La crisis ya no va en carro, sino en metro

El primer mandatario francés, Francois Hollande, tiene en la cabeza desde hace varios meses que la pregonada austeridad, debe venir de casa.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 16 de 2012
2012-10-16 08:54 p.m.

Por eso, dejando de lado el título que lleva a cuestas, un buen día decidió cambiar su Citroën C6 presidencial y tomar el metro de camino a las reuniones que se celebran en Bruselas, como cualquier otro parroquiano. Todo, dentro de una serie de medidas que apuntan a conjurar los excesos y contribuir en sacar las finanzas de la sala de cuidados intensivos.

Su plan, que debería ser replicado por economías desgastadas, incluyen la orden de que sus ministros minimicen el uso de sus vehículos y opten por usar el metro, hacer sus reservas en clase turista y no en primera clase, minimizar el consumo de champaña a cambio del Muscadet, un vino blanco mucho más barato e incluso, bajar los gastos de cafetería de los empleados oficiales.

La estrategia, que incluye además el recorte de salarios ministeriales en 30 por ciento (incluido el suyo, que pasó de 26.000 dólares a 18.000 dólares mensuales) durante los próximos dos años, la reducción de presupuestos oficiales en 7 por ciento en 2013 y 4 por ciento adicional en los próximos dos años, tiene un solo propósito: ponerle la cara a la crisis económica que agobia desde hace cuatro años al viejo continente.

Francia, con una deuda total de casi el 90 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) necesita de cualquier ahorro por pequeño que parezca pues el servicio de deuda cuesta más de 60 mil millones de pesos al año.

Incluso el sector real no escapa las rebajas, ya que el gobierno pretende limitar la remuneración de los jefes de las principales empresas estatales, a un monto que debería ser como máximo 20 veces más que el salario del empleado peor pagado.

Los planes del presidente Hollande también apuntan a gravar los ingresos de aquellos que ganan más de 1,25 millones de dólares al año en un 75 por ciento, lo que, junto con el revivido impuesto sobre el patrimonio, podría significar una tasa impositiva efectiva del 90 por ciento.

Medidas que además incluyen: la reducción en el número de guardaespaldas por parte de las Secretarias de Estado, así como la cantidad de trabajadores de seguridad adscrito a la Presidencia que hoy se reduce en una tercera parte o que los salarios de los ministros no excedan el salario del primer ministro, que es alrededor de 16.000 de dólares por mes.

Debemos reconocer que las medidas adoptadas aliviarán en algo los excesos de endeudamiento pero no resolverán en lo sustancial la situación, hasta que de manera sostenida se recupere la senda de crecimiento.

Sin embargo, hay que decirlo sin ninguna duda: Francia es un ejemplo a seguir.

Wilson Tovar / Jefe de Investigaciones económicas de Acciones & Valores

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