Diarios muertos de motocicleta

La campaña para evitar que las motos se conviertan en un problema de desorden público debe ser inmed

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
abril 16 de 2010
2010-04-16 02:20 a.m.

Como todos los aparatos maravillosos que nacieron en el momento mágico que constituyó la transición del siglo XIX al XX, la motocicleta es un artilugio sorprendente. La moto desarrollaría con el paso del tiempo gráciles propuestas de diseño, poderes automotores y probabilidades místicas de asociación, que conjugan los propietarios de la esbelta Harley-Davidson.

Pero algo va de un siglo a otro. Las solitarias motocicletas, fabricadas como objetos insulares y preciosos, entraron en la corriente de la producción masiva, que se aparejó con la posibilidad de la fácil adquisición. Millones de ellas ruedan hoy por el mundo, una gran parte alejadas del uso personal, y más bien dispuestas al servicio de empresas que han encontrado un rápido medio de transporte de mercancía menuda, especialmente alimenticia y postal. La facilidad de aparcarlas completa las ventajas del pequeño vehículo.

Ahora bien, se han vuelto un instrumento de la muerte. Un conductor de carro puede darse por bien servido si termina el día sin atropellar a un motociclista. Esa especie de suerte no nos libra de presenciar en nuestro recorrido el doloroso cuadro de una moto siniestrada, mientras una ambulancia atiende a su conductor y a otras víctimas o llevan su cuerpo destrozado a Medicina Legal. Si somos peatones, también podemos sentirnos triunfadores si no nos atropella una moto, especialmente si vamos por el andén, adonde suelen treparse con olímpica desfachatez.

En Colombia, país especialmente enclenque en el levantamiento de estadísticas vehiculares, no sabemos cuántas hay, pero parecen ubicuas e ignoramos exactamente cuántos muertos dejan y cuántos accidentes producen.

A finales de 2009, un grupo de investigadores de la Universidad de los Andes descubrió que las motos producían en Bogotá cerca de 8 conductores muertos al día. ¡Y la capital del país estaba en el tercer lugar, luego de Cali y Medellín! Esta semana se reveló que en la ciudad antioqueña, la accidentalidad de las motos es una verdadera calamidad pública.

La Secretaría 'paisa' de Transporte y Tránsito señaló que en estos tres meses y medio del 2010, han resultado heridos en accidentes 1.981 parrilleros, 232 más que el año anterior. Casi el 65 por ciento se estrelló contra un vehículo automotor y los demás, simplemente, se fueron de tas tas. Las motos superan la velocidad de los carros y los 80 kilómetros por hora.

Al frente de las motocicletas hay conductores diestros y muchos de ellos han hecho de ese transporte una fuente de vida. Las lluvias los castigan sin piedad y los obligan a arracimarse durante horas bajo los puentes. Pero también es claro que muchos son irresponsables e imprudentes, y que es nulo su respeto por las señales y normas de tránsito. Y que no hay nadie que se las haga cumplir, porque hasta los motociclistas de la Policía vuelan por los andenes e irrumpen en contravía.

Creo que la campaña para evitar que las motos se conviertan en un problema macabro y de desorden público debe ser inmediata y nacional. Amerita la fórmula mockusiana de la pedagogía convincente y la sanción implacable. Antes de que nos atropellen definitivamente y sigan dejando muertos en el camino, incluidos quienes las maniobran.

cgalvarezg@gmail.com

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