No dejar enterrada la riqueza

Colombia tiene una inmensa cantidad de reservas de carbón y potencial en materia petrolera. El desplome de los precios no implica el fin de la locomotora. Hay que reaccionar con inteligencia y rapidez. Las inversiones seguirán fluyendo, pero las naciones receptoras serán las más competitivas.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
julio 02 de 2015
2015-07-02 03:22 a.m.

El G7 concluyó su cumbre de principios de junio con una declaración de compromiso, en el sentido de impulsar la ‘descarbonización’ de la economía global para finales del presente siglo, es decir, sustituir en su totalidad los combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas por energías renovables como la eólica y la solar. Se fijó la meta para el 2050 de reducir en 70 por ciento las emisiones de gases efecto invernadero registradas en el 2010.

Como antecedente tenemos que en el 2009, en Copenhage, se fijó la meta de volver a los niveles de carbono (280 ppm) de la era preindustrial. Se ha planteado que el clima no puede aumentar más de 2ºC, y para lograrlo debemos mantenernos por debajo de las 400 ppm –en mayo pasado ya superamos dicho nivel–. Así que la situación está mal y empeorando.

En ello radica la importancia de la declaración del G7, aunque hay quienes son escépticos frente a su efectividad. Después de todo, señalan que bastante trabajo nos cuesta cumplir nuestras resoluciones de año nuevo, menos podremos con compromisos para dentro de 85 años. Sostienen que estas son cortinas de humo, sin carne, y que se necesitan acciones concretas y de aplicación en el corto plazo, dada la severidad de las consecuencias y el ritmo del calentamiento global.

Sin embargo, considero que es un avance de peso atender tan grave problema para la humanidad. The Economist destaca tres efectos positivos de esta declaración del G7:

1. Pone el tema de la ‘descarbonización’ en la agenda oficial de las naciones

2. Manda señales económicas a la economía global y al mercado energético.

3. Da una orientación a la conferencia en París de las Naciones Unidas, que deberá ser firmada a finales de este año (200 países).

De esta manera, parece que los días de los combustibles fósiles están contados. En las páginas de este periódico recientemente apareció una entrevista a Jeffrey Sachs, ilustre profesor, quien señaló que Colombia debe tener presente que el carbón –y añadiría el petróleo– no tiene futuro. Pero creo que debemos tener conciencia de que sí tiene presente, aunque con los años contados.

El ilustre y respetado exministro del Petróleo de Arabia Saudita, Ahmed Zaki Yamani, sentenció que “la edad de piedra no terminó por la falta de piedras y la edad del petróleo terminará mucho antes de que el mundo se quede sin petróleo”. Y esta verdad de a puño, que cobra tanta vigencia con la declaración del G7, está perfectamente alineada con la reciente decisión de Arabia Saudita de no recortar su producción, de dejar que el precio se desplomara y, con ello, que fueran los productores de no convencionales de Estados Unidos quienes deban cortar su producción, por los precios bajos.

Los árabes saben que sus enormes reservas de hidrocarburos tienen los años contados, no quieren dejar sus riquezas enterradas, van a producir y convertir en desarrollo de sus países lo más que puedan, mientras puedan.

Colombia debe tener presente que tiene una inmensa cantidad de reservas de carbón y un potencial grande en materia petrolera. El desplome de los precios de estos commodities no implica el fin de esta locomotora en el país. Por el contrario, dicha caída en los precios mundiales hace necesario reaccionar con inteligencia y rapidez: las inversiones petroleras seguirán fluyendo, pero las naciones receptoras serán las que sean más competitivos.

El señor Ministro de Minas y Energía acierta al recordarle al país, frente a la caída de los precios, que las decisiones de política petrolera son las que realmente han determinado el nivel de inversiones en el sector minero-energético nacional. Esta es una afirmación indiscutible, que surge de bulto al revisar los niveles históricos de inversión cruzados con los precios y las decisiones de política estatal. No perdamos la oportunidad de convertir en desarrollo nuestros recursos mineros y petroleros. Es un imperativo moral frente a las actuales y futuras generaciones de colombianos que luchan todos los días por llevar el pan a la mesa.

Alejandro Martínez Villegas

Exviceministro de Minas y Energía

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