Una cultura empresarial para las artes

La globalización en las industrias culturales ha sido una de las más fuertes en los últimos años.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 05 de 2011
2011-05-05 01:35 a.m.

 

A la vera de la revolución en las comunicaciones, y las nuevas   tecnologías, la distribución de contenidos culturales se ha multiplicado en el mundo. Las industrias culturales cobran cada día mayor importancia en el mundo.

Las artes, la cultura y los intercambios económicos que se generan alrededor de las mismas representan buena parte del Producto Interno Bruto mundial (entre 4 y 7 por ciento en el mundo desarrollado) y en un contexto de globalización su repercusión es aún mayor.

La globalización en las industrias culturales ha sido una de las más fuertes y aceleradas en los últimos años. A la vera de la revolución en las comunicaciones y las nuevas tecnologías, la distribución de contenidos culturales se ha multiplicado en el mundo.

América Latina en general, y Colombia en particular, no han estado ajenas a este proceso, y es indudable que la apertura y modernización de los años noventa, además de la recuperación económica del presente siglo, han incidido en una dinamización de la producción, el consumo y el comercio de bienes culturales.

Pese a que el desarrollo de los sistemas de información cultural data de muy poco tiempo, y que se da con distintos niveles de desarrollo, la construcción de indicadores de la cultura conforma un campo novedoso y su desarrollo tardío ha reflejado resistencias históricas para profesionalizar la gestión del área (muchas veces concebida como el patrimonio de las bellas artes) y a la utilización de herramientas vinculadas a la economía.

Hoy podemos decir que ha habido avances en este terreno, en especial en la medición del peso económico y social de la cultura (PIB y empleo), pero resta mucho por hacer en otros aspectos más específicos capaces de reflejar una realidad que es de por sí compleja.  Se ha sostenido, tanto desde organismos internacionales y locales como desde el campo académico, la necesidad de desarrollar indicadores de desarrollo o de diversidad cultural.

Muy poco se ha avanzado desde esos mismos campos en una definición metodológica, pese a la conciencia de que muchas de las decisiones que se toman a diario en la gestión y en un sector tan complejo como este (dado que se requiere de una mezcla que tome tanto los aspectos vinculados al negocio como a su impacto en el desarrollo cultural local, regional o global), cuanto más sostenidas estén por indicadores, más contundente será el accionar y más difícil su cuestionamiento.

Tenemos claro que, por las características mismas de este ámbito, no es fácil poner en términos mensurables cuestiones vinculadas a valores culturales y subjetivos. Por ello, la aplicación de ciertas herramientas metodológicas conlleva el riesgo de reducir o sintetizar, de manera simplista, una realidad compleja.

En Colombia, el potencial de crecimiento de las industrias culturales es inmenso, basta mirar los indicadores de consumo de algunos bienes y servicios del sector y su comparación con algunos estándares internacionales para darse cuenta del vasto mercado potencial representado en una población cada vez más urbana, joven y con crecientes índices de escolaridad como un territorio abonado para el despegue y crecimiento sostenido de este tipo de industrias. 

La creatividad y las diversas expresiones de las artes en nuestro país constituyen un interesante segmento de mercado, cuyas posibilidades de distribución son cada vez más amplias, tanto en el mercado latinoamericano como en el ámbito internacional.  Es notable ver cómo los principales ‘productos’ de las industrias culturales en la región alcanzan visibilidad y penetración en los mercados internacionales, cuando son producidos y distribuidos por las subsidiarias de las grandes empresas de la industria de la comunicación. 

Sin pretender desconocer los fenómenos que se dan en la economía global, sí es dable pensar en el fortalecimiento de la oferta de bienes y servicios culturales en la región, tarea en la que vienen trabajando múltiples instancias gubernamentales y no gubernamentales, con el objetivo de propiciar la integración de esfuerzos, consolidar productos y ampliar los mecanismos de distribución, y sobre todo, potenciar las plataformas exportadoras en las que se convierten los Festivales de teatro y música que se dan en nuestro país, y que ofrecen un rico panorama de esa oferta cultural de la que podemos sentirnos orgullosos.

OCTAVIO ARBELÁEZ TOBÓN

FUNDADOR FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE MANIZALES

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