Desequilibrio regional

Decisiones como vender o no agua a los municipios para controlar la urbanización de la Sabana, debería ser discutida primero en escenarios académicos y posteriormente en políticos.

Redacción Portafolio
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octubre 15 de 2012
2012-10-15 10:22 p.m.

Son varios los retos que enfrenta el país en el futuro inmediato.

En primer lugar, insertarse de forma exitosa en el mercado y circuito de conocimiento global.

En segundo lugar, incluir a la población colombiana en la generación y el usufructo de riqueza y, tercero, equilibrar la producción en el territorio, entre otros.

En este último aspecto, el empoderamiento de los agentes locales por su propio desarrollo es una condición para alcanzar niveles de desarrollo superiores.

Para analizar estos fenómenos, la Escuela de Economía de la Universidad Sergio Arboleda realizará el 19 de octubre la conferencia “Desequilibrio territorial y crecimiento urbano: alternativas para las regiones colombianas”.

La desigualdad en las relaciones sociales y económicas nacionales se refleja notoriamente en el territorio, inter e intrarregional, como evidencia de su determinación en la configuración regional.

En primer lugar, altas densidades de población sobre las cordilleras y, segundo, bajas densidades en una gran parte del país desvinculada de la actividad económica nacional muestran estos desequilibrios.

Según cifras del Dane, en 1990 Bogotá concentraba el 22,7 por ciento de la producción nacional, seguida de Antioquia, con el 16,5; Valle, con el 11,6; Cundinamarca, con el 5,2; y Santander, con el 5,06 por ciento. Quince años después las cosas no cambiaron de forma sustancial.

La población y la actividad económica se concentran en cuatro regiones: Bogotá, Antioquia, Valle y Santander, en donde Bogotá es la mayor aglomeración económica.

En la tabla 1, la región central exhibe la mayor razón de productividad, la economía antioqueña representa el 56 por ciento de la producción, pero tiene el 83 por ciento de la población de Bogotá. Cundinamarca, Santander, Boyacá y Tolima se acercan a una relación unitaria en la participación nacional en ambas variables.

El crecimiento de Bogotá no puede darse a espaldas del país y menos en una dinámica de absorción de ciudades anexas de la región central, con la cual solo parece tener vínculos en una única dirección.

La dinámica poblacional del centro del país y de Bogotá indica la urgencia de prestar atención al futuro de la región.

En la tabla se muestran las cifras de población de los censos de 1993 y 2005 de las primeras 10 ciudades.

El gigantismo del Distrito es absoluto, la población agregada de las restantes ciudades alcanza el 13 por ciento de la ciudad en el año 1993 y el 16 por ciento en el 2005.

Las cifras indican que el asentamiento poblacional no es homogéneo, algunos municipios exhiben mayores presiones demográficas. Nótese cómo en doce años Girardot pierde su lugar como tercera ciudad del departamento de Cundinamarca en favor de Fusagasugá y Facatativá, e incluso Chía lo supera.

Ahora bien, lo preocupante es la alta tasa de crecimiento poblacional de Mosquera, Chía, Tabio, Soacha, Funza, Madrid y Facatativá, todas ellas ciudades pertenecientes al corredor inmediato de expansión de Bogotá.

El asentamiento productivo exhibe un patrón similar al poblacional. En el año 2005 las unidades económicas de las primeras 9 ciudades de Cundinamarca representaban el 14 por ciento de las de Bogotá. Soacha es el centro empresarial de Cundinamarca, la suma del empleo de Chía, Girardot y Facatativá no iguala al de Soacha.

A pesar de ser Soacha un municipio de alta localización de empresas, son pocas las instituciones financieras que se ubican allí.

Esto denota el bajo poder de compra de los habitantes de esta ciudad, el bajo dinamismo comercial y, en consecuencia, su baja jerarquía. Madrid, Girardot y Zipaquirá exhiben una mayor jerarquía. Muchos municipios presentan una base industrial, pero también una economía informal.

En Chía, Madrid y Facatativá el empleo, es en proporción, mucho mayor al de establecimientos. Mientras en Soacha existen tres veces más empresas que en Chía, Girardot, Facatativá y Fusa, en empleo es solo 1,7 - 1,6 - 0,69 y 1,7, respectivamente. Esto denota pequeñas unidades empresariales en Soacha.

Respecto al empleo nótese que en Bogotá se tienen 4,32 personas por cada empleado, en Soacha cerca de 10 personas por empleo, mientras que en Madrid se alcanza una cifra inferior a 2,7 personas por empleo. Las cifras señalan la necesidad de generar y duplicar los empleos en Fusagasugá, Zipaquirá y Soacha.

Este panorama del desarrollo exige que las universidades del país medien las acciones de política con el propósito de reducir la incertidumbre de los efectos esperados.

Decisiones como vender o no agua a los municipios para controlar la urbanización de La Sabana, debería ser discutida primero en escenarios académicos y posteriormente en políticos. Finalmente, todos estamos interesados en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la región, las diferencias son los métodos.
Desde la academia
Alex Smith Araque, docente investigador de la Escuela  de Economía - Universidad Sergio Arboleda.

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