El decreto sobre biotecnológicos es un buen punto de partida

La expedición de la norma es un triunfo de la sociedad, de organizaciones civiles y del Ministro y su equipo, porque mejora la sanidad financiera del sistema de salud. Los laboratorios nacionales han demostrado su capacidad para enfrentar grandes retos y estarán listos para producirlos.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
octubre 16 de 2014
2014-10-16 12:21 a.m.

El 18 de septiembre, el presidente Juan Manuel Santos y su Ministro de Salud, Alejandro Gaviria Uribe expidieron el Decreto 1782, que con escasas 11 páginas enfrenta, y de qué manera, el poder descomunal de las multinacionales productoras de medicamentos -entre estos los biotecnológicos, que son oro puro-, sus organizaciones gremiales y a algunos de sus gobiernos.

El camino para que la medida conociera la luz de la legalidad fue tortuoso, atestiguado por, entre otros aspectos, los cinco borradores de discusión, en los cuales, poco a poco -cerca de tres años, para ser precisos-, y contra viento y marea, se fue afinando su texto hasta quedar en el punto indicado.

El decreto 1782, que regula finalmente la entrada de los medicamentos biológicos, y dentro de estos los biotecnológicos, al mercado colombiano, trazó la línea para separar claramente los intereses supremos de la salud pública del país de los meramente comerciales y gananciosos de las grandes casas mundiales fabricantes de medicamentos.

Así suene a frase de cajón, la expedición del decreto es un triunfo de la sociedad colombiana, de organizaciones civiles y de quienes apoyamos su contenido y al Ministro y su equipo técnico, pues posibilita el acceso de la población colombiana a medicamentos de calidad, seguridad y eficacia para tratar enfermedades como cáncer, diabetes, artritis reumatoidea, entre otras, levanta la muralla china que bloquea la competencia y mejora la sanidad financiera del sistema de salud. Y la competencia a ese grupo monopólico de productores de fármacos biotecnológicos provendrá de los denominados biosimilares, de igual calidad, seguridad y eficacia que los originales y, aquí reside la diferencia, a precios razonables.

No obstante, y hay que decirlo claramente, ni el Gobierno, ni el Ministro de Salud, ni quienes, reiteramos, respaldamos la medida podemos pecar de ingenuos y creer que llegamos al final del camino y que no hay nada más que hacer. Por el contrario, hacia adelante, y este adelante es a partir de hoy, sigue un trabajo arduo y continuado que hay que ir evacuando rápidamente.

Nos referimos a la adaptación y adopción de dos guías -de evaluación de la inmunogenicidad y de estabilidad-, sin las cuales el decreto no podrá entrar en vigencia, lo que es una muestra de la seriedad y solidez de la decisión.

La responsabilidad de seguir actuando no es solo del Gobierno central y las autoridades del sector, sino que también nos cubre a nosotros, es decir, a la industria nacional productora de medicamentos, principalmente genéricos, que tanto ha luchado por tener un escenario propicio para incursionar en la fabricación de fármacos utilizando las más modernas técnicas de la ciencia y la tecnología.

Los laboratorios nacionales han demostrado con creces su capacidad para enfrentar grandes retos y superarlos, y en esta oportunidad no será inferior al desafío que significa producir medicamentos biotecnológicos tanto para el mercado interno como para el internacional, tarea que, por supuesto, no está a la vuelta de la esquina y hay que acelerarla, pues nos venimos preparando desde hace años.

Será necesario repeler los ataques que desde ya se prevé que lanzará la gran industria farmacéutica mundial contra las guías mencionadas buscando acomodarlas a sus intereses, y frenar las campañas que orquestará y los obstáculos que intentará levantar para impedir el registro de biosimilares.

De manera simultánea, será imprescindible trabajar hombro a hombro con Colciencias, el Ministerio de Salud y otras entidades estatales, las universidades, los centros de investigación, hospitales y clínicas y los proveedores de recursos crediticios de largo plazo, entre otros muchos eslabones de esta cadena, con el fin de formar y capacitar el recurso humano indispensable para adentrarse en las complejas tareas de la investigación en este campo de la ciencia y la tecnología.

El sector farmacéutico nacional, integrado por más de 100 laboratorios entre los cuales se destacan algunos que están realizando o realizarán grandes inversiones en la modernización de plantas y equipos en las principales ciudades colombianas, está comprometido a jugársela por el futuro del país en el campo de los medicamentos biotecnológicos.

La industria farmacéutica nacional agremiada en Asinfar sabe que el decreto sobre biológicos y biotecnológicos es apenas un paso para resistir el bloqueo a la competencia impulsado por las gigantescas multinacionales del sector.

Los medicamentos son bienes que pueden y deben producirse en un modelo de mercado en el que se permita la participación de la empresa privada, pero teniendo cuidado de evitar que la ecuación que predica que las industrias deben servir a la gente no se invierta del modo en que Big Farma lo ha hecho en todo el mundo.

Estamos lejos de aquellos que matan al tigre y se asustan con el cuero.

Alberto Bravo Borda
Presidente Ejecutivo de Asinfar

 

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