Se debería despenalizar el consumo de drogas ilícitas

En los países en los que se ha despenalizado la drogadicción para considerarla un problema de salud pública se han reducido los delitos.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 10 de 2011
2011-09-10 12:14 a.m.

 

Los traficantes de drogas deberían estar preocupados de que se les vaya a evaporar el pan de cada día y se vean obligados a regresar a vivir con su madre.

La gente ha olvidado que, hace algunos decenios, la delincuencia por lo general no era una buena forma de ganarse la vida: fue después de iniciada la guerra contra las drogas cuando la cultura popular empezó a presentar el tráfico de drogas como el escape de la pobreza a la riqueza.

Pero sólo unos cuantos criminales realmente se hicieron ricos y, como lo demuestran los autores de Freakonomics Stephen J. Dubner y Steven D. Levitt en su libro del 2005, muchos vendedores de droga callejeros viven con sus padres y tienen empleos de medio tiempo para llegar a la quincena.

Otros estudios han demostrado que muchos de esos mismos trabajadores explotados son adictos empedernidos.

Para suspender el flujo de dinero a los criminales de arriba, lo único que habría que hacer sería declarar el alto a la guerra contra las drogas y despenalizar el consumo de sustancias ilegales.

La guerra contra las drogas canaliza dinero precisamente a quien no debería. Cuando los funcionarios tienen un programa de represión fuerte contra el crimen, los traficantes de narcóticos se benefician, ya que el precio de las drogas aumenta, mientras la demanda sigue siendo la misma.

Esta es una industria que gana más de 300.000 millones de dólares al año y con unas ganancias de ese calibre en juego, los delincuentes harán lo que sea para evadir a la policía: trasladar sus operaciones de manufactura de drogas a los países donde las autoridades no pueden perseguirlos; comprar armamento pesado (como es el caso de México); infiltrar las agencias del Gobierno (como ha sucedido en muchos países de Africa Occidental); secuestrar e intimidar policías, políticos y civiles.

Los criminales se enriquecen mientras que la gente de la calle paga el precio, tanto en término de mayores impuestos como, muchas veces, con su propia vida.

En un mundo en el que el problema de la droga sólo empeora es difícil imaginar a los criminales obligados a buscar un empleo decente.

En algunos países de América Latina, los carteles de la droga desafían la autoridad del Gobierno; algunas de sus milicias están mejor equipadas que las fuerzas armadas y se sabe que, en algunos casos, las bandas criminales proporcionan seguridad y asistencia social básica a las comunidades. En Afganistán, una buena proporción del dinero que se canaliza a los talibanes proviene de la venta de opiáceos.

Hasta hace poco tiempo yo pensaba, como lo hace mucha gente, que la guerra contra las drogas era la mejor política para nuestra sociedad. Pero cambié de opinión poco después de haberme integrado en la Comisión Global de Políticas sobre las Drogas de Naciones Unidas, junto con el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, Javier Solana, ex jefe de la diplomacia de la UE, el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo y muchas otras personalidades. Nuestras conclusiones, que fueron publicadas en junio, muestran que la guerra global contra las drogas ha sido un error muy costoso.

Nuestra comisión encontró que en los países en los que se había despenalizado la drogadicción para considerarla un problema de salud pública hubo una reducción en los delitos.

Portugal, por ejemplo, despenalizó el consumo y la posesión de las drogas en el 2001. Al establecer clínicas en las que los consumidores de heroína tienen acceso a agujas y metadona, junto con tratamiento médico para la adicción, redujo el número de consumidores, especialmente entre los jóvenes y los adictos, y el número de casos nuevos de VIH bajó de 907 en el 2000 a 267 en el 2008.

Como empresa que evalúa nuevos negocios, nuestro equipo de Virgin suele examinar lo que da resultados en diferentes países, estudiando la forma de adaptar a los nuevos mercados aquello que da resultados.

En el caso de la guerra contra las drogas, nuestra comisión demostró que la clave es pasar a una estrategia de reducción de daños.

Uno de los estudios más reveladores se concentró en la situación de Suiza, que en los años 80 y 90 descartó la estrategia de ley y orden para adoptar políticas basadas en la salud pública.

Según las investigaciones de Martin Killas y Marcelo Aebi, de la Universidad de Lausana, los consumidores acendrados problemáticos, “fuertemente comprometidos en el tráfico de drogas y otras formas de delito, servían de enlace entre los mayoristas y los usuarios.

Conforme los consumidores acendrados encontraban un medio estable y legal de satisfacer su adicción, se redujo su consumo de drogas ilícitas así como su necesidad de traficar con heroína. (...)

Al haberse eliminado los adictos y vendedores locales, los consumidores casuales suizos tuvieron más dificultades para hacer contacto con los vendedores”.

Los adictos, que suelen ser tanto consumidores como vendedores de bajo nivel, habían reducido su necesidad gracias a la heroína conseguida con receta médica. Ellos eran el vínculo decisivo entre los proveedores y los consumidores casuales.

Imagine, por ejemplo, que en su país no se encarcelara a los adictos, sino que se les tratara en clínicas. Imagine que su número estuviera reduciéndose.

Que los departamentos de policía dieran por concluidos sus esfuerzos por atrapar a vendedores de bajo nivel y algunos de esos oficiales ahora estuvieran concentrándose en el crimen organizado.

Richard Branson 

Favor enviar sus preguntas a:  richardbranson@nytimes.com  Incluya nombre, país y dirección de correo electrónico.   Fundador de Virgin Group, y compañías como Virgin Atlantic, Virgin America, Virgin Mobile y Virgen Active.

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