo y expansión. Si la paz trae consigo un crecimiento de al menos 1 por ciento del PIB, y basados en estas cifras tuviéramos una mayor producción de digamos 4.000 MUSD adicionales, considerando la intensidad eléctrica industrial, esto se lograría con tan solo una mayor demanda promedio de menos de 500 gigavatio-hora año. Con este incremento de demanda marginal no se tendría gran impacto potencial en las tarifas medias resultantes.

Hemos escuchado reiterativamente la controversia sobre el nivel de las tarifas eléctricas en el país en los últimos años y cómo estas potencialmente impactan en la competitividad de la industria, pero el análisis está cojo. Una tarifa se compone de dos elementos: los ingresos necesarios para cubrir la inversión y los costos, pero a veces se ignora el segundo elemento crucial, que es la demanda considerada para definirla, es decir, los usuarios considerados para repartir esos ingresos y su consumo.

Aunque es conocido que existen economías de escala en la prestación de los servicios públicos, y en especial en las actividades de la cadena de energía eléctrica, las recomendaciones para alcanzar una mejor competitividad se han concentrado en controlar los costos y mejorar el diseño del mercado, acciones deseables, pero no suficientes, y se ha desconocido el poder de incentivar y agregar mayor demanda. Y es que solo cambiando estructuralmente la demanda podremos realmente impactar el costo medio de prestación del servicio y contribuir de manera real y sostenida a la competitividad.

Así, el incremento eficiente y estructurado del consumo de electricidad es una opción que debe considerarse seriamente en el impacto favorable sobre las tarifas de todos los usuarios. Las tarifas de electricidad, específicamente en Colombia, podrían ser menores si se impulsa la industrialización del país y se materializan algunos proyectos de las locomotoras de la economía, como son los mineros, y la infraestructura vial; si se incorpora la innovación en temas como la movilidad eléctrica y se impulsa la agricultura tecnificada, y si se logra la interconexión real con los mercados de América Central y del Cono sur. Solo con crecimiento de demanda estructuralmente mayor al de la economía, y en las industrias electrointensivas se podría impactar de manera real las tarifas medias, sin recurrir a medidas no técnicas en su estimación. Porque las actuales tarifas de energía, más que una explicación de por qué la baja industrialización de Colombia, podrían ser su consecuencia.

Santa Fonseca

Expresidenta EEB

 

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