El delito de opinión

A punta de conocer las barbaridades y exabruptos que a diario se producen por el régimen de Chávez e

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
abril 08 de 2010
2010-04-08 02:05 a.m.

A punta de conocer las barbaridades y exabruptos que a diario se producen por el régimen de Hugo Chávez en Venezuela, la opinión internacional y en especial la nuestra se ha insensibilizado, volteando la página con gran facilidad. El último desafuero contra los derechos fundamentales de la persona y la ratificación de la desaparición del Estado de Derecho y la instauración de un régimen tiránico, estilo cubano, lo acaban de producir con la detención de Oswaldo Álvarez Paz.

¿Quién es Oswaldo Álvarez? Ante todo, un demócrata integral, que con 67 años de vida ha dedicado toda su carrera como abogado y político a defender los principios democráticos en su país, con la decencia y los valores cristianos que como miembro de la democracia cristiana siempre han guiado sus acciones y vida personal.

Gobernador del Zulia, su estado natal, y figura de primer orden dentro de las nuevas generaciones del partido Copei, compitió por la presidencia de Venezuela con Rafael Caldera, su mentor, con quien perdió por un escaso margen. A raíz de la llegada del régimen chavista, tuvo el valor ciudadano de no acompañar nunca, como otros políticos y dirigentes del establecimiento, obsecuentemente lo hicieron en un principio, al nuevo 'líder' que llegó a Miraflores, sobre los hombros de la desgastada y desorientada segunda presidencia de Rafael Caldera -su liberador- y la deteriorada situación económica.

A partir de ese momento sus escritos y acciones, sin ninguna pretensión más que la de alertar, primero y defender, después, a la sociedad venezolana, lo convirtieron en un faro incorruptible e irreductible en la espesa neblina que paulatinamente empezó a cubrir a Venezuela hasta colocarla en la obscuridad en que hoy se encuentra.

Su más reciente acto de civilidad fue aparecer en Globovisión, el último reducto de la libertada informativa en Venezuela, en el programa Aló Ciudadano -el menos querido por los esbirros de Chávez- para comentar hechos denunciados por un juez en España, y conocidos ampliamente, relacionados con los vínculos del régimen con el terrorismo internacional, ETA, Farc, entre otros.

Igualmente, en haberse convertido en la principal ruta del narcotráfico, lo cual está en todos los reportes de las entidades que buscan controlar este flagelo denunciando, además, algo muy sensible para Chávez: la presencia de Ramiro Valdés, el procónsul cubano que controla, con la enorme cohorte de isleños que han invadido a Venezuela, los aspectos más sensibles del Gobierno y las instituciones de su país.

Eso bastó para que le echaran encima los nuevos delitos introducidos a la legislación penal venezolana, propios de Cuba y de cualquier régimen tiránico: difundir informaciones falsas e instigar a delinquir, conspirar contra la seguridad de la nación, inducir a la desobediencia de la ley, y seguramente la preferida, atentar contra la majestad de la primera magistratura. La de Chávez.

Violando todas las normas procedimentales, fue sacado de su casa, muy entrada la noche, y así pasó a ser, si no estoy mal, el trigésimo segundo preso político. Una estupidez del régimen, dicen algunos. Pero esa estupidez sólo lo será en términos prácticos y no como un caso más, en la medida en que los demócratas, y ante todo, los que conocemos a Oswaldo y somos sus amigos nos pronunciemos y no pasemos la página. Amigos dentro de los cuales se encuentran importantes miembros de nuestra sociedad, clase política, Gobierno y aun ex presidentes y candidatos a la Presidencia del país.

alberto.schlesinger@usa.edu.co

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado